Espada en mano (San Miguelito). Sala Chopin. Autor, Rafael
Solana. Dirección, Manolo Fábregas. Reparto: Tony Carbajal, Sara
García, Fanny Schiller, Guillermo Orea, etc.
Es indudable que el camino de Rafael
Solana, cristalizado ya en Debiera haber obispas, es la comedia
humorística. Espada en mano, es un sainete breve, de fino ingenio y
sin pretensiones. Diálogo fluido y sencillez son sus características.
La dirección de Manolo Fábregas, es
fácil, bien llevada, sin complicaciones, lo mismo que la escenografía. La
actuación de Sara García en su monja perspicaz, llena de gracia y suavidad.
“Tony” Carbajal, Fanny Schiller, Guillermo Orea y el resto del reparto, todos
desempeñan sus respectivos papeles con acierto.
Espectáculo hecho para divertir que
consigue su objetivo. Alegría blanca. Al menos esta obra no tendrá el peligro
de que se prohíba en nuestros escenarios.
Deborah.
Teatro Ródano. Autor, Federico S. Inclán. Dirección, Lola Bravo. Escenografía, Abel Cano. Actriz única Carmen Montejo.
Ya va siendo necesario que Inclán
recuerde que el dramaturgo no puede, ni debe, escribir al ritmo de una máquina
que va produciendo sus artículos uno tras otro. El
teatro es necesario meditarlo, “cocinarlo”, “hornearlo”. En Deborah (así, con hache final), Inclán muestra un interés por escribir, salga como
saliere, y ésa no es la forma de seguir un camino.
¿A qué esos largos fragmentos de otras
obras? Si el personaje central es una actriz, como es el caso de Deborah, y
ésta, por necesidad, recita parlamentos de otros dramas, podía Inclán haber
intercalado breves frases, como lo hace con el fragmento de Luz que agoniza,
de manera que sólo sirvan para apuntar la personalidad y no recitar íntegro
un argumento como el de La dama de las camelias y de las otras obras
con que sólo demuestra un afán por rellenar su propia obra.
Desde luego que escribir un monólogo no
es cosa de juego, y precisamente por esto es ilícito recurrir a un
procedimiento de tan mala clase como el que él usa en éste.
Si Inclán desea no perder su categoría
de dramaturgo, debe procurar orientarse más y cuidar con mayor esmero sus
comedias, aun cuando no produzca tantas. Es mejor escribir una buena obra
cada dos años que escribir dos malas en un año. Inclán es de los autores que
tiene mucho que decir, ¿entonces por qué decirlo mal?
Lo que es verdaderamente extraordinario
es el trabajo de Carmen Montejo, lo mismo que el de Lola Bravo; su dirección
es excelente desde todos puntos de vista, exceptuando la iluminación que deja
mucho que desear.
Carmen Montejo hace gala de su enorme
capacidad de actriz. ¡Qué manera de matizar! Sus transiciones se perciben
auténticas. Se entrega al personaje. En una palabra: conmueve. |