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diorama

    teatral

Por MARA REYES

 

El lobo feroz. [Inserción manuscrita de la autora.]

 

   Con una anécdota lo bastante trillada y simple como para que se adivine desde el primer acto todo lo que va a ocurrir, Rambal logra una comedia ligera bastante aceptable.

La pobreza de diálogo, la substituye Rambal con detalles de dirección bastante válidos. Si sobreviene una carcajada en el público, generalmente no es porque la comedia la provoque, sino un gesto ideado por Rambal.

Kitty de Hoyos -que tan pronto pasa de una pieza de Anouilh, a “enseñar pierna” en un teatro frívolo o en una pantalla cinematográfica, como de una obra trágica de

Giovaninetti a una comedia intrascendente -lo que demuestra una falta de dirección en su trayectoria artística- en El lobo feroz da gracia y color a su papel.

Mauricio Garcés no varía en lo absoluto su estilo de actuación -si a esa desenvoltura despreocupada puede llamársele estilo- pero hace reír de buena gana.

Raúl Farell es el caso típico del estancamiento. No hay sino recordarlo en aquella Medea de Anouilh, inolvidable, que se llevó a escena en 1952 y sacaremos en conclusión que de su mensajero de entonces a esta comedia  

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