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Tres conciertos de danza moderna en el teatro de los Insurgentes con Ana Sokolow, Guillermo Keys Arenas

y un notable grupo de artistas coreógrafos

Armando de Maria y Campos

   Como efemérides excepcional dentro de la vida coreográfica de México ha quedado el ciclo de tres conciertos de danza que fue presentado en el teatro de los Insurgentes los días 7, 8 y 9 de agosto por Guillermo Keys Arenas, con la colaboración de la eminente coreógrafa norteamericana Ana Sokolow, y de lo mejor y más maduro de la Academia de la Danza Mexicana.
     La danza moderna tiene desde hace más de una década lugar preferente en la vida artística mexicana. Precisamente a partir de la primera visita de Ana Sokolow, que culminó con la temporada de ballet que organizaron José Bergamín y Rodolfo Halffter, en la que pude intervenir, en razón del cargo oficial que entonces desempeñaba, tan directa como apasionadamente. De entonces acá, los bailarines mexicanos, jóvenes todos ellos, han realizado esfuerzos extraordinarios, ya en la investigación de las formas folclóricas, como con la contribución de elementos y técnicas de naturaleza abstracta, a la vez que asimilando influencias de bailarines y coreógrafos venidos de fuera, y así es como el movimiento coreográfico mexicano puede presentar ejemplos de superación tan perfectos.
     El paso por México de Ana Sokolow casi decidió la presentación de este ciclo de conciertos de danza, integrado por cuatro danzas a cual más representativa de este género coreográfico Variaciones dinámicas, música de Velasco (Jesús) y coreografía de Xavier Francis; Suite lírica de Alban Berg, coreografía de Ana Sokolow y escenografía y vestuario de Julio Prieto, que interpretada musicalmente por el Cuarteto de México -Romero, Garnica, García, Cortés- se bailó por primera vez en México; El muñeco y los hombrecillos, sin música, o, mejor, con efecto de sonido, coreografía de Francis y escenografía y vestuario de Arnold Belkin, y El chueco de Bernal Jiménez, ya conocido, quien lo dirigió; coreografía de Keys Arenas y escenografía y vestuario de López Arenas. ¡Programa completo, magnífico, insuperable dentro del género de danza moderna!

     Las Variaciones dinámicas exhiben un panorama con todas la modalidades de la danza moderna, técnica pura de ésta, en la que el bailarín utiliza su cuerpo como instrumento de su arte; fue como una sinfonía de actitudes plásticas.
     La Suite lírica de Alban Berg, está integrada por seis movimientos, pero sólo fueron presentados cinco; "Allegretto joviale" (Guillermo Keys), "Andante amoroso" (Raquel Gutiérrez), "Allegro misterioso" (Rosa Reina, Nellie Happee, Valentina Castro, Bodyl Genkel, Beatriz Flores, Guillermina Peñaloza, Elena Noriega, Edmundo Mendoza, Luis Fandiño, Carlos Gaona, John Sakmari y Rosalío Ortega), "Largo desolato" (Carmen Gutiérrez y Xavier Francis) y "Adagio apassionato" (Marta Bracho, Bodyl Genkel, Elena Noriega y Rosa Reina). Alban Berg es, como se sabe, uno de los más revolucionarios compositores contemporáneos, discípulo de Arnold Schoenberg. En este ballet moderno, danza mejor dicho, Berg empleó los principios del atonalismo, cuyo efecto estético -ya se ha dicho- es completamente distinto a la música tradicional que se aplica al ballet llamado clásico. Ana Sokolow dio forma plástica a la música de Berg en forma que es difícil concebirla de manera distinta.
    La interpretación por parte de todos los jóvenes maestros de la danza moderna se resolvió perfecta. Ternura, pasión, alegría de vivir, desolación profunda, todo fue manifestado plásticamente en una atmósfera de colores sabiamente mezclados en los bien articulados movimientos de esta Suite lírica, ejemplo difícil de superar de danza moderna.
     El muñeco y los hombrecillos es un ballet sin música, porque todos los bailarines la llevan por dentro, en su corazón, en su cerebro, en su red nerviosa. Se insinúan situaciones con instrumentos que manejan los propios bailarines. Pero aunque se afirma que esta danza "no tiene música", la verdad es que la lleva dentro... Es "un breve momento fantástico -satírico- en el reino de los hombres, visto por un muñeco", mexicano por cierto, no importa que recuerde a Petrouska. Este muñeco de ahora no se ve

envuelto en un drama de celos y traición como el ruso, sino que sufre del "mal de modernidad", con sus edificios de largas líneas frías, sus obreros, sus mecanógrafas, los militares, las damas grises, las intelectuales, y su ídolo, un hombre cualquiera que arrastra multitudes quién sabe por qué causa. Es una danza curiosa y dolorosa, pintoresca y trágica, moderna y futurista. Fue interpretado con alarde de técnica precisa y elástica y todos le imprimieron un matiz de trágica ironía verdaderamente feliz y conmovedor.
     Concluyó el programa -¡qué lástima la brevedad del ciclo!- con la reposición de El chueco, dolorosa estampa de la vida de mísero arrabal que cerca a un niño paralítico (Keys), cuya almita posee el infantil cabrilleo de las cosas bellas, nobles y buenas, tan lejos de su pobre vida. Danza -mexicanísima- de contrastes, el interno y el externo, con niños angélicos y adolescentes prostitutas de oficio. Termina con la deslunmbrante aparición del circo barriobajero, colorín y cascabel, con su "mamboleta", su contorsionista, su equilibrista y su acróbata que piruetea una danza graciosa y pueril. El maestro Bernal Jiménez estuvo al frente de la orquesta y Guillermo Keys Arenas logró una ya insuperable creación del "chueco", y cada quién, en su danza, le hizo coro, un coro triste y bullidor...