El Instituto Nacional de Bellas Artes -el INBA- inauguró en la sala Chopin (2 de julio) la temporada de la Asociación Mexicana de Directores por él formada, en la que se reúnen los más destacados directores de grupos de experimentación y ensayo a los que se les atribuye el auge actual del teatro en México, que se manifiesta también con la reproducción de "salas de espectáculos de bolsillo" -mientras permanecen cerrados los grandes coliseos en que hasta hace poco se hacía teatro-, con el estreno de la comedia en tres actos Sólo quedaban las plumas..., de Rafael Solana.
La Asociación Mexicana de Directores fue creada por el INBA para dar oportunidad a éstos de trabajar al amparo económico del poderoso organismo cultural, para impulsar la producción de los nuevos autores mexicanos, a los que habrá que estrenar en cada capítulo de la temporada, y también para controlar el desarrollo de los jóvenes actores que andaban de la Ceca a la Meca, sin fijarse en ninguno de los grupos que se formaban para desaparecer, sin depender en serio y definitiva de ninguno de los directores que también se reproducen como los nuevos teatros (sic.)
Un comité de lectura selecciona la obra rigurosamente inédita que llevará a la escena el director en turno, y se limita el apoyo económico del INBA al interés real que el público demuestre por la pieza de teatro seleccionada, estrenada y sabiamente dirigida. El comité de lectura, integrado por tres directores -de los cuales uno se inhibió en este primer caso-; eligió la comedia de Rafael Solana Sólo quedaban las plumas..., tercera que en estos dos últimos años ha estrenado el fecundo escritor.
Parece propósito definido de la Asociación de Directores llamar a trabajar al lado de la nueva generación de actores, a comediantes profesionales y figuras del cine nacional, de acuerdo con las exigencias de los repartos, y esta vez, como siempre que aparece en la comedia alguna señora de edad, se llamó a la respetable y notable actriz Prudencia Grifell, indiscutible garantía de responsabilidad profesional. Como ocurre que la calidad de artista que hay en doña Prudencia lo mismo sirve para un barrido que para un fregado -su dimensión artística cubre perfectamente la peligrosa distancia que va del drama al sainete-, no siempre la señora Grifell está en el justo medio a que tiene derecho su talento y su larga carrera. Sale airosa de cualquier furcio, pero a la larga su crédito se hará añicos y los nuevos directores y autores habrán perdido un elemento de la mejor calidad todavía. No nace esta |
observación a propósito del estreno de Sólo quedaban las plumas..., sino que hace mucho tiempo que deseo consignarlo, antes de que sea tarde. Al lado de doña Prudencia actúan dos figuras de nuestro cine -Miguel Arenas y Stella Inda- y varios jóvenes que proceden de distintos grupos de experimentación y ensayo, algunos casi veteranos en tan corta carrera.
El estreno de Sólo quedaban las plumas... fue precedido del mejor ambiente. El autor Celestino Gorostiza, jefe de Teatro del INBA, uno de los tres del comité de lectura, aseguró que esta comedia de Solana era lo mejor que el joven autor había escrito, y esta frase, que sirvió de base para "la publicidad", me brinda ocasión de coger el cabello de ésta que pintan calva, para decir que opino todo lo contrario: de las tres comedias que ha estrenado Solana, y que como es lógico conocemos, ésta es la menos buena, la menos madura, la que no ha conocido el reposo, la que no ha soportado fría segunda lectura, la que no ha sufrido "cortes", en fin, la que no ha sabido esperar... No es menos estimable que Estrella que se apaga o que Las islas de oro; pero no es tampoco, tan excelente como alguna de ellas. Tengo para mí que Solana ignora un viejo y sabio refrán de los turcos: "La prisa es cosa del diablo"... y Solana, piernas firmes, mente fresca, corre sin brida, va que vuela, por un camino largo, largo, que exige cautela, que no tolera impaciencias, peligroso, porque está sembrado de escollos...
Sólo quedaban las plumas... es una "comedia para entristecer" -según definición de su autor-, amena, entretenida, que se escucha con interés -en particular porque está bien escrita-, pero confusa, falsa en el mundo que trata de reproducir, incongruente en su desarrollo porque el conflicto es artificial e ilógica en su desenlace. Esta es la impresión de conjunto que a mí me produjo. En detalle, me parecieron excelentes algunas escenas, considerándolas, por supuesto, aisladas. Pero de una mujer corcovada no se puede decir que sea hermosísima porque posee dos bellos ojos o un lindo pie.
La interpretación no resultó bastante buena en conjunto. Muy bien, sobre todo en dicción -¡claro!-, doña Prudencia. Miguel Arenas, que reapareció en el palco escénico, después de doce años de ausencia... cinematográfica, discreto nada más, si nos olvidamos por supuesto, de varios detalles de trasnochado juguete cómico español: el paliacate fuera del bolsillo, etcétera. Stella Inda, arielada actriz de nuestro cine, completamente fuera del teatro. Lo |
cierto, si le interesa el palco escénico, es que tendrá que empezar por el principio. Lo mismo diríamos a propósito de Díaz Indiano, pero tal vez sea tarde. Del resto del reparto -ya todo confiado a actores experimentales- destaca Jorge Martínez de Hoyos, que sabe estar en escena, y sabe lo que dice y por qué lo dice... La dirección de esta obra no ofrece dificultades [párrafo incompleto en la publicación original, N. del E.] obligación de un buen director, y lo mismo el escenógrafo Julio Prieto.
¿Hasta qué punto una pieza que se anuncia como impropia para menores debe considerarse propia para tratarla en una crónica destinada a lectores de un periódico honesto, propio para todas las edades? ¿Se puede y se debe hablar de conflictos morbosos, de temas francamente íntimos, desde la ventana abierta a las más frescas brisas de la información y del comentario, como es un diario dirigido a un gran público sano? Creo que no, y que es ya hora de marcar un límite entre los grandes conflictos que plantea el psicoanálisis y que forman la base del teatro de Strindberg, de Ibsen, de Shaw, de Lenormand o de O'Neill, y éstos que plantean los Jean François Jeantet? Creo que se debe hablar de ellos, pero con la cautela y franqueza que se merecen. Así lo haré de Mlle. Adelaide (No viviré sin ti), que el viernes 3 fue estrenada en el teatro corral El Caballito. |