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   Vidita negra. Sala 5 de Diciembre. Autor, François Campeaux. Dirección y Traducción: Rafael Banquells. Escenografía, David Antón. Reparto: Alfredo Varela, Dacia González, Mauricio Garcés…  

La puesta en escena de Vidita negra, es una demostración palpable de que para hacer teatro comercial no es necesario caer en la vulgaridad ni perder la finura. Rafael Banquells vuelve a la dirección escénica con una comedia propia para divertir y que deja en la boca un sabor saludable de gusto por la vida. Supo Banquells encontrar el tono justo para su dirección y aprovechó todas las coyunturas que la obra le puso en el camino para bordar sobre ella una larga serie de situaciones cómicas de buen gusto y mejor humor.

Una sola transacción, perdonable, se advierte, y es el final de la obra que debía llegar antes de la entrada de los “salvajes”, lo que le hubiera dado mayor categoría, pero en fin, el carácter de “fin de fiesta” que toma la comedia con dicho final no la daña.

El trabajo que hizo David Antón en esta ocasión puede definirse como “acrobacia escénica”, dado que en ese minúsculo foro creó un magnífico departamento y una cabaña en una isla salvaje, con mar, volcán y “cascada”, sin ahorrar ninguna ornamentación, ni siquiera la digna belleza de un leopardo. Su mérito consistió sobre todo en que supo crear la ficción teatral en forma excelente.

La presentación teatral de Dacia González en ese simpático papel de Vidita, no podía ser mejor. Se advierte en ella una gran seguridad escénica, temperamento, voz, belleza y sobre todo, “ángel”; no hay duda que tiene un camino abierto dentro del teatro. Pero precisamente porque vemos en ella buenas posibilidades

Diorama Teatral

Por MARA REYES

-no se nos mal interprete- hay que recordarle que el teatro no es fácil y que un buen debut no significa nada si no se persevera con ahínco y estudio.

Mauricio Garcés en un papel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dacia González con Mauricio Garcés. [Pie de foto.]

 

que ni mandado hacer para él. Alfredo Varela, simpático, hace patente el dominio de su oficio, especialmente en su primera escena, la cual Banquells cuidó hasta el último detalle. Eva Calvo, desagradable -¡ya se va haciendo costumbre!- y Emilio Brillas en esta ocasión sorprendió por su mesura, ya que en general, cae en la exageración. Bien, también, Yuyú Blengio.

En resumen una comedia que divertirá

 

   El oro y la paja. Teatro 11 de Julio. Autor, Barillet y Grandy. Traducción, Marcelina Marcello. Dirección, Fernández Unsaín. Escenografía,

 

Julián González. Reparto: Luz María Aguilar, Raúl Ramírez, Carlos Riquelme, Alejandro Reyna y Ema Arvizu.

 Aunque la diferencia entre otras obras que por ahora se representan en nuestros escenarios capitalinos y la que ahora nos ocupa es como la que hay entre el oro y la paja, ésta es de esas comedias que no consiguen ni ataques furibundos, ni elogios desmedidos -o medidos-, es simplemente, mediocre.

Es de esas comedias de las que no se puede decir nada porque nada contienen ¿perseguiría el autor hacer una moraleja acerca de que es menos complicado trabajar, que vivir de los demás? No lo creemos. Y en cuanto a los pocos “chistes” que podían haber más o menos salvado la obra -si es que por esa cualidad puede salvarse una comedia- están tan desaprovechados por el director que la obra resulta, además de mediocre, insípida.

Por más que se hayan querido esmerar Luz Ma. Aguilar y Raúl Ramírez -dos actores bastante buenos cuando están en manos de un buen director- su esmero no tuvo frutos. Carlos Riquelme ya va pareciendo retrato, decididamente debería cambiar siquiera de marco, cuando menos descansaría él por un tiempo… y el público.

Ema Arvizu, en su reaparición, está deplorable. El único actor que se veía vivo fue, a pesar de su corta escena, Alejandro Reyna, sin embargo, cuán superior era su actuación en el Mengo de Fuenteovejuna (dirigida por Álvaro Custodio en Chimalistac) y última escena en que lo vimos participar en un espectáculo teatral.