Los discípulos de André Moreau representan en el teatro de la Capilla Los días felices de Puget Armando de Maria y Campos |
Que nadie se llame a engaño. Quienes ahora se trasladan a Coyoacán, al teatro de la Capilla, de Salvador Novo, ya saben a lo que van, y ya saben lo que les espera. Los más aventajados discípulos de la clase -tercer año- de "perfeccionamiento" de la Escuela Dramática del Instituto Nacional de Bellas Artes, que creó y dicta el buen comediante francés André Moreau -largos años ha residido en México, querido y respetado por sus alumnos, con un puesto eminente como director de Les Comédiens de France desde 1945, que los presentó por primera vez en la radio, en la estación XEB-, representan una encantadora comedia francesa, Los días felices de Claude André Puget, traducida "a la española" por Magda Donato, a quien el autor le otorgó la exclusiva para ponerla en la lengua de Manuel Azaña, antes que la notable escritora y actriz pasara a México a vivir. |
Y de todo esto tiene en gran parte culpa grave la crítica, o esos críticos simples, de bondad cómplice o de tolerancia desaprensiva, que no saben distinguir, señor, ni señalar con claridad. Este es teatro de profesionales; éste, teatro burocrático, es decir, producido por el INBA; éste, teatro por aficionados, y éste, finalmente, teatro por estudiantes, alumnos de las escuelas de la ANDA, del INBA, o de academias particulares, como la del señor Seki Sano, la más seria y responsable de cuantas a la fecha funcionan. |
Los días felices se representó por primera vez en español en Morelia, en el teatro Ocampo, con motivo de las fiestas michoacanas en memoria del padre Hidalgo, el 5 de mayo de este año, única vez, por los mismos intérpretes de ahora, menos Farnesio de Bernal, que es sustituido por Héctor Gómez. Moreau logró darle a la acción un ritmo vivo, vivísimo -se trata de jóvenes a los que les bulle la sangre- "irresistible"; halló para cada personaje el tipo exacto, y cuidó de la dirección hasta en el más leve matiz. ¡Parecen profesionales con experiencia los discípulos de Moreau!... Alicia Rodríguez se nos presenta en Pernette hecha una delicada, sensible, magnífica dama joven: está encantadora, y lo que es más, en todo momento inteligente. Ada Lea Vázquez, sobria y muy segura. Muy viva, humana y comprensiva Carmelita Bassols, discípula también, a lo que parece, de Seki Sano. Héctor Gómez demuestra que no en balde ha trabajado al lado de profesionales, haciendo buenos papeles, como éste de ahora, en el que está excelente. En Hernán de Zandozequi, hijo, se advierten condiciones poco comunes para encarrerarse en carrera tan larga y difícil como es la de actor. Humberto Osuna cumple decorosamente y no desentona. Un correcto escenario de López Mancera completa la buena impresión que produce esta obra para jóvenes hecha por jóvenes, que ni mandada escribir para demostrar los adelantos de quienes estudian en serio para que a su tiempo se les tome en serio. |