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trabajo en La lección de Ionesco; Erika Renner, por Antígona y Virma González, por La pelirroja, esta última, por abrumadora mayoría, salió
triunfadora. Ojalá que este premio decida a Virma González a dedicarse con mayor ahínco a un trabajo teatral más frecuente,
dadas sus increíbles posibilidades dentro de la comedia.
Revelación masculina
La indiscutible fue la de
Héctor Ortega, quien ganó por evidente mayoría, por su trabajo en Fin de partida, especialmente, sobre
José Carlos Ruiz -quien
fue candidato debido a su actuación en El
tío Vania- y Ángel Casarín por las obras del
primer programa de Teatro Japonés. Estos dos últimos actores son de gran calidad, pero
con mucha más experiencia que Héctor Ortega, recordemos, por ejemplo, la
actuación de Casarín en Fuenteovejuna,
hace varios años y de José Carlos Ruiz en Poesía en voz alta también de años
anteriores; así pues, la auténtica revelación fue la de Héctor Ortega.
La mejor actuación
femenina
Magda Donato -a la cual nunca
olvidaremos en Las sillas de
Ionesco- se llevó el premio, disputándole el triunfo, muy de cerca, Alicia
Montoya, quien figuró en las ternas por su trabajo en Los cuervos están de luto y Virginia Manzano, por Las alas del pez. También en estas
ternas hubo dos omisiones lamentables: Carmen Montejo y Berta Moss, quienes contaron con el mismo número
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de votos, faltándoles únicamente uno para empatar con Virginia
Manzano y con Magda Donato. Personalmente expreso mi enorme satisfacción por
el triunfo muy merecido de Magda.
La mejor actuación masculina
El
premio ante el cual no puedo ocultar mi franco descontento, es el de la mejor
actuación masculina del año. La terna estaba formada por Carlos Ancira, por todo su trabajo del año: Amadeo, Las sillas, ambas
de Ionesco, y Fin de partida, de Beckett, todas ellas obras plagadas de dificultades para el actor, difíciles
para la comprensión del público y que requieren un dominio absoluto de la
técnica, además de una sensibilidad poco común. Miguel Manzano era el segundo
de la terna, por su actuación en Horas robadas y en la cual desempeñó un papel de infinita ternura, lo que facilitaba en
forma considerable la proyección del personaje. Y el tercero, era Lorenzo de
Rodas, por El hombre que yo maté.
La primera votación quedó
empatada entre Carlos Ancira y Miguel Manzano,
debido a lo cual propuso, quien esto escribe, el premio doble, como en otras
ocasiones se ha tenido que otorgar. Dicha proposición estaba fundada en
aquello a lo que antes me refería, que no pueden sumarse dos peras y tres
naranjas. ¡Son trabajos tan distintos el de estos dos actores que no cabía la suma, ni la resta! No obstante, después de larga
discusión fue declarada inoperante la proposición y se hizo el desempate
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retirándose del escrutinio los votos que por escrito habían dejado
asentados aquellos miembros de la agrupación que por diferentes motivos no
habían podido asistir a la votación. El cómputo entonces dio a Miguel Manzano
dos votos de ventaja. ¿Injusto? Yo así lo juzgo. No se puede negar a Miguel
Manzano su valer como actor, pero en este caso, en este año especialmente,
era Carlos Ancira el más avocado a recibir dicho
premio, como lo he dicho en anteriores artículos.
Actuación infantil
El premio infantil,
otorgado al niño Cesáreo Quezadas, por su actuación
en Horas robadas, no suscitó
conflicto, puesto que Elizabeth Dupeyrón -quien figuró en la terna lo mismo que la niña María Cristina
Ortiz, por su actuación en La maestra
milagrosa -no obtuvo
ni un solo voto y María Cristina Ortiz sólo tuvo uno.
Grupo experimental
A este premio estaban
avocados Héctor Azar, por su labor en el Teatro Estudiantil Universitario y
en el Teatro de Coapa; Lola Bravo, por La
cita, de Anouilh, representada por alumnos de la Escuela Teatral del
INBA, y Pilar Souza, por Agamenón actuada por otro grupo de alumnos de la misma escuela. Obtuvo el premio Lola
Bravo y su grupo, muy merecidamente.
Premio Juan Ruiz de
Alarcón
Sobre este premio, podemos
decir que en un principio cojeó, al ponerse como candidatos no a los autores,
sino a las obras de ellos, y así, Emilio Carballido compitió consigo mismo, puesto que estrenó dos comedias: El relojero de Córdoba y Las
estatuas de marfil, que en esa primera votación -cuando se estaban
seleccionando las obras que figurarían en la terna- quedaron las dos
empatadas con Los cuervos están de luto después de cuyo desempate quedaron en la terna: El relojero de Córdoba, Las
alas del pez, de Fernando Sánchez Mayans, y la
mencionada obra de Hugo Argüelles: Los
cuervos están de luto.
En la decisión final, por
mayoría, triunfó la pieza Las alas del
pez. No quiero al hablar de Fernando Sánchez Mayans,
sino citar el comentario que a propósito del estreno de la obra publiqué en
éste mismo Diorama de la Cultura el 18 de septiembre: “La representación de Las alas del pez constituye uno de esos milagros teatrales en los
que todo converge a su éxito. Esta primera obra de Sánchez Mayans es de una acentuada raíz mexicana y sin embargo de
proyección universal -aspiración de todo arte- pues el tema que desarrolla es
profundamente humano…” Y finalizaba el artículo diciendo que esta pieza “bien
podría llevarse el premio Juan Ruiz de Alarcón de este año”.
Con todo esto puede verse
mi absoluto reconocimiento a este autor que tan bien inicia su carrera de
dramaturgo. Sin embargo, no puedo dejar de decir que Emilio Carballido es un escritor de primera línea que merecía
por muchos conceptos dicho premio. El
relojero de Córdoba es una obra cuajada, de un escritor maduro que jugó
desgraciadamente con una desventaja en esta carrera de obstáculos: una
deficiente dirección de escena.
Para terminar, sólo
añadiremos que nos complació sobremanera la mención otorgada por unanimidad a
Carmen
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Montejo por su labor en
el teatro mexicano y la mención al Patronato de Teatro del Seguro Social,
también por su labor por el teatro en México
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