Estreno de La mala semilla de March y Anderson, en la inauguración de la temporada de comedias internacionales en el nuevo Fábregas Armando de Maria y Campos |
La actriz de cine, teatro y televisión -ninguna comediante contemporánea de importancia puede prescindir ahora de estos tres aspectos del arte de actuar para los públicos- Rita Macedo, ha hecho empresa en el nuevo teatro Fábregas con el propósito de presentar una temporada de "comedias internacionales" en la que, como es natural, siguiendo la receta de Juan Palomo que es tan vieja en el medio teatral, se propone interpretar aquellas que más se avengan a sus aptitudes y talentos escénicos, cada vez, justo es decirlo, más maduros y afinados. |
versión mexicana de Mala semilla, que ha permitido a la autora mexicana Julia Guzmán colocar su acreditado nombre al lado de los de March y Anderson. La Mala semilla que hemos visto en el nuevo Fábregas es una adaptación del tema original, que por primera vez se lleva al teatro con la crudeza, el realismo, la verdad, en fin, con que logró reducirlo a dos actos largos y ocho cuadros el talento y la técnica de autor de Anderson. Ignoro -como he dicho- en qué forma le metió mano y pluma a la comedia norteamericana la autora Julia Guzmán, pero esto no es óbice para declarar que lo ha hecho muy bien, porque hemos visto un drama bien planeado, muy hábil y sobriamente desarrollado a través de escenas, y con los personajes indispensables, que se superan en interés, emoción y congoja. El final -muy propio para un público que no siempre acepta la amargura corrosiva y sin remedio- desconcierta un poco, y defraudará a muchos, puesto que el problema de la "mala semilla" no queda resuelto. Tal vez sobra el último cuadro, que explica muchas cosas que han sucedido, pero no remedia el crecimiento maléfico de la mala semilla, germen inarrancable, como no sea segándolo, que anima a un minúsculo, encantador, ingenuo y perverso organismo. |
maestra: la niña perversa, Rhoda (Angélica María o María Rojo, que alternarán en su interpretación); su madre, Cristina (Rita Macedo); Mrs. Dayly, la madre del niño que asesina Rhoda (Angelines Fernández) y Leroy, un criado, que adivina la maldad de Rhoda. Los tres fueron muy bien interpretados. Angelines Fernández tiene dos escenas nada más, pero las realiza en forma magnífica, honda y conmovedoramente. Sus dos mutis fueron ovacionados. Rita Macedo, como Cristina, lleva el peso de la obra, y prueba cuánto ha adelantado, manifestándose como una actriz de temperamento y responsable. Tuvo escelentes momentos durante las escenas dramáticas, cuando descubre la verdad de todo lo hecho por su hija Rhoda. La noche del estreno, la niña Angélica María representó como Rhoda. Es peligroso siempre aventurar juicios sobre los niños más o menos prodigios. El caso de Mozart y Pascal no son frecuentes. Ni, en nuestro medio teatral, el de Esperanza Iris, que como Angélica María o María Rojo, empezó muy niña el teatro, y acabó sin defraudar sus comienzos. Revela una excepcional disposición para actuar, por su dominio, memoria y talento para usar la gama de matices que la habrá ensayado el director. Quede aquí registrado su excepcional debut. Del resto destaca, por su inteligente comprensión del personaje a su talento encargado, el actor Yerye Beirute, pero en verdad todos los actores ponen su buen oficio al servicio de la excelente interpretación que resulta muy pareja en calidad, y se ganan un aplauso Lola Tinoco, Consuelo Guerrero de Luna, Luis Manuel Pelayo, Alfonso Torres, Arturo Soto Ureña, Héctor Godoy y Armando Gutiérrez. La dirección de Jesús Valero -no faltaba más- muy profesional, muy bella y cómoda para los actores, la escenografía propuesta por Julio Prieto y realizada por Silva y Millán. |