Los huevos del avestruz de André Roussin, en la sala Gante Armando de Maria y Campos |
Como en México, en París están de moda Jean Anouilh y André Roussin. Sólo que allá se les combate, se les discute, incluso se les niega. Tanto, que un cronista se ha preguntado: "¿Es tolerable que un autor teatral lleve diez años de éxitos? ¿Se puede consentir sin protestar que haya autor capaz de llevar su atrevimiento a doblar ese espacio de tiempo manteniendo veinte años su carrera triunfal?" Este parece ser el problema que han planteado los críticos teatrales de París a André Roussin, que lleva diez años triunfando en las carteleras, y a Jean Anouilh, que desde hace veinte mantiene una posición cimera en el teatro francés. Son muchos éxitos, demasiados éxitos, y es mucho dinero el que uno y otro llevan ganando. Ha llegado, pues, comenta el crítico, la hora de ajustar cuentas, y de tratarlos con severidad. La mano de César de Roussin y El vals de los toreadores de Anouilh, han marcado el principio de la ofensiva de los críticos hasta ahora admiradores respetuosos y entusiastas de ambos autores. A Roussin le achacan la livianidad de los temas que aborda en el teatro. Sin duda se querría que escribiera obras densas, cargadas de mensajes filosóficos como Sartre, como Mauriac, como Cocteau, como Montherlant, como Thierry. Pero Roussin, que no aspira más que a entretener, a divertir, no está dispuesto a cambiar de hombro el fusil y sigue con su teatro ligero, intrascendente, que al público le gusta mucho. La obra que según los críticos señala la decadencia de Roussin llena todas las noches el teatro. Será cosa de considerar de nuevo el problema y ver si hay manera de ponerse de acuerdo. |
"Pero les guste o no les guste a los críticos, la verdad es que la antorcha simbólica sigue en manos de los viejos valores. Acaso sería prudente no precipitarse en derribarlos antes de que hayan surgido los sustitutos". Tiene razón. |
un gran modista, y gana el Gran Premio de Costura, ¡doscientos mil francos! simplemente por una muñequita que vistió y envió al concurso. El otro huevo, digo, el otro hijo del avestruz es un muchacho que se deja "sostener" por una joven polaca, y, además, intervienen en la acción una esposa comprensiva, la madre de ésta y el amigo del jefe de la casa. No se puede decir más, ni hay para qué. El tratamiento de la pieza es de lo más original, pues el protagonista no aparece nunca en escena. En realidad, la acción es un largo monólogo del padre -Hipólito-, que corean su mujer, su suegra, su hijo Rogelio, el amigo de la casa y la camarista. Todo muy divertido y, desde luego, no apto para menores. Se me ocurre preguntar: si estamos formando un repertorio no apto para menores, ¿cuándo empezarán los menores a aficionarse al teatro?... Con tanta pieza no apta para menores estamos retirando a éstos del territorio teatral. |