Continúo y concluyo la breve historia del gran teatro de La Paz, de San Luis Potosí, iniciada en crónica anterior, y que por razones de espacio dejó fuera las líneas finales.
El 25 de septiembre de 1949 se inauguró por segunda vez el Gran Teatro de la Paz, por la compañía de la trágica mexicana María Tereza Montoya, y hubo también, como en la primera vez, un lujoso baile. Se encargó de la reconstrucción, acordada por el gobierno del estado, el arquitecto Francisco Javier Cossío. Tenía que resultar necesariamente otro teatro, porque la evolución de los estilos y de la arquitectura no permitió una reconstrucción auténtica. Resultó un teatro nuevo, con líneas severas, del mejor gusto, equipado con los adelantos técnicos de los últimos cincuenta años. El exterior quedó exactamente igual, pero en el vestíbulo se elevaron gruesas columnas de cantera blanca que, en círculo, sostienen la magna bóveda de la cúpula, de la cual se colgó el espléndido candil de antaño, aunque reformado. La única nota decorativa del espacioso y albo vestíbulo es una escultura en bronce de tamaño natural que representa a una bailarina de ballet clásico italiano, obra del pintor potosino Joaquín Arias.
El interior varió completamente. El gran arco del salón fue convertido en cuatro enormes arcos luminosos, y en los lados se instalaron los palcos recubiertos de mármol; un gran cortinaje suplió al magnífico telón de boca. El nuevo arreglo permitió dar albergue a 4,000 espectadores. Se arreglaron con comodidad los camerinos, pero con estos arreglos que alcanzaron al foso el teatro perdió su famosa y magnífica acústica.
Este magnífico coliseo, orgullo del estado y también de la República, a pesar de su reconstrucción, no alberga compañías líricas o de comedia de gran mérito. Casi todo el tiempo funciona como enorme, estéril para Talía, gran salón de cine. |
El presidente de la Agrupación de Críticos de Teatro publicó en el diario El Nacional la carta que lógicamente no tuvo cabida en este diario. No obstante que esa carta resume asuntos personales que ligeramente rozan la vida teatral en México. Como abunda en falsedades que podrían llegar a ser del dominio público, y daña una personalidad entregada exclusivamente a sus labores profesionales, precisa de una rectificación pública. El director de El Nacional me ofreció el espacio necesario en sus columnas para contestar -rectificar- a su cronista; prefiero no salir de mi casa y en ella tender esta modesta ropa sucia, que al conjuro de la publicación quedará limpia, por lo que a mí se refiere.
Se trata de una carta, afectuosa, prodigio de equilibrio, de mi entrañable amigo y compañero don Fernando Mota, crítico de teatros de segunda edición de Ultimas Noticias y Revista de Revistas. Es esta carta muy fotográfica, puesto que retrata fielmente una situación no por pintoresca menos valiosa:
"Querido Armando: He recibido tu carta de 29 de enero el día 1 de febrero, en el café Madrid.
"Te respondo, escuetamente, a la pregunta que me haces. Durante mi cargo de secretario de la Agrupación de Críticos de Teatro de México -que es cuando se produjo el primer incidente `visible' entre tú y Magaña Esquivel, presidente en esa fecha- sí se trató en asamblea tu situación y conducta como miembro de ella, pero no hubo acuerdo de `destitución', sino, simplemente, de sustitución de tu puesto en la Directiva, que ocupé como vocal prosecretario, con el consenso de la asamblea.
"No existe, pues, ninguna acta en la que conste tal acuerdo. Y, si apareciese, cosa que no es de suponerse, no se referiría a esa fecha, y sería `en todos' los casos, apócrifa. Tu situación en la agrupación es de `ausente', pero no `expulsado'. Esta es la verdad a secas.
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"Otros aspectos de esta cuestión, que en su fase actual debiera ya haberse tratado en asamblea y nunca en las columnas de la prensa, no los considero por mi situación de amigo y compañero de los dos: -tú y Magaña Esquivel. Esto me impide, como es obvio, externar mi personal opinión.
"Mi renuncia con carácter de irrevocable al puesto de secretario de nuestra Agrupación, fue motivada por mi disconformidad con la especial orientación de la misma, en esa fecha.
"Estas declaraciones no son a favor ni en contra de nadie, sino, simplemente, exteriorización de mi íntima `melancolía'... no aprovechable para ninguno de vosotros dos.
"Estas disputas en público perjudican a la Agrupación `en conjunto' y no benefician, en lo personal, a ningún miembro de ella. Y como yo, al final y según veo, estoy resultando algo así como un `recién llegado', sin duda por aquello de `nadie sabe para quién trabaja', me sitúo en espectador de estos sucesos, con todo el eclecticismo que humanamente es posible.
"Esta actitud mía, te desagradará a ti y a Magaña Esquivel. Lo siento.
"Recibe un apretón de manos de tu viejo amigo.- Firmado: Fernando Mota".
A su tiempo, y sin darle mayor importancia, continuaré rectificando la carta que apareció en la edición de El Nacional del 31 de enero del presente año.*
* El tema continúa en la crónica del 18 de marzo de 1954. |