Historias para ser contadas. Sala Chopin. Autor: Osvaldo Dragún.
Dirección: Carlos Catania (h) [sic].
Escenografía: César Sebille. Reparto: Carlos
Catania, Alfredo Catania, Rodolfo Villanueva, Gladys Catania, Betty Catania y
Carlos Ferreira.
Con una ausencia total de
pretensiones ha llegado a México la cuarta compañía teatral extranjera que
nos visita este año; se trata del grupo Teatro de los 21, que es uno de
tantos grupos “independientes” de Argentina, o sea grupos cuyas aspiraciones
no son las de hacer comercio del teatro, sino la de experimentar para
encontrar nuevos caminos. Los integrantes de la obra que tuvimos ocasión de
ver fueron seis, a más del escenógrafo.
La obra, del escritor
argentino Osvaldo Dragún, posee una gran cantidad
de elementos brechtianos, por ejemplo, la forma narrativa, el que hace del
espectador un observador pensante al que estimula para que tome decisiones
con respecto de su vida; el conducir al público por medio de anécdotas, sean
simples o inverosímiles, al conocimiento de un ambiente, a la búsqueda de las
causas sociales que originan los desequilibrios, las injusticias. Muestra
como la existencia social determina el pensamiento y cuáles son los motivos
humanos para su conducta. Por otra parte, en su composición técnica, al contrario
del teatro tradicional, cada escena posee valor por sí sola. Es, en suma, un
teatro didáctico, no obstante no se advierte en él una “copia” de Brecht,
hay elementos de este autor y teórico, como los hay de Stanislavsky, -la influencia nunca es negativa en tanto
sirva para abrir nuevas puertas- lo que vemos no es un intento de
continuadores, sino el resultado de la búsqueda de un teatro joven y ese
resultado, además de ser una síntesis de las corrientes antiguas y modernas,
es una aportación. De ahí su valor. Lo notable de este espectáculo, tanto en
lo que es literatura, como en lo que es puesta en escena, es la juventud que
se advierte; la frescura de sus hallazgos.
En las cuatro historias de que
consta la obra, el autor nos trasmite con gran finura su mensaje social. La
primera historia da la visión clara de que el drama de un hombre, por
sencillo que parezca a los ojos de los otros, no es comprendido por aquellos
que le rodean. A través de un hecho tan simple como es la infección de una
muela, el autor nos muestra la deshumanización de un mundo, igual que en la
historia de la epidemia en el África del Sur, en la cual además de esa
deshumanización, el autor pinta las consecuencias trágicas a las que lleva no
solo el racismo, sino también la imperiosa necesidad de ganar dinero y que todos
los pueblos pueden ser susceptibles de pasar por la tragedia que describe en
su relato, ya que en cualquier momento puede significar “un negocio” el
vender productos infecciosos.
En la Historia del hombre que se convirtió en perro, aparece el drama
del desempleo que lleva a un sujeto a preferir la pérdida de su condición
humana a la que su medio ambiente lo orilla y en la historia de Los de la mesa 10 muestra los escollos
con que deben luchar los jóvenes para abrirse camino, en medio de un mundo de
prejuicios y convencionalismos. Su amor es obstruido por las barreras más
variadas y se llega a la conclusión de que si aquellos que son dueños de los
talleres, o de las fábricas, pagaran a sus empleados lo sueldos que merecen,
éstos podrían vivir sin tantas trabas y podrían… casarse. No obstante el
mensaje definido y claro de las historias, éste va implícito sin
rebuscamiento, sin forzar la anécdota.
En cuanto a la técnica con
que Carlos Catania -director- lo lleva a escena, además de romper con los
moldes de tiempo, de lugar y de personalidad, ya que un mismo actor ejecuta
papeles diferentes alternativamente, el director hecha mano de la pantomima,
la acrobacia, el canto
|
|
diorama teatral
compañía argentina
de teatro
independiente
Por MARA
REYES |
o el baile, pero sin abuso. Todo en su justa medida. Algo sorprendente
también es el ritmo extraordinario que mantiene durante todo el espectáculo.
Por otro lado, la
escenografía consta sólo de varios paneles negros y hay una carencia casi
absoluta de elementos de utilería, de maquillaje
|
|
y de vestuario (todos los
personajes salen vestidos con una especie de uniforme), todo esto hace
volar, la imaginación del espectador. Este grupo puede enorgullecerse de
estar realizando un teatro que es eso: teatro. No hay elementos ajenos a él
que distraigan al público. No hay trucos. No hay engaño. Sólo
|
|
hay un gran estímulo a la
imaginación. Ellos pueden decir, como el personaje de Balthazar, en El
cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell: “Imagino, luego estoy en la
realidad, y soy libre”.
Todos los actores, sin
excepción, realizan brillantemente su cometido. ¡Y vaya que para el actor,
ese cambio
|
|
brusco de personalidad es una dificultad muy digna de tomarse en
cuenta y muy difícil de salvar! Hablar de ellos uno a uno, seria repetirse,
pues todos son de una homogeneidad en su actuación que logran idénticos
aciertos. Por ejemplo, los cambios de matiz, de Alfredo Catania,
especialmente en
|
|
|
|
|
la primera historia, pueden ser comparables con los de Carlos Catania -en su trabajo de actor- a los de Rodolfo Villanueva, o los de Gladys Catania, en la última historia, es proyectada por ambos con toda naturalidad, lo mismo que las frustraciones o la desesperanza. Todos ellos tienen a la vez que ritmo, voz y técnica en general, una gran fuerza emotiva que proyectan en cada una de sus interpretaciones,
Lo único que se ocurre objetar es el cortísimo epilogo que, aunque dentro de la técnica brechtiana es indispensable, ya que debe romper la “magia” creada por la historia, en la práctica teatral, quizá por tratarse de un ritornello (de frases dichas en el prólogo que abre la obra) se siente fuera de lugar y sobre todo innecesario.
Y después de ver la magnífica embajada que ha venido de Argentina, aunque sin la pretensión de otras compañías, recordamos y lamentamos que la embajada enviada por México a esa república, haya sido tan desprestigiante para nuestro país, ya que fue una compañía formada con precipitación, con un reparto mal seleccionado y peor distribuido, en la que los actores llevaban sus papeles mal aprendidos, una escenografía deplorable y puestas en escena llenas de transacciones publicitarias, como fue el poner un cuadro bailado al final de Rosalba y los llaveros que no está en la obra original de Carballido. ¿Es que se puede ir al extranjero amparado bajo el rimbombante título de “Teatro de México en América” sin percatarse de la responsabilidad que entraña representar a un país?
Actividades teatrales
Historias para ser contadas, Sala Chopin: No deje de ver a esta compañía argentina.
El enemigo del pueblo, Teatro Orientación: Véala, todavía es tiempo.
Fando y Lis, Teatro de Compositores: Estreno el día 17. Véala.
Señoritas a disgusto, Teatro Arcos Caracol: Buen intento de teatro mexicano.
Santa Juana, Teatro Xola: Una buena obra, montada con tibieza.
Separada del marido, Teatro del Músico: De las comedias menos logradas de Rambal.
Los prodigiosos, Teatro de la Esfera: Nueva versión de una obra mexicana.
Cinco minutos antes, Teatro Sullivan: Una reposición poco espectacular.
Otra viuda alegre, Teatro Arlequín: Como siempre Nadia
Recordando con ira, Teatro de la UNAM: Interesante temporada de teatro experimental en la que debutan varios directores.
Las fascinadoras. Teatro de los Insurgentes: Mucho ruido y pocas nueces
También las mujeres perdieron la guerra, Teatro del Granero: No vale la pena de ir a escuchar algo mal escrito.
El pelícano, Sala de 5 Diciembre: Pero aún... de todo [sic]. |
|