Rinocerontes. Sala Chopin. Autor: Eugène Ionesco. Traducción,
dirección y actuación de Antonio Passy. Escenografía: Antonio López Mancera. Efectos
musicales: Carlos Jiménez Mabarak e ingeniero
Francisco Villalpando. Reparto: Gabriela Bey, Magda Donato, Raúl Quijada, Antonio
Bravo, Guillermo Zarur, Manola Saavedra, Claudia
Millán, Felipe Cueto, Ricardo Adalid, Xavier Massé,
Manuel Zozaya, Alonso Castaño y Anita Blanch.
Que a la tormenta la
antecede la calma es bien sabido. Después de un mes de inactividad sólo
interrumpida por uno que otro acontecer
en nuestros escenarios, se estrena Cuatro
y Ernesto, de Alfonso Paso, se repone La
discreta enamorada de Lope de
Vega, se hace un Festival Dramático para celebrar el XV aniversario de la
Escuela de Arte Teatral del INBA durante el cual se llevan a escena; El
ausente, En qué piensas y Juego
peligroso, de Xavier
Villaurrutia, además de una obra de Bertolt Brecht: La excepción y la regla. La
Compañía de Repertorio de Bellas Artes, para finalizar la semana, estrena la
obra de Eugène Ionesco Rinocerontes.
Como el espacio no nos
permite extendernos, nos limitaremos a hablar de esta última obra,
reservándonos para la próxima semana el referirnos a otras de las obras
estrenadas, especialmente de Bertolt Brecht, quien cumple el 14 de agosto,
cinco años de su fallecimiento.
En el programa que publica
el INBA, de la obra Rinocerontes,
aparece una nota escrita por el propio autor en la que afirma que él sólo
quiso “hacer la crítica de los totalitarismos”, especialmente del nazismo y
llega inclusive a decir que le sorprende el éxito de esta obra en otros
países -obra a la
que unos atacan de localista, afirma Ionesco, y otros de caer en la vaguedad- y, acaba por preguntarse si no habrá “puesto el dedo en una
llega ardiente del mundo actual”.
Esta pregunta podría
responderse sin lugar a dudas afirmativamente. Y es que Ionesco, aparte de
reprobar ese pensamiento “intelectualizado” que sólo recita slogans y que apoya la histeria
colectiva con fundamentos filosóficos, hace toda una critica al formalismo en
la vida, a los lugares comunes, a la forma convencional de vivir que lleva al
hombre a la animalidad. Es por eso que en la escena contrapuntística del
|
diorama
teatral
rinocerontes
Por MARA REYES
|
primer acto, mientras en una mesa se hacen silogismos y juegos de
lógica a propósito de los animales, todas las respuestas coinciden palabra
por palabra, con los consejos que Jean da a Berenguer,
sobre la forma correcta de vivir.
También muestra Ionesco con maestría las diferentes posiciones
que adopta cada individuo frente a los acontecimientos, ya sean insólitos o
triviales y cotidianos. Cuando la gente de la calle ve pasar a los dos
primeros rinocerontes, un individuo ve las apariencias, es decir, se preocupa
de si tenían un cuerno o dos, otro hace una deducción geográfica: ¿de qué
región serán dichos rinocerontes? Otros espectadores
ven los aspectos periféricos: ¿cómo permiten las autoridades que anden
rinocerontes por la calle? La vieja se duele que le haya matado el
rinoceronte a su gato, otro personaje se resiste a creer que sea verdad lo
que ha visto, pero nadie ve el hecho concreto, ¿por qué ha sucedido tal
acontecimiento?
Ionesco, a través de su personaje Berenguer -único hombre que no
se trasmuta en rinoceronte, es decir que no se deja llevar por las “corrientes”
de moda- hace una defensa de la individualidad ser uno mismo, de no dejarse
arrastrar. Y si se sirve de Berenguer, en lugar de escoger a un sabio, o a un
artista, o a un santo es para evitar el símbolo y caer él mismo en aquello que critica: la despersonalización. Por eso
Berenguer es un pobre diablo, al que no le importa ni ser intelectual, ni un
trabajador ejemplar; es un hombre común y corriente, capaz de sentir ira,
arrepentimiento, ternura, que llega tarde a su oficina y hace trampa para que
no le sancionen; es un hombre al que no le importa andar sin corbata y
beberse unas copas si ello le viene en gana; es un hombre que en un momento
dado, debido a las recriminaciones del amigo decide “reivindicarse”, pero que
al primer suceso insólito se olvida de su “voluntad”, de seguir el consejo y
en lugar de irse a “cultivar” al
museo, se va a beber una copa. Es decir, es capaz de ser él mismo, hombre y
nada mas, y vivir su propia vida. Es por eso que no
tiene vocación para contagiarse de la rinocerontitis.
Claro está que Ionesco nos
muestra cómo cuando se es sí mismo, el hombre se encuentra solo, pero él
prefiere estar solo que claudicar.
En cuanto a la puesta en
escena, se debe deslindar el trabajo de Antonio Passy, director y Antonio
Passy, actor. Como actor, logró en el último acto impresionar, como si
tuviera una especial capacidad de monologar. Dio fuerza a su personaje y
plasmó la angustia, el desprecio, la soledad y en fin todas las emociones que
en aquel momento embargan a Berenguer. |
Como director, consideramos que imprimió a la obra dos estilos diferentes. Tal como pudimos
apreciar, Passy considera que Ionesco pide en los primeros actos un tono
cómico para girar después a la tragedia. Desde luego, todo punto de vista es
respetable, pero yo estoy por otro tipo de matiz en los primeros actos. No
puedo concebir los tres primeros actos de la obra como una comedia simple,
sin trascendencia, como trata de presentárnosla Passy, sino como una
tragicomedia, si es que podemos emplear los términos ya consabidos. No puede
ser motivo de risa despreocupada la coincidencia de respuestas al hablarse de
los gatos y de la vida del hombre, en todo caso, si asoma la sonrisa en el
espectador, deberá ser una sonrisa amarga.
Hay personajes, como Bolard, que en la obra son de una gran fuerza y que sin
embargo, fueron convertidos por la dirección en una caricatura, y ésta hace
perder la correcta dimensión.
Aun cuando la idea de
hacer la simbolización de los bramidos de los rinocerontes con efectos
musicales, es muy buena, sin embargo advertimos que les faltó fuerza a esos
efectos. La masa de los rinocerontes debía estar siempre presente y no lo
sentimos así, muy frecuentemente nos olvidamos que los hombres se iban
convirtiendo en rinocerontes segundo a segundo, allá en las casas, en las
calles.
Si toda la obra hubiera
tenido como base de su unidad la dirección que Passy puso en práctica en el
último cuadro, indudablemente habríamos encontrado la representación menos
alejada del sentir ionesquiano.
Referirse a cada uno de
los actores llevaría demasiado espacio, así que sólo se puede anotar que
sobresalen: Passy (buen traductor y buen actor), Magda Donato, Xavier Massé, Anita Blanch. A Raúl Quijada le encontramos
demasiado gritón -seguramente por indicación del director, pues en general
toda la obra está demasiado gritada, demasiado precipitada-. A Manola
Saavedra, muy a la española y poco emotiva. A Alonso Castaño, sobreactuado.
Discretos, Manuel Zozaya, Antonio Bravo, etc… (En
general el estilo de actuación, nos pareció poco moderno para el teatro de
Ionesco).
En cuanto a la
escenografía, mi primera impresión me llevó a preguntarme: ¿Cómo será esta
obra con una escenografía sugerente, no realista, que dé mayor vuelto a la
increíble imaginación del autor?
No obstante los errores
-en resumen difiero únicamente en el punto de vista de la interpretación-
esta obra es el primer escalón que asciende, definitivo, la Companía de Repertorio de Bellas Artes.
|
|