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La discreta enamorada, comedia de enredo de Lope de Vega, por el Teatro Español de México

Armando de Maria y Campos

   Son irreprochables los antecedentes de La discreta enamorada que con ocasión de su estreno este siglo ha divulgado el Teatro Español de México. En efecto, La discreta enamorada fue escrita por Lope de Vega hacia 1625, poco antes de que el papa Urbano VIII le concediera el capelo de doctor en Teología, la Cruz de la Orden de San Juan y el derecho de anteponer a su nombre el título honorífico de "frey". Lope le había dedicado poco antes su drama histórico La corona trágica, sobre la infortunada María Estuardo. Las fuentes de inspiración de Lope para nutrir su portentosa producción fueron múltiples; para escribir La discreta enamorada se inspiró en un cuento del italiano Bocaccio, el 3o., que se halla en la Jornada 3a. del famoso Decamerón. Jerónima de Burgos fue, probablemente, su primera intérprete.
     Lope cambió personajes, creó otros, enredó aún más la picaresca acción del cuento -de acción muy italiana- de Bocaccio, y logró una de las mejores comedias de enredo -de situaciones, no por ilógicas menos entretenidas, para justificar, una acción que sólo pretende servir de diversión- de su tiempo, modelo más tarde del que se sirvió el gran Molière para construir algunas de sus farsas más movidas, aquellas que tienen un viento tan suave e indomable que obliga a moverse "en tiempo de baile" y con "ritmo de fantochines" a los personajes del enredo. En muchas escenas de La discreta enamorada se echan de menos el dúo musical, el concertante a cuatro o cinco voces. Amadeo Vives, gran compositor español de este siglo, vio en los enredos de Fenisa una zarzuela moderna, y compuso para el enredo que sobre el canevá de "la discreta enamorada" le escribieron Romero y Fernández Shaw su magnífica Doña Francisquita, que aún se canta por el amplio mundo de la escena española, y que tuve la fortuna de ver estrenar en México

-en 1923, en función inaugural del cine Olimpia- dirigida por el propio Vives, quien en una entrevista que le hiciera al pisar tierra mexicana me habló mucho y con entusiasmo del teatro de enredo de Lope de Vega, anticipándose a su tiempo, y en el que a cada escena veía personajes que debían cantar y bailar.
    México es adicto a Lope de Vega desde hace siglos. Basta un dato para consagrar a México lopista. Un indio mexicano, descendiente de los reyes de Texcoco y discípulo de los jesuitas, don Bartolomé de Alva, tradujo en 1641 la pieza de Lope La madre de la mejor a la lengua azteca de su patria. En teatro colonial nuestro se nutrió con infinidad de obras de Lope, y la gran gaditana Antonia de San Martín representó tantas veces y tan bien La discreta enamorada -ella, en su vida privada se mostraba todo lo contrario-, que algún cronista del virreinato la llamó en papeles que causaron escándalo "Fenisa San Martín, la indiscreta enamorada". Probablemente el director de la San Martín, que lo era Fernando Gávila, no le daría a su Discreta Enamorada otro ritmo que el acostumbrado entonces, pobre en presentación, un tanto estático, atento sólo a la recitación. El director del Teatro Español de México, Álvaro Custodio, hombre de Talía que vive alerta al desarrollo ascendente del gran espectáculo del mundo, vio la comedia como seguramente su autor, que escribía para el vulgo -y el vulgo es necio, y pues lo paga es justo, etcétera- y no para eruditos, y le imprimió un encantador aire de farsa italiana, a tono con la anécdota bocaciana que Lope incorporó a su teatro castellano. Los personajes todos -menos Fenisa, tan humana y discreta, tan inteligente y traviesa- se convierten ahora en lo que fueron en su origen, fantoches de una farsa, a los que mueve la discreción impaciente de una dama enamorada, ridículos en sus movimientos como

títeres, como ellos siempre en paso de baile, obedientes a los deseos, pasiones, celos e intrigas, que les impone allá arriba, en el telar de su imaginación, su Autor, es decir, su Creador. Después de la versión que al teatro de hace siglos -Lope y Calderón, Shakespeare, Molière o Goldoni- le han dado Meyerhold en Rusia, Copeau en Francia, Craig en Inglaterra y Bragaglia en Italia, no es imaginable una Discreta enamorada como la hicieron María Guerrero o Rosario Pino. ¿Quién después de saber lo que con el teatro clásico -¡con Molière nada menos!- hizo Jouvet (recordad su Escuela de los maridos, montada en el Bellas Artes, con lámparas colgadas del cielo, y sus personajes todos moviéndose siembre en aire de danza y farsa) se atrevería a montar una pieza alegre de Lope como en los tiempos de Antonia de San Martín y de nuestro Coliseo?
     La comedia de enredos y situaciones La discreta enamorada de Lope, gana en gracia y ternura con los años. Entre más añeja, mejor. Bienvenido este "teatro español -clásico-" de Custodio, que se sirve al público refinado de ahora como aconsejaba Rubén, gran bebedor: vino viejo en odre nuevo... Custodio presenta, muy antiguo y muy moderno, una comedieta italiana con versos -oro puro-, y travesuras del siglo de Lope, flor de aventura e intriga. Casi sin cortes, y con un escenario aniñado, esquemático y funcional, que ayuda a las carreras, del corazón y del pensamiento, de Belisa y Fenisa, de Bernardo y Lucindo, de Gerarda y Doristeo.