Los fantástikos. Teatro del Bosque. Libreto y letra: Tom Jones. Música, Harvey
Schmidt. Versión española: Luis de Llano y Martha Fischer. Dirección, Luis de
Llano. Dirección musical, Enrico Cabiati.
Escenografía, David Antón. Reparto: Antonio Gama, María Rivas, Armando Calvo,
etc.
Aun cuando ya no puedo considerarme como amiga del género al que se ha
acostumbrado llamar “comedia musical,” eso no impide que trate, en la medida de
mis posibilidades, de analizar en forma imparcial esta comedia de Los fantástikos,
inspirada en una obra de Edmund Rostand.
El principal acierto, a mi juicio, es la simplicidad en los recursos
de producción: no hay en ella nada superfluo. La escenografía, sencilla,
plástica, sugerente, incita a la imaginación. Todo en la comedia es síntesis
de elementos: los personajes indispensables, los músicos indispensables y
como manantial de magia, un baúl que como el sombrero de un prestidigitador,
va produciendo los objetos necesarios a la acción, desde un manto hasta un
hombre.
Otro acierto indiscutible es el no pedir a los actores más de lo que
cada uno puede dar. No se cayó en el error de hacer bailar a quien sólo sabe
cantar o de hacer hablar a quien sólo sabe bailar. Común equivocación de
quien dirige comedias musicales es el no escoger debidamente a sus elementos.
Siendo la comedia musical un género en el que se yuxtaponen artes diversas,
resulta difícil encontrar intérpretes que sean capaces lo mismo de bailar que
de cantar, de ser actores o de hacer circo; así pues, la
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primera tarea con la que se enfrenta un director de
este tipo de comedias es la de hacer una correcta selección de su reparto. Y
Luis de Llano supo hacerlo.
En Los fantástikos hemos visto cantar a quien ha demostrado grandes cualidades como actor en
obras como Todos eran mis hijos y
muchas otras: Antonio Gama, y descubrimos que como cantante es una positiva
revelación. Su voz, pastosa, tiene tonos, especialmente los pianos, de gran belleza.
María Rivas, ágil, con una voz de soprano bien templada, obtiene un
triunfo con su cuidadosa actuación. Armando Calvo, en cambio, le notamos
negligencia en su trabajo. ¡Cuánto más brillante fue su actuación en La pelirroja! Inclusive de voz, estuvo
bajo.
Quien se robó la escena y ya se está haciendo costumbre en él hacer
ese tipo de robos, fue Alejandro Ciangherotti. Su
caracterización del cómico español en decadencia, es magnífica, aunque no
podemos dejar de notar que echa mano de una serie de trucos efectistas que a
la larga lo dañarán.
En cuanto a Guillermo Orea se puede decir que ha demostrado ser actor
en todos los planos y en todos los tonos. Aunque es más conocido como actor
cómico, la diversificación de su capacidad se ha comprobado después de
haberle visto el Obispo de Londres en Becket o el honor
de Dios, así pues, no es de extrañar que saque con todo lucimiento su
papel como padre de la muchacha en esta comedia.
De Ortiz de Pinedo puedo decir que cuando hay un director que
sabe contenerlo, puede todavía ser un actor de simpatía, no para un público
grueso que aplaude en él al clown, sino para un público
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que aplauda en él al actor
Muy
bien también, Chucho Salinas y Armando Pascual.
Es
de destacarse en lo que a la música se refiere el ritmo justo y la gracia de
las melodías.
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