La vida es sueño.
Capilla Abierta del ex convento de Tlalmanalco. Autor: Pedro Calderón de la Barca. Dirección Álvaro
Custodio. Vestuario: Lucille Donay. Música: Juan D. Tercero. Reparto (por
orden de aparición): Aurora Molina, Malena Doria, Graciela Orozco, Raúl
Quijada, Carlos Castaño, Daniel Villarán, Marichú de Labra, Juan D. Saro,
Sergio Ramos, Mari Carmen Vela, Sergio Bustamante, Mario Delmar y Carlos Jordán.
Semanas
teatrales como la última de octubre son rayas en el agua. El estreno en
México de la tercera versión de La vida es sueño -auto sacramental- es todo un acontecimiento. En este auto, Calderón
simboliza la historia del hombre, desde el caos hasta la redención, pasando
por el pecado original y presentando a la fe como única salvación del hombre.
En este auto la mujer no está representada, no es la mujer quien tienta al
hombre, sino directamente el pecado que a la vez simboliza la culpa, la sombra
y la muerte, y encadena al hombre al pecado original, del cual sólo la fe lo
salva. Este, como el resto de las obras de Calderón, especialmente los
autos, revela una profundidad teológica que es capaz de expresar envuelta en la más bella poesía.
Álvaro Custodio se anota con éste uno de los triunfos
más absolutos de su trayectoria corno director teatral. Una de sus cualidades
mayores es su dominio de la composición. Equilibrio que evita siempre la
monotonía. Custodio aprovecha el escenario como pocos directores en México
especialmente en espectáculos al aire libre, como en esta ocasión, e imprime
gran vigor a los personajes, a las situaciones y en general a la obra.
Sería imposible comentar el trabajo de cada uno de
los integrantes, todos logran su cometido en forma brillante, especialmente
Sergio Bustamante y Aurora Molina, el hombre y la sombra, respectivamente.
Muy bien también Graciela Orozco, Raúl Quijada, Sergio Ramos y en general
todo el reparto.
Teatro
Arcos Caracol. El aguijón. Pantomima de Alexandro basada en Acto sin palabras 2, de Beckett.
Reparto: Héctor Ortega y Carlos Ordóñez |
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El programa que presenta esta vez el Caracol (y
esperamos que no lo prohíba el Departamento de Espectáculos) está formado con
una pantomima de Alexandro, basada en el Acto sin palabras 2 de
Beckett, el autor de Fin de partida y Esperando a Godot y con Las
sillas de
Ionesco. En El aguijón se plantean dos actitudes de vivir la vida. Los
mismos hechos, con la misma rutina cotidiana son vividos por dos distintos
personajes: uno pesimista y otro optimista.
Héctor Ortega, a quien vimos su primer trabajo como
mimo en Fin de partida, se perfila ya con un dominio extraordinario de
este arte que Alexandro ha introducido en México hace apenas unos meses. Su
actuación es verdaderamente sobresaliente, tanto en esta pantomima como en el
papel que desempeña en Las sillas. Este joven actor y mimo merecerla
ser tomado en cuenta como la revelación masculina del año.
Carlos Ordóñez, joven actor colombiano, logra también
un magnifico trabajo junto con Héctor Ortega.
Las sillas. Autor: Ionesco. Traducción: Magda Donato. Reparto: Carlos Ancira, Magda
Donato y Héctor Ortega. Dirección de las dos obras: Alexandro. Iluminación y trajes, Graciela Arriaga. Sonido y efectos,
Ingeniero Víctor Velázquez.
Las
sillas es de esas obras -como casi todas las de Ionesco- que no dejan salida
al hombre. La tesis del autor en esta farsa trágica, es en síntesis la de que
el hombre, con toda su carga de años en la espalda, de soledad, de fracasos,
de ambiciones insatisfechas, en fin, con toda su historia, no se atreve a
decir al resto de los humanos su experiencia y pide a la divinidad que ella
hable por él, que sea ella quien diga a los hombres aquello que constituirá
su salvación, pero la divinidad es incapaz de hacerlo, es decir no hay fe
posible. El hombre debe realizarse dentro de sus limitaciones y no puede
trascender más allá de su propia esencia.
Obra depresiva, de gran inquietud, aun cuando pueda
estarse en desacuerdo con la tesis del autor no se le puede negar su valor,
profundidad y vigor.
A
Alexandro, director y alma
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del
espectáculo, sería necesario dedicarle muchísimo más que un párrafo. No sólo
se descubre en él una técnica depuradísima, sino un enorme poder de
proyección y gran emotividad, además de su capacidad como maestro, pues
actores corno Carlos Ancira, que ya tenían una línea de actuación que llegaba
en momentos a rayar en la monotonía, han revigorizado sus cualidades
histriónicas y hecho una total renovación de su técnica. Un aplauso, pues, a
este joven mimo y director, por su excelente trabajo, que viene a enriquecer
la escena mexicana.
Las actuaciones de Carlos Ancira y Magda Donato en las
que pasan de lo trágico a lo cómico y de lo ridículo a lo patético, son
magnificas y lograron con ellas realizar el “milagro” teatral. Ritmo,
expresión, emoción, juegan con el público, lo vencen en buena lid.
Un personaje creado por Alexandro para esta obra,
fue el ruido. Esos efectos de sonido provocan las transiciones, elevan el
espíritu o lo golpean, ambientan, equilibran la acción, se retuercen, se
enroscan en la emoción del auditorio y hacen caer a todo el mundo en sus
redes.
Una función como esta es de las que borran el
recuerdo de todos los malos ratos pasados en las mediocres cuando no pésimas
comedias que tantas veces nos vemos obligados a presenciar.
Nuevo
teatro de chile. Parecido a la felicidad. Sala Ródano. Autor: Alejandro
Sieveking. Dirección: Víctor Jara. Escenografía e iluminación. Fernando
Krahn. Reparto: Miriam Benovich, Alejandro Sieveking, Clara Mesías y Tomás
Vidiella.
Esta
obra tiene un carácter humano tal, que la hace claramente universal. El tema
es simple, una pareja que inicia su unión buscando cada uno la compañía,
huyendo de la soledad. La mujer se enamora pronto del amigo de él y termina
dejando a ambos, para volver al dolor de empezar de nuevo. Como se ve no hay
complicación -los asuntos comunes son más difíciles de renovar- el suceso es vulgar, no así el tratamiento. La acción interna de los
personajes está magníficamente desarrollada. Técnica realista de buena
factura. El |
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