New York Theatre. El dulce
pájaro de la juventud, De repente
en el último verano, La señorita
Julia, El cuento del zoológico y Soy una cámara. Dirección: Tad Danielewsky. Director
huésped: Michael Howard. Escenografía: Mario Vanarelli y William Ritman. Reparto: Viveca Lindfords, Rita Gam, Betty Field, Nydia Westman, Ben Piazza, William Daniels y Morgan
Sterne.
Un acontecimiento teatral
ha constituido la presencia en México del New York Repertory Theatre, formado con varios de los más distinguidos
miembros del Actors Studio. El principio, si así
puede llamarse, de los actores preparados dentro del sistema de esa escuela
es el de
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pájaro... llegó
a alturas
insospechadas. Toda su línea, el ritmo, el matiz (¡qué increíble es esta actriz
en el manejo de la voz¡) hasta
llegar al clímax, fue una línea ascendente, profunda. Estábamos viendo vivir
realmente a la mujer frustrada que recurre a las drogas para sostenerse.
Estábamos viendo,
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Ben Piazza, Viveca Lindfords, Rita Gam y Bill Daniels (i. a d.) en Soy una cámara. [Pie de foto.]
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la naturalidad. El actor debe ser natural, aunque para ello deba buscar todos los recursos posibles.
Encontramos entonces que estos actores utilizan la voz en todos sus matices,
le dan un ritmo y una velocidad determinada, según el momento. Y para llegar
a la naturalidad absoluta actúan con todo el cuerpo, con cada músculo, puesto
que en la vida no nos comportamos como si estuviéramos en una vitrina.
En cuanto a recursos, cada
actor tiene sus preferencias, desde luego. Y así encontramos que Viveca Lindfords hace recaer su
mayor atención en su juego de manos y de voz; Rita Gam,
en las piernas, especialmente en Soy
una cámara, aunque notamos que da la misma importancia a ellas, inclusive
en el relato de la muerte del hijo de la señora Venable en De repente en el último verano, relato
que hace integro sentada en una silla. Ben Piazza actúa con los hombros y en
general con todo el dorso; secundariamente con las piernas, etcétera...
La apertura de la breve
temporada se hizo con la secuencia del hotel de El dulce pájaro de la juventud, de Tennessee Williams y la obra
completa De repente en el último verano del mismo autor.
Debemos reconocer que si la
técnica utilizada por este grupo no encaja con algunos autores -tal el caso
de La señorita Julia, de Strindberg- para Williams esta técnica es más que perfecta. Viveca Lindfords en El
dulce
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en suma, a una gran actriz.
La dirección de Tad Danielewsky, magistral, especialmente en estas obras de Williams. Nos gustó muchísimo su juego de luces. La sensualidad, la ambición, la inescrupulosidad de los personajes de Williams, no podían estar mejor proyectados.
En De repente en el..., obra que plantea el problema de una
depravación sexual, el papel principal, y terriblemente difícil, estuvo a
cargo de Rita Gam, actriz de cine, que demuestra
ser también una magnífica actriz teatral. Y Viveca Lindfords, a quien acabábamos de ver haciendo el papel
protagónico de El dulce pájaro...
sólo hace una aparición incidental en esta obra. ¡Cuántas de nuestras
“eximias” actrices debieran aprender esta lección de disciplina teatral!
El segundo programa estuvo
integrado por La señorita Julia, de August Strindberg y El cuento del zoológico de Edward
Albee. El pronóstico era favorable: Viveca Lindfords, esa fabulosa actriz, sería la señorita Julia,
había pues mucho qué esperar. Desgraciadamente, nuestras esperanzas no se
vieron satisfechas, no es que ella nos haya defraudado, simplemente que el
director no pudo conciliar su propia técnica con la obra. El hecho es que
notamos una gran incomprensión del espíritu de Strindberg, de la atmósfera de
la época. Es fundamental en esa obra, por ejemplo, marcar con pincel grueso
la diferencia de clases -hay que
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Diorama Teatral
Por MARA REYES
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recordar que quizá esta obra nació precisamente por los conflictos
del autor derivados del casamiento del padre de Strindberg con su propia
sirvienta- y tal como estuvo dirigida por Danielewsky,
jamás vimos en el mayordomo ni un asomo del rencor contra esa mujer que representaba
a los “inalcanzables” y a la que por lo tanto pisotea después de haberla
gozado. Morgan Sterne, durante toda la obra, estuvo bajo de tono y Viveca Lindfords, con su línea
dramática muy desleída. A ambos se les notaron los recursos técnicos, cuando
un recurso técnico es captado por el público, ha perdido éste toda su
eficacia. Betty Field, inadvertida; decididamente su mejor interpretación nos
la dio en De repente en el último
verano.
En cuanto a la obra de
Edward Albee: El cuento del zoológico,
que vino a ser estreno en México (también son estrenos De repente en el último verano y Soy una cámara) las cosas fueron mucho mejor. La obra es
terrible, en cuanto que plantea los problemas del hombre moderno,
especialmente del que habita en una ciudad como Nueva York. Su soledad, su
incomunicación, la indiferencia entre la que debe moverse, la necesidad no
sólo de afecto, sino de ser tomada en cuenta; también plantea, como en un
contrapunto, la falsa estabilidad de la clase burguesa, su también falsa
seguridad, su incomprensión y su incapacidad absoluta de indignarse ante la
injusticia, o de conmoverse ante el dolor ajeno. ¡Vaya mundo -parece decir el autor- en el que debemos obligar
a alguien a que nos mate, en contra de su voluntad, para de este modo, dejar
de ser indiferentes, siquiera para ese alguien! William Daniels, el Peter
de esta obra, se superó en mucho en relación a De repente en el... bien es verdad, que en esa obra de Williams
era él quien llevaba el papel más ingrato. Y Ben Piazza, quien en El dulce pájaro... pareció tan en
tipo, tan perfectamente encajado en su personaje, en cambio en esta obra de
Albee se nos hizo su actuación un poco estereotipada. Creemos también que al
relato ‑clímax acerca del perro, le faltó fuerza.
El tercer programa lo constituyó
la puesta en escena de Soy una cámara de John Van Druten, obra que habla de cómo el amor
no puede modificar el destino, al mismo tiempo que hace una critica del
racismo y demuestra cómo la propaganda puede minar la bondad del ser humano.
En esta obra, Rita Gam, llena de simpatía y de ángel, luce todas sus
facultades para
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la comedia, como en la obra de Williams lució sus facultades dramáticas;
Ben Piazza, llegó a la repetición; Nydia Westman,
correctísima; Viveca Lindfords,
en su secundario papel, discretísima -cuando una gran actriz sabe ser discreta es
que realmente es una gran actriz-.
La dirección -sólo de esta obra- estuvo a cargo de Michael
Howard, quien usó quizá de demasiados recursos, de demasiados detalles.
En resumen, se trata de la
visita de un magnífico grupo teatral que está haciendo una gran labor al dar
a conocer en lberoamérica el teatro serio
norteamericano, que tan importante es en estos momentos en el engranaje del
teatro universal.
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