Alfredo de Musset en la escena universitaria Armando de Maria y Campos |
En el hall del convencional teatro del Seguro Social, minutos antes de que diera principio la representación de Botica Modelo, la pieza laureda por El Nacional, conversé durante unos cuantos minutos con Cipriano Rivas Cherif, nuevo director del Teatro Universitario, o, mejor dicho, otro director más para la actividad teatral universitaria. Me interesa hacer acto de presencia cerca de las actividades del Teatro Universitario que gobierna el autor Carlos Solórzano, a propósito de la versión circulante sobre que hay consigna para no hablar en las columnas teatrales, de las que auspicia nuestra máxima casa de estudios. Hice tres o cuatro preguntas a Rivas Cherif. |
Universitario me ha deparado la para mí preciosa colaboración de Miguel Prieto, mi `compañero de viaje' que fue en el que hicimos a Moscú en 1937 con ocasión del último Festival Teatral de la URSS, invitados como huéspedes de honor con un centenar más de profesionales y críticos europeos y americanos del arte dramático. Digo que Miguel Prieto fue entonces 'mi' compañero de viaje, porque yo presidía la delegación española en que iba también el gran poeta muerto después en un presidio español, Miguel Hernández. La presidía en mi condición de director del Teatro Español de Madrid, con Margarita Xirgu. Y hago la salvedad porque usted sabe la significación que se le ha dado de unos años a la fecha a ese compañerismo andariego. Yo no soy comunista; pero mi acendrado anarquismo liberal y católico, en toda la extensión de la palabra, me permite una independencia y libertad de movimientos que sin perjuicio de seguir el seguro instinto de 'animal político' que cumple el hombre, halla su expresión natural en la afición artística. No he sido nunca ni más ni menos que un 'aficionado'. Lo que pasa es que mal que bien he podido ir viviendo de mis aficiones, casi como el sacerdote del altar. |
busca de autor de Pirandello, me demostró su capacidad de identificación con el espíritu del texto escrito, para traducirlo a los ojos del espectador. Ninguna de las representaciones anteriores que me ha sido dado comprobar en mi ya larga experiencia de curioso de teatro de la obra capital de Pirandello, en la versión primera de Nicodemi, supervisada por el propio autor de los personajes en su busca: la de don Manuel Díaz de la Haza, que la representó en Madrid en la compañía de Josefina Díaz, su hija, y Santiago Artigas; la de Ferrau, esposo y director de la gran Mimí Aguglia, con quien tuvo positivo éxito Alfredo Gómez de la Vega, interpretando el padre; la de Pitoef en París, con Ludmila, su esposa y primera actriz también, cuya interpretación se sigue comparando a la que María Casares ha revalidado durante todo el año pasado en la Comedia Francesa, y que por arte del propio Pitoef era muy semejante a la que ha dado ahora aquí Augusto Benedico dirigido por Rooner, ninguna de estas representaciones anteriores a la de Miguel Prieto era tan valedera, tan sorprendentemente 'representativa' en su magnífica sencillez. Esa difícil sencillez es la que necesito y tendrá afortunadamente, por su parte, en la versión de Musset que me ha confiado el Teatro Universitario. |