Julieta o la clave de los sueños. Teatro de la UNAM. Autor, Georges Neveux.
Traducción, José Ferrer. Director, Héctor Azar. Escenografía, reproducciones
de pinturas de Robert Wyss, Braque y Paul Klee. Reparto: Juan
Felipe Preciado, Jorge Azar P., Tara Parra, Gastón Melo, Laura Álvarez, Rosa
Furman, Eugenio Padilla. etc.
El hombre sueña y sus representaciones
oníricas parecen absurdas si se les despoja de su significación
simbólica, pero si por el contrario se explican en función de su simbología
resultan angustiosamente lógicas. En esta obra Neveux nos presenta a un
hombre que en medio de su sueño llega a un país en el que sus habitantes han
perdido la memoria, este solo detalle nos aclara que ese hombre pretende huir
de su vida real, ya que la ausencia de recuerdos forzosamente desvincula de
la realidad.
En el tercer acto, llega a la Oficina
Central del Sueño, de donde debe regresar a la realidad por una puerta que
dice “Salida”, y despertar, pero no se atreve a volver. Todos los hombres que
llegan a esa oficina buscan, entrando por la puerta que dice “Al sueño”, saciar sus deseos insatisfechos, y todos buscan a una mujer llamada Julieta,
otro símbolo más.
Cuando el hombre que no quiere regresar,
es advertido por el empleado de la oficina que si permanece ahí después de
haber despertado físicamente estará perdido, pues no podrá ya conservar su
cordura.
Neveux nos da la definición más clara y
diáfana que se puede dar acerca de la esquizofrenia: cae en ella el hombre
que despierta físicamente pero continúa soñando. El hombre de la historia
después de la advertencia cree escuchar una voz, que le llama de nuevo tras
la puerta que lleva al sueño, voz que no se escucha, es decir comienza la
alucinación, la locura, y al traspasar de nuevo la puerta del sueño, sabemos
que ese hombre no saldrá nunca de ella.
La traducción respeta todo el vuelo poético del autor
y la dirección de Héctor Azar es muy afortunada, capta el tono de la obra y
le imprime un sello característico. Detalles como el del maquinista que aún
soñando no cesa de mover las manos corno si todavía fuera en su locomotora y
otros muchos, son una muestra fehaciente de la capacidad de este joven autor
y director teatral. Un solo detalle me pareció inadecuado: la selección
musical del momento anterior en que Miguel mata, o cree matar, a su amada.
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El
grupo es homogéneo a pesar de estar formado por actores, algunos de ellos
profesionales desde hace años, como Tara Parra, Rosa Furman, etc., otros que
ya hemos visto en algunas ocasiones, como Gastón Melo, joven actor del que
recordamos su reciente creación en Despertar de primavera y que tiene
muchas posibilidades, Sergio de Alva y Eugenio Padilla y otros que es la
primera o segunda vez que tenemos oportunidad de apreciar, como Juan Felipe
Preciado, a quien vimos en el papel del Sr. Gabor, en Despertar de
primavera, pero que en realidad es esta la primera ocasión que puede dar
rienda suelta a su capacidad interpretativa.
Departamento de soltero. Teatro Milán. Autora, Marissa Garrido. Dirección, José de Jesús
Aceves. Escenografía, Graciela Castillo del Valle. Reparto: Carlos Cores,
Guillermo Zetina, Alejandro Ciangherotti, etc.
Graciela Castillo del Valle es una
escenógrafa que tiende al naturalismo, podría decirse que es más bien una
decoradora de interiores. En esta ocasión aunque resultó algo desequilibrada
la escenografía, pues todo el foco de acción estuvo forzado hacia un solo
lado del escenario, la combinación de colores, el mobiliario y la terraza
eran de buen gusto.
La dirección de José de Jesús Aceves
es de las menos afortunadas que le hemos visto, tal vez porque la obra no se
prestaba para hacer maravillas. Guillermo Zetina, actor al que hemos visto
desempeñar el modista de Una mujer para los sábados y el secretario en Detrás de la puerta, ambas de Inclán, a pesar de su buena voluntad, no
logra superar en esta comedia, ni siquiera igualar, esas interpretaciones, y
esto lo atribuimos a lo mal construido del personaje. Carlos Cores es un
actor que merece un papel mejor y en Ciangherotti, aunque a distancia, se
advierte el dominio que tiene de su oficio; por otra parte no debería buscar
la risa del público con detalles que salen totalmente de las características
de su personaje.
En cuanto a las mujeres, Mari Carmen
Vela, discreta; Lucha Altamirano, la mejor de todas indiscutiblemente, Lupe
Arozamena en uno de los papeles más ingratos de toda la historia teatral y
Marta Olvera, que demuestra ser una buena modelo, pero una mala actriz.
Me parece que he olvidado hablar de la
obra… pero no vale la pena ni siquiera ocuparse de ella. |
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