La mujer transparente. Teatro Esfera. Autora: Margarita Urueta. Dirección: Alexandro.
Escenografía: Manuel Felguérez. Vestuario: Lilia
Carrillo. Coreografía: Farnesio de Bernal. Reparto: Ancira, Beatriz Sheridan, Salvador Zea, Héctor Ortega, Elda
Peralta, Ricardo Fuentes e Chabela Durán.
Después de la clausura de La sonata de los espectros había pocas
esperanzas de ver el próximo espectáculo anunciado por Alexandro.
Para fortuna nuestra, por tratarse de una obra mexicana y de una comedia “inofensiva”
fueron levantados los sellos el mismo día del estreno de La mujer transparente, de Margarita Urueta.
La comedia es de un acento tan
diverso a la última obra de esta autora puesta en escena -Duda infinita- que parece escrita por
otra mano. Hay en La mujer transparente agilidad, gracia, belleza poética, fantasía y ternura. La comedia transcurre
sin espacio y sin tiempo. Es sólo un sueño, un sueño en el que los personajes
se realizan por medio del amor, los ideales o la simple y a la vez compleja
necesidad de ser.
La dirección de Alexandro, imaginativa como todo lo suyo, está realizada
en esta ocasión en un tono de fina farsa y en ella acude a todas las
posibilidades teatrales: música, pantomima, danza, canto, poesía, logrando
con todos estos elementos una magnífica síntesis. No hay una sola nota
discordante. Escenas como la del juego de ajedrez o el nacimiento del Ujier
(nace de un trono), los diversos matices que otorga al cartero y por fin el
único tono dramático de la comedia: el despertar del rey, después que ha sido
muerto en el sueño y vuelve a despojarse de toda su real indumentaria para
volver a ser un hombre, como todos, afirman una vez más en Alexandro ese talento extraordinario para resolver toda
escenificación teatral.
Después de varias obras en las que
hemos visto a Carlos Ancira aparecer en escena
transfigurado en terribles personajes, lo vemos en el rey de La mujer transparente totalmente
devuelto a su condición normal, sin monstruosidades, sino por el contrario
con un actuar fresco como para recordar a los espectadores su forma natural.
Es increíble en Ancira esa capacidad suya para
actuar con la misma gran calidad todos los papeles que le son asignados, por
diferentes que éstos sean. Y lo mismo puede decirse de Beatriz Sheridan,
quien demuestra, después de haber visto sus actuaciones en La lección y en La sonata de los espectros, y ahora en su papel de reina
-personajes todos tan disímbolos- demuestra, decíamos, poseer extraordinarias
dotes histriónicas.
Salvador Zea se revela en
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Diorama Teatral
Por MARA REYES
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esta ocasión como un
actor de grandes posibilidades. Las dificultades de un papel que está en
continua transformación, las ha salvado más que brillantemente.
Héctor Ortega, magnífico. Ha logrado
en su caracterización del Ujier, la más homogénea conjugación entre actuación
y pantomima; no se puede limitar dónde termina una y en dónde comienza la
otra.
Muy bien Elda Peralta, se saborea su
gracia. Ricardo Fuentes supera muchos de sus antiguos vicios, le advertimos
fresco en su actuación. Chabela Durán también saca su papel con toda
limpieza.
En cuanto a la coreografía de
Farnesio de Bernal y a la ejecución de ella por Sara Pardo, Maya Ramos y el
propio Farnesio, sólo tenemos que decir que es no sólo ingeniosa, sino llena
de una belleza plástica insuperable.
Es inconcebible cómo la misma
escenografía que servía para La sonata
de los espectros, lúgubre y sórdida, pueda, poniéndola al revés y con
sólo algunos cambios, transformarse en el marco vivo y alegre de esta
comedia. Felguérez se apunta con este un nuevo
triunfo, lo mismo que Lilia Carrillo por el diseño del vestuario.
Moctezuma II. Al pie de la
Pirámide del Sol, en Teotihuacán. Autor: Sergio Magaña. Dirección: Álvaro
Custodio. Música, y bailables por conjuntos autóctonos. Reparto: Ignacio
López Tarso, Daniel Villagrán, Graciela Orozco, Enique Aguilar, etcétera.
La
reposición de Moctezuma II, de
Sergio Magaña, no es una reposición común y corriente. Al servirle de marco
la Pirámide del Sol de Teotihuacán, la obra quedó situada en su ambiente, y
se pudo apreciar toda su grandiosidad, su fuerza emotiva y la profundidad de
su tragedia.
El Moctezuma que nos presenta
Magaña es un hombre que se rebela en contra de la condición sanguinaria y de
las supersticiones de su época y de su pueblo, como si estuviera más influido
por la concepción de vida de los toltecas que de los hombres de su raza.
Nunca es un cobarde, aunque así sea juzgado por su pueblo, sino un hombre que
está fuera de su tiempo y según la propia obra de Magaña, todo aquel que nace
fuera de su tiempo es destruido. Esa concepción de la vida de Moctezuma, crea
en los señores que lo rodean inconformidad y rebeldía, lo que hace que pacten
con Cortés cuando éste llega a conquistarlos. Y Moctezuma, al verse sin armas
para luchar, al encontrarse sin apoyo, al ser abandonado por todos, no puede
hacer otra cosa que decir: Yo soy el señor, yo soy, pues, quien debe pactar
con Cortés en nombre de todos los demás jefes. |
En ese momento culmina la
tragedia En ese instante sabemos que toda esa cultura será destruida y
desaparecerá. No se trata de la destrucción de un hombre o de varios hombres,
como en todas las tragedias griegas, sino de la destrucción de todo un pueblo
y de toda una cultura. Es todo el pueblo quien a sabiendas de su destrucción
se entrega por su propia mano al verdugo. En esto radica la tragedia. Y todo
esto se nos dice, ahí, delante de la Pirámide del Sol, arriba de ella, abajo
de ella, en ella. En el máximo monumento de aquellas culturas, de aquellos pueblos
que escogieron su muerte. Y la tragedia nos hace entonces estremecer de
dolor. Nos hiere y nos conmueve hasta el punto de gritar en nuestro interior.
¿Por qué tenía que suceder así?
No hay duda que Custodio ha
logrado hacer lo que nadie: “acarrear” a su público de un lugar a otro de
México. Y de todos sus acarreos, es en esta ocasión en la que ha logrado una
mayor majestad. Es la primera vez que se atreve Custodio con una obra mexicana
que además trata de los “mexicanos”(o meshicas) y
puede decirse que su éxito ha sido completo. Custodio maneja los espacios con
elegancia. La composición de sus escenas es tan plástica que podría decirse
que son verdaderos cuadros de un gran pintor llevados a la vida. La forma en
que maneja sus luces y todos los elementos naturales que le dan los sitios
que elige para sus representaciones no hay quién los aproveche mejor. Las
danzas autóctonas no podían ser de mejor calidad, en fin, se nos agotan las
palabras para analizar todos los grandes aciertos de este espectáculo verdaderamente
incomparable.
Ignacio López Tarso, después de
su brillante actuación en El tigre a
las puertas y de su tropiezo en Otelo,
nos brinda una gran interpretación de Moctezuma, plena de fuerza, de calidad
dramática, de fuego interior.
No podríamos extendernos en
analizar el trabajo de todo el reparto, pero desde luego sobresalen Daniel
Villarán, Enrique Aguilar, Graciela Orozco, Amado Zumaya y Bruno Rey. Hay
algunos sectores que no dieron de sí todo lo que hubiera sido necesario, pero
no puede pedirse la perfección absoluta, especialmente cuando el reparto es
tan numeroso como en esta obra y cuando las dificultades técnicas que
representaba este escenario hubieran parecido insuperables a cualquier
director, menos a Custodio.
En resumen, un espectáculo que
nadie debe perderse por ningún motivo. |
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