Estreno de Su amante esposa, de Jacinto Benavente, por la compañía de María Tereza Montoya, en el Ideal Armando de Maria y Campos |
Extraordinario caso de vitalidad creadora la de don Jacinto Benavente -se dijo en España al hacerse el resumen de la temporada del año 1950- , porque cumplidos los ochenta y cuatro años, había estrenado cuatro producciones escénicas: Al amor hay que mandarle al colegio, Su amante esposa, Tú una vez y el diablo diez, y Máter imperátrix. ¡Un prodigio! Lo curioso dentro de lo extraordinario está también en que Benavente escribió esas cuatro comedias -ocho más había de dar a la escena antes de rendir su jornada- por encargo, o a la medida de los actores que habían de interpretarlas. La primera fue escrita para Mari Carrillo, y se estrenó en el teatro Lara, de Madrid, el 20 de septiembre de 1950; la segunda -que es la que acabamos de ver en el Ideal, en vísperas de ser derribado, lo que ocurrirá este mismo mes- en el Infanta Isabela el 20 de octubre; la tercera para Irene López Heredia, fue estrenada en el Lope de Vega tres días después, y la cuarta -ya representada en México en 1951 por Anita Blanch- para Lola Membrives en el teatro de La Comedia, de Barcelona, el 29 de noviembre de aquel fecundo año de 1950. |
benaventina trascendente. Al revés: se trata de un ingenioso juego escénico intrascendente, para pasar el rato, para divertirse con los incidentes que provoca una esposa que toma los devaneos de su marido a lo cómico y que idea una travesura para convertirse en la... amante esposa, para que la amante ocupe el lugar de la esposa, que, en el triángulo inmemorial, es siempre el más difícil. De "comedieta" calificó Benavente esta pieza y la dividió en tres episodios, desarrollando el tema del vaudeville dentro de una sana comicidad, digna de Paso el viejo, o de Abati, o que sé yo, tal vez como hubiera tratado en este caso Enrique García Alvarez, si estos autores hubieran manejado el diálogo con el buen gusto y la travesura intelectual de Benavente. Esta comedia de don Jacinto no fue escrita pensando en los intelectuales, y sí en el público en general, en el pueblo. Benavente dijo en sus principios de autor teatral: "Los autores dramáticos perdemos nuestro tiempo afanosos por conseguir el aplauso, la admiración de los intelectuales. Ante todo, ¿dónde están los intelectuales?" Y para redondear su tesis: "Y el público, el verdadero público del autor dramático, sí sabéis donde está: es el pueblo, que, como en todo, sobre el engaño ha de padecer la calumnia, para disculpa del engaño. En política, en teatro, en todo, cuantos engañan, embrutecen y explotan al pueblo; sobre engañarle, embrutecerle y explotarle, le calumnia: ¡El pueblo es así! ¡No merece otra cosa!"... Esta comedieta Su amante esposa es también, como cualquiera de sus piezas de sátira social, una "instantánea", un "flash" de la época a que corresponde, el meridiano de este siglo, pero su sistema dramático es el mismo. Han pasado los años sobre él, y él ha puesto siempre su signo sobre los años. Tiene razón quien dijo que como Verdi en la vida musical, ha sido Benavente autor que ha tenido su ventana abierta para todo nuevo día... |
vientitantos años de profesión, de oficio o de carrera teatral -Magda nació como quien dice en escena, y hace más de treinta que actúa sin reposo- se puede vivir con naturalidad, rica en recursos, dueña de una amplia gama de matices, un personaje tan real, pintoresco y estrafalario como el de Lucita Rosado. A ella en gran parte se debió que hubiera ocho telones al final del segundo acto. Las dos matronas que representan a la sociedad madrileña tradicional fueron creadas por doña Prudencia Grifell y doña Micaela Castejón, y ambas dijeron muy bien sus partes. Alicia Montoya, en un papel episódico, difícil, se movió con desenvoltura. Nicolás Rodríguez estuvo en gran actor -qué larga carrera para dominar la difícil facilidad de moverse y actuar con naturalidad- en el papá Marcelo, y Fernando Mendoza en el borroso personaje del marido cumplió más allá de la discreción. Enrique Alonso hace un empleado de agencia de asuntos confidenciales con singular soltura, y Manuel Alonso mantuvo vertical su tipo de chulo ilustrado. La escenografía de Prieto nada más que modesta, y la dirección de Ricardo Mondragón -particularmente en el acto segundo- tan excelente, que no se nota, no se ve. Eso sucede con la luz natural: nos rodea y no la vemos. |