Entre Paloma de Anouilh, y Lázaro de Obey, tengo un pequeño respiro en mi tarea de informador y comentarista teatral de la actualidad mexicana, que aprovecho para traer a esta columna una curiosa anécdota del teatro en España, que he espigado en mis lecturas retrospectivas. Se trata de la época de bohemia de los que con el tiempo habían de ser maestros del teatro español: Jacinto Benavente, Ramón María del Valle Inclán y Gregorio Martínez Sierra.
Concluía el siglo XIX. La llamada generación española del 98 tenía un año de nacida. Todavía privaban en la escena española Echegaray, Eusebio Blasco, Vital Aza, Ramos Carrión, Mariano de Larra, Ricardo de la Vega. El joven Benavente estrenó el año de 1899, La gata de angora, comedia, y Viaje de instrucción, zarzuela, con música de Amadeo Vives; los hermanos Quintero -a quienes llamaban "los niños sevillanos"- su comedia grande El patio; Carlos Arniches, la zarzuela en tres actos La cara de Dios, con música de Chapí, y Antonio Paso y Enrique García Álvarez La alegría de la huerta, con música de Chueca. Era la época en que los que cobraban del teatro, en España y en América, eran los "ingeniosos literatos", como Javiero de Burgos y Sinesio Delgado.
Sin embargo soplaban vientos de fronda. Un diario de Madrid publicó el 12 de diciembre de 1899 un suelto que decía: "Jacinto Benavente, el aplaudido autor que ha sabido colocarse en breve plazo a la cabeza de la juventud literaria, ideó hace tiempo la creación de un teatro artístico para que los literatos pudiesen ofrecer al público las producciones sin las trabas que empresas y direcciones artísticas ponen diariamente".
Gran expectación había por presenciar la función inaugural, anunciada para la tarde del 12 de diciembre del último año del siglo XIX, en el teatro Lara, de Madrid, a la |
sazón ocupado por la compañía de Juan Balaguer, que ese año llevaba como primera actriz a Nieves Suárez. La obra de éxito de la temporada era La muela del juicio, del reputado escritor Miguel Ramos Carrión, que alcanzó 100 representaciones, pero también habían merecido el favor del público otros dos estrenos: La sala de armas de Vital Aza y El Barón de Tronco Verde de Ricardo de la Vega.
Benavente organizó la función a beneficio de don Ramón de Valle Inclán, presentándolo como autor. Cenizas, comedia dramática en tres actos, primera producción de Valle Inclán, "fue escuchada benévolamente por el auditorio, compuesto casi en su totalidad por gente de pluma, que no pudo premiar la labor del dramaturgo, pero sí celebrar el fino trabajo del escritor". En suma, que la pieza teatral fue un fracaso. Una novedad y un aliciente para "la gente de pluma y el público en general" fue la interpretación de algunos papeles a cargo de los jóvenes autores y de elementos de otros teatros. "La notable característica de la comedia, Josefina Álvarez, y los señores Jacinto Benavente, Martínez Sierra (don Gregorio) y Antonio Palomero, representaron muy bien el drama y fueron aplaudidos", dice el cronista de la época señor José de Lace.
"El segundo estreno de la tarde -dice el mismo cronista- fue el de Despedida cruel, monísima comedia en un acto, de Jacinto Benavente, que escuchó entusiastas y legítimos plácemes en el doble concepto de actor y autor. Josefina Blanco estuvo muy inspirada y Martínez Sierra acompañó bien a los principales intérpretes de la nueva obra del autor de Gente conocida. Los que asistieron a la primera función del teatro artístico, salieron muy satisfechos del empleo que habían dado a la tarde del 12 de diciembre".
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