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Historia castellana de Seis personajes en busca de autor. I

Armando de Maria y Campos

    El Teatro Universitario de la ciudad de México ha presentado en el auditorio del Seguro Social la pieza Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello. Su reposición ahora ha despertado encontrados comentarios que han venido a revelar mucha falta de conocimiento sobre los antecedentes de esta extraordinaria producción teatral. Me encontraba de viaje la noche de su reestreno -verdadero estreno para estas generaciones- y por la misma causa aún no he podido presenciar la interpretación que le dan los integrantes del cuadro que dirige Charles Rooner.
     Considero no sólo conveniente, sino útil y oportuno -en tanto tenga oportunidad de ver las representaciones de ahora-, referirme a Seis personajes en busca de autor desde su aparición en el mundo de habla española, hasta estos días.
     Fue la guerra europea de 1914-1917 la que reveló el genio de Pirandello como dramaturgo. Por lo general, los autores teatrales, hasta los más célebres, han rondado en su temprana edad las puertas de los escenarios de sus ciudades natales. Goldoni contaba cómo, de pequeño, había construido teatritos de juguete para irse con una compañía de cómicos de la legua. ¿Cuántos autores modernos no han seguido el ejemplo del veneciano y se han sentido irresistiblemente atraídos por el teatro, desde pequeños? Pirandello fue caso distinto. En 1912 dio a luz una obra en un acto titulada El torno, que era un fuerte estudio de un hombre despiadado que obliga a su mujer a suicidarse cuando descubre que es culpable. Traigo aquí ahora este dato porque acabamos de verlo hecho interesante pasaje de película Otros tiempos.
     Para entender mejor y situar en su verdadero lugar la pieza Seis personajes en busca de autor de Pirandello, sería preciso conocer toda su producción teatral y novelística anterior, porque, en ésta, forma el autor una especie de coda de todas las anteriores, y resume toda la filosofía pirandelliana, exponiendo al mismo tiempo sus teorías respecto al arte teatral.
     Estrenaron Seis personajes en busca de autor, en Roma, en 1921 o 1922, eminentes artistas que formaban parte de la compañía que dirigía el comediógrafo Darío Nicodemi: Vera Vergani, como la hijastra; Luigi Almirante, como el padre; Luigi Cimara, como el hijo, y Lupi como el director. A fines de 1923 llegó la

compañía de Nicodemi a España en gira de divulgación del teatro pirandelliano y estrenó en el teatro de La Princesa, de Madrid, Seis personajes en busca de autor, estremeciendo, conmoviendo al buen público burgués de la corte de Alfonso XIII. Tres años después, nuestro gran actor, Alfredo Gómez de la Vega, que encabezaba, en unión de la actriz siciliana Mimi Aguglia -quien actuaba en castellano- su propia compañía, estrenó en el teatro de La Latina Seis personajes en busca de autor. El teatro de La Latina había sido sede de las compañías de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza y de Francisco Morano, y gozaba de máxima categoría entre los de la Villa y Corte. Alfredo y Mimí habían estrenado ya La hija de Jorio y La antorcha escondida, ambas de D'Annunzio, cuando anunciaron en castellano la más discutida obra de Pirandello. Alfredo haría al padre, Mimí la hijastra, y el hijo Elvira Morla. El director de teatro fue encomendado al discreto actor Valenti.
     Claro que no vi esta representación. Pero tengo excelentes referencias de ella. La mejor, la crónica que publicó el poeta y crítico Manuel Machado en La Libertad, de Madrid. La saco de mi archivo y la prendo -así se encienden estas líneas- en seguida:
     "He aquí de nuevo los Seis personajes en busca de autor traducidos al español por el señor Salvador Vilaregut... La prueba fue verdaderamente feliz. El  público saboreó hasta donde le era posible el placer puramente intelectual y literario que la obra podría proporcionarle. Es decir: que con notable intuición supo ponerse en el caso del autor, para el cual el supremo interés de la vida empieza y termina de telón adentro. Sin la menor vacilación aceptó los términos del problema. Sin repugnancia alguna penetró y aun tomó partido claramente en el conflicto entre el mundo real y el imaginario que Pirandello plantea.
     "Y supo, además, sonreír, comprensivo y avisado, a la miseria espiritual de los intérpretes con relación a las creaciones del dramaturgo. Percibió -que es más- toda la tristeza de los seres imaginados, creados por el autor -cuya realidad es más cierta y sobre todo más fija que la constantemente mudable de los mismos hombres de carne y hueso- pugnando por incorporarse en la grosera persona de ciertos cómicos admirablemente incomprensibles e incorregibles.
    

   "Lo que no supo sentir el público de La Latina fue la emoción cordial por los "seis personajes" cuyo problema -la angustiosa "busca del autor"- es demasiado sutil para interesar humanamente a la generalidad del auditorio. A éste podría pedírsele en rigor que comprendiera; no había modo de exigirle que sintiera. Así ocurrió, pues, al pie de la letra. Y tocamos aquí el punto débil del teatro de Pirandello. Como si el ejercicio cerebral hubiera cercado casi del todo su corazón, la parte emotiva y sentimental -más de media vida y lo más dramático y teatral de la vida- le falla siempre, poco menos que en absoluto. La misma íntima tragedia de los "seis personajes" no es la de los sentimientos de amor, de venganza, de odio, que el autor había empezado a infundirles, sino la desesperación ante la incomprensión de los cómicos y el director en cuanto a la interpretación escénica exacta de esos mismos sentimientos. Su drama, pues, no es el suyo, sino el del autor. Fuera de esta falta de jugo sentimental, propia de toda obra de Pirandello, los Seis personajes en busca de autor valen por sí solos todo un teatro y constituyen la más admirable escuela de técnica escénica y de interpretación hasta hoy conocida. La comedia da fare de Pirandello es, además, una sátira formidable de las pretensiones de los cómicos y de sus inocentes -pero terribles- vanidades".
     Hasta aquí el breve capítulo inicial. En el próximo traeré a esta columna otros comentarios y juicios sobre la interpretación de la Aguglia y de Gómez de la Vega. Conviene, antes de seguir adelante, fijar la fecha madrileña de la primera representación en castellano de Seis personajes en busca de autor: 12 de abril de 1926. En seguida vendrá lo de México, en 1927.