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Las notables interpretaciones de Juno y el pavo real y de Infamia

Armando de Maria y Campos

    No debe extrañar a nadie el estreno en México de Juno y el pavo real por el nuevo grupo Teatro Nuevo, que al parecer dirigirá Allan Lewis, catedrático de historia del teatro universal en la Facultad de Filosofía y Letras, porque esta admirable pieza de Sean O'Casey ha venido siendo utilizada por los grupos de teatro experimental de Europa y del norte y Suramérica con impresionante frecuencia, lo que prueba su calidad y el interés de su anécdota. Si se nos preguntara la conveniencia o inconveniencia de actualizar los viejos éxitos teatrales de Europa, estaríamos siempre conformes con su reposición, a sabiendas de su posible fracaso comercial, porque no es lógico rechazar la ocasión de conocer piezas que constituyen efemérides en la historia del teatro. Este es el caso de Juno y el pavo real, de O'Casey, de Children's hour de Lillian Helman -traducida por Teodoro Ramírez con el ambiguo título de Infamia; mejor hubiera sido: Calumnia- ya representada en México hace bastantes años, y de Seis personajes en busca de autor de Pirandello, que ahora retorna a México como auténtica curiosidad teatral.
     Interpretaron Juno y el pavo real actores experimentales, algunos de larga práctica como Lola Bravo, que es una lástima, no profesionalice sus excelentes aptitudes de actriz dramática; como Ricardo Fuentes, que posee una personalidad definida que le permitirá crear muchos "genéricos" y como Gloria García, magnífica arcilla que aún no encuentra los dedos escultores que habrán de darle a su fina personalidad forma definitiva. Estos tres actores crearon los personajes fundamentales del drama de O'Casey -Lola Bravo, Juno Bayle; Gloria García, Mary Boyle; Ricardo Fuentes, "Capitan" Jack Boyle, y si muy en tipo hallé a Fuentes, más humana y profunda se mostró al componer el suyo Lola Bravo, que dijo y, actuó las postreras escenas del tercer acto con dramática sinceridad.
    El resto del reparto -Bruno Rey, José Loza, Manuel Lozano, Eugenia Álvarez, Magda del Rey, Felipe de la Lama, Carlos Fernández, Rubén Hernández C., Rubén Carrara- se mostró en general discreto, con la lamentable excepción de Farnesio de Bernal, quien convirtió en caricatura uno de los más deliciosos personajes de la obra. La traducción, de Jorge Turner, merece calificarse de estimable, y la dirección de Lewis, de propia y responsable. La escenografía simple, conmovedora, logra darle al espectador la emoción que deseó provocar el autor.

   Es curioso recordar que las obras de O'Casey han hecho surgir intérpretes notables. Se asegura que nadie que las haya visto podrá olvidar jamás a Maire O'Neill o Sara Allgood como Juno, a Arthur Sinclair, como el Paycock, a Sydney Morgan como Joxer Daly, a Charles Laughton como "Capitán" Jack Boyle, para mencionar sólo a los más sobresalientes. Poco antes de morir, Maire O'Neill dijo que anhelaba pronunciar una vez más las "guirnaldas de palabras gloriosas" de O'Casey. Y para terminar con el autor de Juno y el pavo real:Cuando en 1950, Shaw estaba moribundo y la Señora O'Casey sentada cerca de su lecho, penso en O'Casey: "Dile que siga adelante", dijo, "dile a Sean que lleve la antorcha y la entregue a sus niños después de él".
     La misma noche que se registró en México el estreno de la pieza de O'Casey, fue puesta en escena por segunda vez en México la interesante comedia Children's hour de Lillian Helman. Nadie parece recordar -yo mismo lo tengo olvidado; no hallo la fecha en mis fichas- que Magda Haller la representó entre 1936 y 1939. Pasó inadvertido su estreno, por supuesto. Ahora regresa con todos los honores de una nómina de patrocinadores que encabezan el INBA, Bonos del Ahorro Nacional, la embajada sueca y doña María Izaguirre de Ruiz Cortines. Resulta interesante conocer, y será mucho más analizarlas o comentarlas, las nóminas de patrocinadores de cuanta temporada de teatro se inicia en México, lo mismo que ésta sea bajo los auspicios de la Universidad Nacional -Patronato de Teatro Universitario-, que de la Unión Mexicana de Autores, que del teatro de La Capilla, que del Teatro Nuevo o del grupo volante de Virgilio Mariel. ¿Cómo, con cuánto, por qué o por cuánto tiempo estos patrocinadores sostienen artificialmente, o con qué interés, cuanta temporada de teatro comercial o experimental se organiza para confirmar la versión del renacimiento teatral que a los cuatro vientos se afirma estamos viendo y viviendo?
     Infamia o Children's hour ha vuelto a ser de actualidad en Broadway -se estrenó en 1935- y por lo visto tenía necesariamente que ser "reprisada" en México. Se trata de una magnífica pieza, construida con dominios perfectos de los recursos teatrales, y aunque no original en el tema -la calumnia y sus dramáticos efectos-, no deja de interesar en una sola escena, y también por lo escabroso del tema

que gira en torno a un supuesto "pecado contra natura" entre dos profesoras de un internado para señoritas. A muchos parecerá repugnante el tema, pero nadie dejará de reconocer la maestría con que está expuesto, desarrollado y resuelto, siempre que se tenga en cuenta que en la "versión mexicana", se le aumentó la escena final, con lo que se desvirtúa la profunda e inquietante dramaticidad de esta pieza agresiva al teatro burgués y al buen gusto del público medio, que tiene ojos y no quiere ver, oídos y se empeña en no escuchar la voz misteriosa de pasiones incontrolables.
     La interpretación de Infamia es excelente, casi sin fallas. Y si habrá de señalarse alguna, ésta será la intervención sin relieve del único actor en el reparto. Las jóvenes y temperamentales actrices Yolanda Mérida y Magda Guzmán alcanzan aciertos cumbreños, en particular en las escenas finales del tercer acto. Una y otra conmueven hasta el estremecimiento con la riqueza de matices de sus singulares capacidades dramáticas. La actriz profesional Aurora Walker, regresó al palco escénico plena de dominio, y Magda Donato, no obstante que deriva un poco a la caricatura, logra escenas espléndidas. La niña Azucena Rodríguez se revela -esta es la justa expresión-, como una actriz de extraordinario porvenir, secundada por las también actrices niñas Estela Canaval, Silvia Suárez, Carmen Escorcia, y Cuqui Martín. Virgilio Mariel da un firme paso al frente en su carrera de director, y como no falta el negrito en el arroz, la presentación fue de una pobreza aterradora.