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La interpretación de La discreta enamorada, en la sala Molière. La presentación del padre Mojica en el teatro Iris

Armando de Maria y Campos

    La crónica que a La discreta enamorada dediqué el miércoles 17, salió incompleta. Le faltó el párrafo último, dedicado a la interpretación que a la preciosa comedia lopiana da el Teatro Español de México. El párrafo mutilado por exigencias de espacio es el siguiente:
     Entonada y ágil, respetuosa y alegre, la interpretación que Custodio le dio a La discreta enamorada me parece excelente, digna de nuestro tiempo y del público enterado, al que seguramente va dirigida esta reposición. Rica y suntuosamente vestidos los personajes, impresionan también por la propiedad de la evocación. Pilar Crespo está encantadora, en la plenitud de su belleza y de su talento de actriz. Dice sus partes con certera intención y conmueve cuando recita el soneto: "Salga del alma aquel violento rayo que la dejó como ceniza fría..." Luce preciosa y es un deleite oírla. Doña Amparo Villegas (la inolvidable e inseparable Celestina de Rojas; un poco más allá, ahora, de la edad que pide la viuda Belisa), es una lección viva y constante de buen decir y de excelente andar por la escena. La Gerarda de Ofelia Guilmain entona muy bien, en porte, dicción y calor, con la Fenisa y la Belisa. El "gracioso" (Hernando de Orea), magnífico de gracia ponderada y picaresca; es interpretación de las que consagran. León Barroso hace un Capitán Bernardo ("viejo cómico" se decía hace siglos), lleno de comicidad, y López Tarso, si no da un paso adelante en su carrera con Lucindo, "se está" donde estaba. El resto sirvió con absoluto decoro esta bella comedia que vistió Blanca Chacel, pintaron Vlady y Galván e ilustró con canciones de la época Bal y Gay. Con tan excelentes materiales, de Lope abajo, Custodio presenta un bello espectáculo muy clásico y muy... contemporáneo.

   Jesús, esplendor del padre, del padre Mojica, en el Iris. El padre Mojica -otrora actor de cine y cantante famoso- vuelve a México,

después de quince años de ausencia, continuando su labor de apostolado artístico. El viernes pasado, 12 de febrero, presentó en el teatro Iris su magnífico espectáculo, Jesús, esplendor del padre, y ese mismo día, o el anterior, fue el estreno de una película de tema religioso, El pórtico de la gloria, filmada en España con el propio fray José de Guadalupe, de la Orden Franciscana, en el papel central.
     Con la autorización de la Santa Sede, el R.P. fray José Francisco de Guadalupe Mojica, O.F.M., escribió, protagoniza y presenta este espectáculo sacro dividido en dos partes, la primera dividida en cinco cuadros que llevan por título "El despertar de las almas", "Cizaña en trigo sano", "En ruta hacia las misiones", "Camino de Provenza" y "El bien vence al mal", que evoca los tradicionales autos sacramentales del siglo XVI, y en la segunda desarrolla una "pantomima sacromusical". Fray José Francisco de Guadalupe Mojica presentó este espectáculo primero en Cuba, grabando en ese país la totalidad del espectáculo, que después ha ofrecido al público de México. Resulta inexplicable que ahora se anuncie que el guión sacro del padre Mojica esté teatralizado por los señores Francisco Benítez y Luis Echeverría, el primero secretario general perpetuo de la Federación Teatral, y el segundo también de la directiva de esa organización de trabajadores de espectáculos y, los dos, autores de todas las piezas frívolas que desde hace veinte años se vienen presentando en nuestros teatros populares.
     -Yo creo -ha dicho fray José- que entre las razones por las cuales la Santa Sede me permitió actuar en el cine y en el teatro, se halla la consideración de que habiendo sido yo artista, había una garantía de que yo no iba a hacer un mal papel.
    Y no lo hace, al contrario, como autor, como actor y como cantante, cumple su misión con ponderada capacidad, si se tiene en cuenta los

límites austeros en que tiene que actuar el que fue cantante ídolo de los públicos cinematográficos. El padre Mojica, como los demás actores, no habla ni una sola palabra, ni siquiera canta propiamente, porque toda la obra está grabada y él y su compañía actúan con movimientos educados y precisos.
     Fray José interviene en ocho ocasiones como solista, y se prodiga a lo largo de la pantomima sacra. El padre Mojica desempeña en Jesús, esplendor del padre, un papel de un misionero que sale de su monasterio franciscano dirigiendo una infantil peregrinación por el mismo -mismo tema que se desarrolla en la película española-, llevando devotamente a la imagen de la Virgen y sembrando en su ruta el conmovedor mensaje del bien. Aparece el P. Mojica en el tercer cuadro de la obra, en una escena que reproduce una sacristía medieval, en donde un grupo de niños (el Orfeón Infantil Mexicano) frente a una maravillosa talla de la virgen María, canta dirigido por un sacerdote franciscano, que es el padre Mojica. A partir de este instante, fray José Mojica, de cincuenta y ocho años de edad, "se roba" la obra y actúa como excelente actor y emotivo cantante, como en sus mejores días profanos. El marco del argumento lo constituye la intervención del Ballet Concierto, a cuyo cargo están las escenas entre el Ángel Malo, el Alma Atormentada y el Ángel Bueno. La segunda parte del espectáculo exhibe el final de la peregrinación y una alegoría del Triunfo de la Iglesia, siempre perseguida, siempre triunfante...
     Magnífico y conmovedor espectáculo esencialmente religioso en el que intervienen, además del Orfeón Infantil Mexicano, un centenar de bailarines, otro de comparsas y cuarenta actores que no hablan. El montaje de esta pantomima sacra, sin alardes de vanguardia, es suntuoso, rico y muy propio el vestuario. Una magnífica lección de apostolado artístico que no podía hallar mejor animador que el espíritu superior del padre Mojica, quien durante toda la representación viste el pardo hábito de la Orden Franciscana.