diorama teatral
tres
reposiciones
por MARA REYES |
Edipo rey. Teatro Independencia. Autor Sófocles. Traducción de J. Alemany Bolufer. Dirección, Ignacio Retes. Escenografía y vestuario, Julio Prieto. Música, Blas
Galindo. Grabación por la Orquesta y los Coros del IMSS. Reparto: Ignacio López
Tarso, Óscar Morelli, Sergio Ramos, José Carlos Ruiz,
Héctor Andremar, María Teresa Rivas, Daniel Villarán,
Jorge Mateos y Aarón Hernán.
Ha sido estrenado un nuevo teatro del
Seguro Social, el Teatro Independencia, enclavado en la Unidad del mismo
nombre. Colindan con él un mercado, una fuente, un jardín y frente a él
transparentan las ventanas de los edificios en donde habitan cientos de
familias que desde ahora verán este teatro como algo propio y habitual.
Mucho de grande tiene el acercar el teatro
al pueblo, pues éste es patrimonio suyo. Y acercarle no sólo lo que el teatro
tiene de paredes y telones, sino lo que tiene de humano. Por eso el que la inauguración
se haya hecho con Edipo rey, la tragedia
que ha sido paradigma de problemas íntimos del hombre y cuya hondura ha sido
pocas veces igualada, es más digno de aplauso, pues lo que llega al hombre,
llega al pueblo.
Edipo rey nace de los mitos más lejanos,
desde que el hombre preocupado por el universo trata de explicárselo, como
todavía hoy buscamos explicaciones a su funcionamiento -aun cuando la
terminología haya variado y los conocimientos sean mayores. -"¿Cómo el
Edipo solar que derriba a una Esfinge aérea, que se desposa con la Aurora y que
se ve obscurecido por la noche se ha convertido en un rey tebano, vencedor de
un monstruo terrestre, matador de su padre, esposo de su madre y en seguida en
un desterrado, víctima de la ceguera?" -dice Saint Víctor-. Esta es una
pregunta difícil de responder. El hombre así se equipara al sol, al que
considera un parricida por vencer a la noche que lo ha engendrado y un
incestuoso por unirse a la aurora que lo ha llevado en su seno y que se
destierra a sí mismo, enceguecido para castigarse por esta doble culpa, pero el
hombre se considera y volvemos a referirnos a Saint Víctor, “tan irresponsable
de sus atentados como el Edipo solar de sus fenómenos” o como el niño que desea
tomar el lugar de su padre.
Reponer esta obra, que se estrenó en mayo pasado y que fue llevada después en gira por once ciudades de la República, en un local de concentración popular, es merecedor de elogios. En el reparto hubo unos cambios, los |
más importantes: Creón y Tiresias. El primero lo interpretó en esta ocasión Sergio
Ramos, con lo cual este personaje obtuvo mayor relieve. Y el segundo Héctor Andremar, quien desempeñó el papel a la altura de su
anterior intérprete: Claudio Brook.
No puede dejar de decirse que el trabajo
de Ignacio López Tarso es de los mejores que le hemos visto. En lo que respecta
a la música, en esta reposición, en vez de música viva se escucha la grabación
de la misma. No obstante, el calor que los actores ponen en la representación
hace que esto carezca de importancia.
El color de nuestra piel. Teatro Fábregas. Autor, Celestino Gorostiza.
Dirección, Fernando Wagner. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto:
Francisco Jambrina, Luz María Núñez, Ramón Bugarini, Enrique Becker, Gloria Silva, etc.
La Temporada de Oro del INBA continúa con
la reposición de El color de nuestra piel,
de Celestino Gorostiza, obra que en 1952 ganó el premio Juan Ruiz de Alarcón, y
que aborda un tema no tomado en cuenta por nuestros autores: el de la
discriminación del indígena por el propio mestizo y su admiración por el
criollo. Este tema actualmente tiene más bien vigencia desde el punto de vista
social más que racial, ya que al indígena se le ve como sinónimo de una clase
sin recursos. De todas maneras es un conflicto de la clase media -especialmente
capitalina- de México, tratado por Gorostiza en forma directa, clara y aunque
el diálogo es en muchos momentos reiterativo y discursivo -lo que la hace
especialmente difícil de dirigir- su construcción dramática es correctísima por cuanto a los cánones que rigen al género.
Tanto la acción principal como las colaterales llevan un desarrollo
perfectamente armado lo que da solidez a la pieza.
Los personajes están bien trazados, aunque
algunos de ellos no tengan sino una dimensión, como Manuel Martínez -bien
interpretado por cierto por Ramón Bugarini- siempre
bueno, inteligente, simpático, honrado, bien intencionado. Sin embargo son
personajes humanos que retratan a una clase social con las características tan
propias de nuestro país.
Fernando Wagner en un afán de hacer ágil la dirección, mueve en momento a los personajes en forma excesiva. El desplazamiento de los actores resulta muchas veces inmotivado, pero en cuanto al fondo de la obra, proyecta |
en forma emotiva el contenido eminentemente social de la pieza de Gorostiza.
Francisco Jambrina logra sacar su personaje con limpieza y sobriedad y Luz María Núñez -quien ha
logrado situarse dentro del teatro mexicano en una muy buena posición- a pesar
de que su papel no es ningún caramelo, pues toda su acción es interior y poco
se presta al lucimiento, desempeñó su parte con pulcritud. Fernando Mendoza
bien en su breve parte y Julio Monterde y Gloria
Silva discretos aun cuando no están lo suficientemente cuajados. Un proyecto de
actor es Enrique Becker, logra con la interpretación de Héctor, subir un
difícil peldaño de su carrera. Y quien es ya merecedora de una mejor
oportunidad -y bien lo ha demostrado en otras obras- es Alicia Rodríguez.
La escenografía cumple su misión de hacer
un marco para ambientar, sin desviar la atención.
La hora soñada Autor: Ana Bonnacci.
[Inserción manuscrita de la autora.] En esta reposición se percibe en el primer
acto de la comedia esa influencia negativa de los vicios en los que se cae
cuando hay un afán de “divertir” al público.
Mary Carmen Vela si bien sale airosa en
sus momentos tiernos, en aquellos en que se comienza a sentir “dama”. En cambio
sus actitudes de mujer ligera son demasiado obvias, demasiado falsas,
contribuyendo con ello a dar un tono corriente a la actuación, igual que Miguel
Manzano, exagerado y estereotipado; es inimaginable que tal personaje fuera
compositor de música sacra -por mala que fuera esta música-. Muy bien Luis
Manuel Pelayo y Fernando Luján.
|