La farsa lo permite todo. ¿Qué es la farsa?.. En el teatro, la farsa es una fábula, ficción o invención para entretener o para enseñar, cautivando el ánimo de los espectadores. También es la representación de un hecho, real o imaginario, verosímil o inverosímil. Finalmente, la farsa es la obra teatral llena de incidentes grotescos.
Conviene predicar con el ejemplo. Las farsas ya eran corrientes en el siglo XIII, lo que habla bien claro de sus antigüedad, ahora tan aprovechada por los norteamericanos, estudiosos de los orígenes del teatro para aprovechar el agua en su profunda fuente, pues ya se sabe que nada hay más nuevo que lo viejo. Las Leyes de Partida, de Alfonso el Sabio, mencionan a las farsas. En Italia dieron origen a la commedia dell'arte. En Francia, a las sotties, moralidades y sermones jocosos; en España, a los autos. Las farsas, que empezaron teniendo un carácter religioso y representábanse en los templos y en los claustros de las catedrales, acabaron por convertirse en piezas profanas.
En el teatro moderno se califican de farsas todas aquellas obras cuya intención didáctica o moral queda exteriorizada con agudeza o humorismo. Para mí la mejor farsa contemporánea es Los intereses creados de Jacinto Benavente. Ha degenerado un mucho en su estructura, en sus temas y en la exposición y desarrollo de éstos. Los norteamericanos la han llevado a extremos tan divertidos como peligrosos.
Farsa, y muy entretenida, sin intención didáctica o moral, es la del Elmer Rice, Dream girl -estrenada en Nueva York en 1945-, que el Ateneo Nacional de Ciencias y Artes de México incorporó a su primera temporada teatral confiada al Teatro Estudio de México, que dirige don Víctor Moya, y que traducida y ligeramente adaptada por el propio Moya, se representa estos días en el teatro de Ródano 14, por aventajados alumnos de la academia de estudios teatrales que es el Teatro Estudio de México. Víctor Moya le dio en español el título de Despierta Georgina. |
Elmer Rice es uno de los más interesantes autores norteamericanos contemporáneos, de vanguardia, por cierto. Nació en Nueva York en 1892, y estrenó su primera obra en 1914, la titulada On trial, a la que siguió The adding machine (1923), y a éstas, El Metro (1929), traducida y representada en castellano; Street scene (premio Pulitzer, 1929), traducida al castellano, representada en España por Margarita Xirgu y en México por Virginia Fábregas; See Naples and die (1929), A voyage to Purilia (1930), Iron cross (1917), Wake up Jonathan (1921), It is the law (1922); Close harmony (1924), Cock Robin (1928), Counsellorat law (1931), The left bank, We, the people (1933), Judgment day (1934), Between two worlds (1934), American landscape (1938), Two on an island (1940), A new life (1943), Dream girl (1945). La última de que tengo noticia es la estrenada en Nueva York en febrero de 1951, titulada Not for children. Como se sabe, la farsa La máquina de sumar es una de las que más veces se han representado en Sudamérica.
Dream girl o Despierta Georgina, si no es de los mejores de Rice, sí es de las más divertidas. El asunto es sencillísimo: Una joven norteamericana entradita en años y que como todas las solteronas de esa nacionalidad, escribe novelas, no sabe qué hacer de su vida, en el sentido de que duda cómo y con quién debe conocer el secreto de la vida. A cada escena real corresponde un sueño, absurdo, audaz, pintoresco o divertido, y, desde luego, irreal, como son todos los sueños. La farsa de Rice es, en realidad, mitad onírica y mitad realista, y como está traducida con mucha agilidad y buen gusto, resulta en español muy divertida.
La postura escénica ofrece enormes problemas en cualquier escenario por bien dotado que esté. Imagine el lector los que planteará en un escenario chaparro, es decir, sin telares, sin equipo eléctrico, sin escotillones, ni áreas movibles en el reducido escenario. Sin embargo, todo lo pudo resolver el talentoso |
ingenio de Víctor Moya con cortinas, trastos y plataformas tiradas por cordeles, y con un hábil juego de luces y sombras. La escenografía quedó a cargo de Julio Prieto, y fue realizada por Leoncio Nápoles, en tanto que la iluminación quedó confiada a Felipe López. Los efectos de sonido fueron seleccionados por Eleazar Canale.
La interpretación, habida cuenta de que se trata de aficionados, muy estimable y, desde luego, muy segura, pues ya el público sabe que lo alumnos del Teatro Estudio de México son muy disciplinados. Debutó la joven señora Celia D'Alarcón -que ha hecho alguna incursión afortunada al cine-, de bellísima presencia y de radiante simpatía; dijo con mucha desenvoltura su papel y lo actuó con gracia y sencillez. Salvó la difícil prueba de un debut peligroso. El reparto es largo, y, como dije, todos los alumnos de Moya cumplen dignamente. Destaca Ignacio Navarro, y por su pimpante belleza Yolanda Álvarez. La crónica debe recoger para estímulo del difícil arte de representar, los nombres de todos los intérpretes de Despierta Georgina: Libertad Ongay, Mirón Levine, Graciela Peralta, Luis Riebeling, Yolanda Álvarez, Teresa Vasconcelos, Roberto Rivera, Alejandro Yáñez, Manuel Zozaya, Alfredo Pacheco, Teresa Araque, y Adriana.
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