Cuarteto deshonesto. Teatro Fábregas. Autor: Fernando Sánchez Mayans. Dirección: Miko Viya. Escenografía: Antonio López Mancera. Reparto: (por
orden de aparición), Marilú Elízaga, Rafael del
Río, Carlos López Moctezuma y Magda Guzmán.
Desde esta misma columna, el año pasado, cuando se estreno la
primera obra de Fernando Sánchez Mayans Las alas del pez, dijo que podría ser la merecedora del Premio Juan
Ruiz de Alarcón, lo cual sucedió. No obstante hoy, sintiéndolo mucho, pues
siempre quisiéramos que quien bien ha empezado, bien continúe, es preciso
hablar de su segunda obra: Cuarteto deshonesto,
como del primer fracaso de su carrera de dramaturgo.
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¡El fracaso es un riesgo del
oficio!
Se supone que Fernando
Sánchez Mayans, por la forma en que está planteada
la obra, nos quiso decir algo con ella, pero debo confesar que no sé a
ciencia cierta qué es lo que él quiso decir: ¿Que hay madres que aman a sus
hijos en forma poco moral? o ¿que hay hombres fracasados y débiles que no
saben ser verdaderamente hombres? o ¿que hay hijos que se prestan a realizar
una vendetta -así a la italiana‑, contra su propio padre? o ¿que hay
mujeres que se entregan a un hombre para obtener una posición y dinero, sin
sentir amor de ninguna especie? o
bien, ¿que la juventud acaba por romper las sucias amarras y las raíces
podridas y liberales? Repito: no sé lo que Sánchez Mayans quiso decir.
En cuanto a construcción
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dramática, la obra se viene abajo desde el principio; el telón del primer
acto es el más poco teatral de cuantos pueden concebirse. Los tres actos
transcurren entre confesiones, explicaciones y largos discursos, realizados
siempre en forma reiterativa y en tono melodramático.
La anécdota, aunque
tirada de los cabellos, quizá podría haberse explotado mejor, siempre y
cuando Sánchez Mayans hubiera dado otro tratamiento
a su obra, quitándole ese sabor truculento y folletinesco. Pero tal como está
escrita, es digna de figurar mejor entre el montón de argumentos escogidos
por nuestro malhadado cine nacional, que entre las obras serias de nuestro
teatro. ¿Qué pasó con Sánchez Mayans? Todavía me lo
pregunto. ¿Por qué olvida su forma de escribir un diálogo realista y sincero
de su anterior obra, para caer en ésta en uno discursivo, falso y efectista?
Para estar a tono con los
desconciertos de la obra, parece que el director, Miko Viya -quien después de su éxito en ¿Conoce
usted la Vía Láctea? obtiene con esta obra, igual que el autor, su primer
fracaso-, decidió
resaltar las situaciones absurdas, los errores, la inconsistencia de los
personajes, llegando en momentos a hacer más ridículas las situaciones.
Será que cuando la
semilla es mala, la planta sale torcida, porque inclusive actores que
conocíamos como buenos, para muestra Magda Guzmán, están ahora falsos
totalmente. Marilú Elízaga hace quizá el papel más
desairado de su carrera -además de
no saberse sus parlamentos-. Carlos
López Moctezuma se defiende con su monotonía y Rafael Del Río -que hace su
presentación en el teatro profesional, después de haber hecho teatro infantil-, demuestra tener madera buena para ser tallada por un buen
director.
Quien verdaderamente se
llevó las palmas, fue el creador de la iluminación -sea el director o Antonio López Mancera, escenógrafo-, pues nadie sabe jamás por qué baja o sube de intensidad la
luz. Y lo que acabó de dar el remate a tan magnífico conjunto, fue la música
de fondo muy propia para hacer derramar abundantes lágrimas a un público de
melodrama. |
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