Estreno de Despedida de soltera del novel Alfonso Anaya B., e inauguración del nuevo teatro Trianón con una fiesta popoff Armando de Maria y Campos |
A la misma hora del jueves último -21 de abril- los periodistas que ejercemos como informadores de la vida teatral metropolitana debimos estar presentes en dos sucesos teatrales igualmente importantes: la inauguración de un nuevo teatro, el Trianón, que anuncian: "más que un teatro un palacio", en la calle de Hamburgo y Génova, y la también inauguración de un nuevo y joven autor teatral, Alfonso Anaya B., quien invitaba a sus amigos y relaciones, y de paso a la crítica, a la primera representación de su pieza Despedida de soltera, en la sala Chopin. De ninguna manera los periodistas de teatro hubiéramos podido asistir a ambos acontecimientos, aun gozando del don de ubicuidad, porque no fuimos invitados a los dos; es más, se prescindió de ellos para el acto en el Trianón, cuyas primicias representales fueron reservadas para la sociedad popoff. (Ahora que será presentada de nuevo la farsa Tovarich de Deval, por Marilú Elízaga, sabrán muchos el origen del barbarismo que define en México a un mundo tan pintoresco como heterogéneo). |
pensar que así, esas amigas, despidan a una de soltera. Unicamente aparecen mujeres, amigas íntimas que se odian cordialmente y se dirigen puyas, y chistes, tan gemelos en su contenido e intención, que lo mismo da que los diga una a que los dispare otra. El argumento es de una sencillez pueril, como arrancado de un almanaque: una amiga, afecta a las bromas de peor gusto, le gasta una a la soltera que se despide, alquilando una dizque actriz para que simule, niño en brazos, que ha sido seducida por el presunto novio; el consorcio de amigas devuelve la broma a la bromista haciéndola creer que la futura esposa se ha suicidado. La acción naufraga en un mar de chistes, y salvo dos personajes -en la obra sólo aparecen mujeres, ocho-, la nana y una amiga ingeniosa y desenfadada, los demás no se diferencian entre sí gran cosa. El chiste que dice una, lo puede decir cualquiera de las otras, y la acción correría igual hasta el final, como mansa en cauce fijo. |
Al día siguiente, al Trianón -más que un teatro un palacio-, con escasa concurrencia. Nosotros, los cronistas -tan poco avenidos-, y algún otro cabal. La víspera había sido la feria de la vanidad social, a beneficio del Variety Club. Al día siguiente -también mucha vanidad, pero de la otra-; el reverso de la medalla. ¿Sería porque la obra de André Roussin, muy conocida hace años, a través de una traducción libre del inefable arreglador Federico Sodi -que le agregó un epílogo-, hecha por Emilia Guiú disfrazada de javanesa y por Miguel Manzano y Rafael Banquells, no llegó nunca a interesar? ¿O por la opinión de que la crítica tiene y expone en su noticiero el empresario Barrios Gómez? La comediafarsa de Roussin es la misma y... otra. Ingeniosa sigue siendo, y con una interpretación más ponderada. López Lagar, como es costumbre en él, lo es todo. Rita Macedo, guapa y muy adelantada, y Ernesto Alonso, le hacen coro. La escena bien puesta. La traducción de Mirta Mercenario, correcta. La escenografía, apropiada. |