Ensayo de discurso para directores noveles Armando de Maria y Campos |
El desarrollo del llamado Festival Dramático del Distrito Federal, que en realidad no es otra cosa que un concurso de grupos de aficionados a representar, convocado y organizado por el INBA, nos ha puesto en contacto con el movimiento de teatro experimental dirigido, digámoslo con sinceridad, por generación espontánea. Concursan grupos propiamente, en general integrados a última hora, autores con obras inéditas y directores, capitanes de estos grupos, a los que lógicamente se les supone capacidad de orientación y responsabilidad en la dirección. Merecen consideración especial, en primer término, los autores por incipientes que éstos sean. En cuanto a los jóvenes intérpretes, se dividen en gala por dos, los que proceden de academias teatrales, del INBA o de la ANDA y aun de centros docentes particulares, y los que se presentan sin ninguna preparación, impulsados únicamente por su intuición o por su afición. De aquellos es viable esperar resultados eficaces, de éstos, lógicamente, nada, como no sea un milagro. En cuanto a los directores, el problema de su capacidad y de su calidad parece, de momento, insoluble. Cada grupo se presenta con su respectivo director, y cabe suponer que existen tantos directores como grupos. No es así. Los directores -para decirlo con frase común y corriente- brillan por su ausencia. Y es natural, porque el director teatral no se improvisa, y entre los privilegios de la juventud no cuentan ni la experiencia ni la sabiduría. |
En términos generales, para que el buen teatro, comercial o experimental, se realice es necesario que la obra esté igualmente bien dirigida que interpretada. Cuando se ha seleccionado una buena obra, hay que hacer todo lo necesario para representarla en un marco que sea digno de ella. En ese momento interviene el director. De acuerdo con el escenógrafo, se establece una maqueta de los decorados que deben de servir de marco a la obra; "de marco", porque, lo mismo que un marco, no deben nunca, por su riqueza o su mal gusto, dañar la pintura que rodea; lo mismo un decorado no debe sofocar o no estar con relación a la obra a la cual debe servir. En primer lugar está la obra que se debe representar. Hay que vestirla como a una mujer hermosa, con gusto, pero con buen gusto, es decir, lo más sencillamente posible, sin recargarla de detalles que dañen su belleza o la hagan parecer ridícula. |
algunos y darle fuerza a otros, como el director de una orquesta armoniza la intervención de los instrumentos al servicio siempre de la partitura. El director está siempre al servicio de la obra, él la siente a través de todos sus personajes y por eso sus indicaciones son más justas que las del actor que siente la obra casi siempre en relación con la importancia que él mismo le da a su papel. Pero el director da solamente las indicaciones y es el actor quien debe tomar en cuenta esos consejos y reproducirlos equilibrados de acuerdo con su carácter y la importancia de su papel. A menudo se da el caso de que el director tiene que representar una escena para indicar a los actores, más claramente que con palabras, lo que él desea. En estos caso el actor no debe imitar fielmente lo que le ha mostrado el director, pues es lógico que director y actor posean temperamentos diferentes. De ahí que el director debe ser también actor, porque es de todo punto imposible enseñar el manejo de un instrumento que se desconoce o nunca se ha manejado. |