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Estreno mundial de Judith de José Francés, por Elisamaría de Monterrey

Armando de Maria y Campos

    Monterrey, N.L.- Heme aquí, en la capital reynera, horas después de la primera representación -première mundial- de la tragedia en cinco jornadas y un epílogo, Judith de J. Francés, convertida en gran espectáculo por el Núcleo de Arte Teatral que dirige doña Elisamaría Ortiz de González, animadora, directora y primera actriz de este grupo de teatro no profesional para el resto del país.
     Todo Monterrey, lo mejor de su sociedad, lo más grande de su cultura, se ha conmovido con esta valiente, suntuosa, histórica, espectacular -toman parte en Judith más de setenta personas, todas de la mejor sociedad regiomontana- postura escénica, de esta impresionante tragedia, vestida con propiedad, montada con riqueza y buen gusto. Si Elisamaría no fuera ya quien es como actriz y directora, esta sola obra la consagraría como la mejor comediante que ha dado el Norte y la más respetuosa y responsable -como directora también-, del histórico momento teatral que vivimos en México.
     Judith es un personaje bíblico, heroína del pueblo hebreo, de la cual se habla extensamente en el libro sagrado de su nombre, cuyo original no se ha conservado y se carece en absoluto de datos al respecto del autor del mismo. Hija de Meraria, de la casa de Simeón, y mujer de Manasés, rico ciudadano de Betulia, siendo joven quedó viuda, pero vivía en Betulia austeramente cuando acudió a sitiar la ciudad Holofernes, general de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
     El episodio de Judith sólo se encuentra en la Biblia católica y lo rechazan por apócrifo muchos exégetas del antiguo Testamento, teniendo como casi todos los libros que componen el maravilloso texto bíblico una poesía y una idealidad de tan ancho margen que escapa a toda investigación histórica y erudita. El cómo se formó, se escribió, se recopiló y se determinó en sus actuales cauces, es labor completamente extraña al hecho de la perdurabilidad y hermosura de la Biblia. Importantísimo y trascendental es su estudio histórico en frío y su reconstrucción posible. Pero esta labor, no agotada, cae fuera de este comentario. Federico Hebbel escribió una extraordinaria tragedia en la que Holofernes es la figura central de la obra y Judith su contraproposición. Judith, fingiéndose enamorada de Holofernes, después de un banquete en el que éste quedó completamente embriagado, le cortó la cabeza con su propia espada y guardándola en un saco salió tranquilamente del palacio y se dirigió a Betulia. Los habitantes llenos de júbilo y cantando alabanzas al Señor, hicieron una salida y derrotaron completamente a los asirios.
    

    Consumada la derrota, continuó su vida de recogimiento. No conoció varón en el resto de su vida y vivió hasta los ciento cinco años. Fue sepultada en Betulia en la misma tumba de Manasés, su marido, y sus funerales duraron siete días.
     Muchos reparos se han puesto a la acción de Judith. Sin embargo, Judith, con su castidad, su piedad, su ardiente patriotismo y su valor, es acreedora a los elogios que de ella hacen los Santos Padres en la Sagrada Escritura. La Iglesia ha tomado para la liturgia muchos pasajes del Libro de Judith, viendo en ella una imagen de la virgen María, que libertó al género humano. Son incontables los pintores y escultores que se han inspirado en la hazaña de Judith.
     En Viena se conserva el famoso cuadro de Granach el Viejo; hay una tela magnífica atribuida al Ticiano que forma parte de la colección Walssingham; Tiépolo hizo también una obra pictórica maestra y lo mismo Allori; ésta se conserva en Florencia. Es famosa la escultura "Judith y Holofernes" por Donatello, que se custodia en la Logia de Lanzi, de Florencia.
     Esta Judith que Elisamaría ha presentado en el teatro Florida, de Monterrey, es la de José Francés, ilustre escritor madrileño, nacido en 1883, quien volvió al teatro con esta tragedia, laureada con el premio Nacional de Literatura del año de 1940 (publicada en 1941 y nunca representada hasta ahora), por un jurado que presidió Antonio Pérez y del que formaron parte Eduardo Marquina, Pedro Mourlana Michelena y Luis Escobar. Francés, como crítico de arte: "Silvio Lago" -escribió y estrenó teatro de 1908 a 1912. Cuando las hojas caen, Más allá del honor, La moral del mar, La bondad del engaño, La doble vida, Libro de estampas, etc.-, permaneció lejos de la escena durante largos años y volvió de pronto, con esta gran tragedia, a la altura del tema, cargada de poesía dramática, con un viento trágico digno de las mejores de D'Annunzio.
     La primera parte recoge la existencia de Judith, en vida de Manasés; en la segunda ocurre el encuentro con Holofernes, pero no se ve, como en otras tragedias, el momento en que Judith victima al conquistador asirio. La obra termina, años después, con una supuesta entrevista entre Judith y Nabucodonosor y toda ella es muy teatral, condición sine qua non paradójica también, de todo buen teatro.
     Elisamaría ha tenido un encuentro definitivo en su carrera de actriz-dama con la bíblica Judith, a la que encarnó con pasión iluminada, con temperamento hirviente, clara de dicción, elocuente el gesto, terminante el ademán. Los largos parlamentos: "Mal presagio de éste para no creer que se detengan tropas" (jornada

segunda); "No te confieso nada" (jornada primera); "Háblame de Holofernes..." (jornada cuarta); "Una sola vez. Esta tarde" (jornada quinta); "Sé que en tu egolátrica vesania" (epílogo), fueron en sus labios, en sus ojos, en sus brazos, triple pintura de amor o pasión, de fe en su misión y en su resultado. No puede decirlos con ese fuego y esa emoción quien no sea una actriz de pies a cabeza. El público reynero, cuánto vale en la industria y en la cultura, tendió a sus pies alfombra de aplausos y cariño.
     La representación, rica, respetuosa, histórica. Fue ilustrada con coros antifónicos de Paulino Paredes, por danzarines durante la boda de Judith; en su oportunidad intervinieron segadores, sagitarios, mujeres de Betulia, antorcheros, centinelas, trompeteros, pueblo de Betulia, en fin, componiendo todos estampas de bíblica belleza.
     El reparto es largo y citarlo resulta imposible; de él destaca César Treviño Boesch, Rubén González G., Amalia Garza G., Isabel S. de Garza, Genaro Villareal, Lic. José Zambrano Urtiaga, Fernando Izaguirre Nájera. Las más lindas damitas de la selecta sociedad reynera fueron un instante mujeres de Betulia, danzarinas, voces en el coro antifónico. ¡Qué buen teatro hace Elisamaría en Monterrey!