El roce quemante de la
ortiga. Teatro de la Comedia.
Autor, Anselmo Castillo Mena. Dirección, Humberto Proaño.
Escenografía, Agustín García Proaño. Reparto: Carlos Ancira, Leonor Llausás y Antonio Trabulse.
Excelente la idea de llevar a la escena
una temporada de teatro mexicano moderno. Estímulo y aliciente para quienes
escriben teatro de hoy en México. La obra seleccionada por Producciones Anfer, S. A., para iniciar esta temporada ha sido de un
autor recién acuñado: Anselmo Castillo Mena: El roce quemante de la ortiga.
Mundo negro, deprimente concepción de la
vida la de este autor. Todos los ingredientes negativos -deslealtad
alcoholismo, odio, simulación, idiocia- parecen haber sido introducidos en una
coctelera para servirlos en una copa a sabiendas de que no habrá en ella ningún
sabor amable. En esta obra todo es negativo: hay un hombre: es alcohólico,
fracasado y se dice que es perverso y sádico -hay una mujer desilusionada del
hombre, fría, con esa “abnegación” que es agresión y no sentido del deber- se
sabe que tiene una hija que nació idiota, y por último hay un amigo -es manco,
interesado y traidor. ¿Quiso el autor hacer la representación de tres personas
distintas y un solo villano verdadero? Un villano además que es malo a todas
horas no es humano. Si pretendió el autor con este negativismo hacer patente
una “filosofía” de la vida, una posición semiexistencialista,
no logró ni siquiera hacer una caricatura de esa postura filosófica a la que
Sartre y Beckett han hecho trascender.
Cuando se presenta un mundo tan negro como
el que el autor de esta ortiga quiere presentar, debe al menos |
justificarlo con un cierto
determinismo y no hacerlo aparecer como nacido al azar. En esta obra parece que
ninguno de los personajes tuviera razón... no existen siquiera como personajes.
Las reacciones negativas de cada uno nacen demasiado buscadas por el autor,
demasiado inventadas. A pesar de que Castillo Mena asienta al través de uno de
sus personajes que ellos son un “producto de su época” esta frase se queda en
letra dicha sin llegar a ser nunca verdad escénica. Con esa frase el autor
quiere universalizar el problema que presenta, no obstante el problema no llega
a interesar más que como un caso patológico que llama la atención clínica de un
médico y nada más. Todo lo que en el foro se produce no llega a producir ni
emoción ni siquiera interés. Sabemos sin embargo que en el mundo hay
alcohólicos que tienen hijas idiotas, sabemos que esos malhadados nacimientos establecen barreras
infranqueables entre los padres, sabemos que hay vividores que trabajan como
“amigos” a cambio de una buena “recompensa” y que por ende son desleales lo
mismo que serviles. Sabemos que hay hombres que se sienten fracasados por no
ser lo geniales que soñaron cuando eran adolescentes. Sabemos de mujeres que
sienten repugnancia por el esposo al cual odian, que hablan de haber querido
hacer una vida normal pero que no son capaces de hacer algo por conseguirla...
pero también sabemos que no todos los hombres son alcohólicos, que no todos los
hijos que tienen un hombre y una mujer son retrasados mentales, sabemos que la
lealtad existe y el desinterés y la dignidad, y que hay quienes triunfan, etc... Lo importante en una obra teatral no es juntar toda
la truculencia que existe en el mundo para hacer aparecer |