Susana tiene un secreto.
Teatro: 5 de Diciembre. Autores: Gregorio Martínez Sierra y Honorio Maura.
Adaptación: Unsáin y Varela. Escenografía: Julián González. Director: Rafael
Banquells.
Cuando
se dice que hay estreno en la Sala 5 de Diciembre, todos sabemos ya qué
género de teatro veremos, y no por prejuicio, sino por constancia:
superficial, plagado de chistes baratos (salvo excepciones, como fue El
hombre, la bestia y la virtud) y por lo general sin ninguna inquietud
artística. En esta ocasión, Banquells no se sale de esa línea comercialista
que se ha trazado, sólo que escogió una obra que ni siquiera llega al chiste
barato, simplemente no hay comicidad en ella. La trama, absurda hasta lo
absurdo, no tiene ningún interés y en realidad lo mismo da que se resuelva en
una forma que en otra.
Hay
quienes brindan al teatro lo mejor de ellos y quienes extraen del teatro lo
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para
ellos. Es la diferencia entre dar y recibir. Y Banquells, quien antes se
interesaba en dar, ahora sólo quiere recibir. Ya sabemos que el artista tiene
que vivir, pero podría alternar una obra de dar con otra de recibir, como lo
hace Aceves, y todos en paz. El egoísmo podrá llevar al enriquecimiento, pero
no a la superación.
Es una lástima que Rosita Arenas, quien por primera
vez pisa un escenario, haya seleccionado para su debut en el teatro una obra
de tan mala calidad; no obstante, deja entrever que hay madera en ella. En cuanto
al resto del reparto, sabemos ya que la actuaciones en este género de
comedias están hechas en cliché, lo que no quita que se trasluzcan las
dotes histriónicas de Alfredo Varela, Julio Alemán, del propio Banquells y
hasta de Dina de Marco, pero en lo que respecta a Ortiz de Pinedo, el cliché
ha llegado a tal extremo de fusión con el actor, que si prescindimos del cliché no queda nada del actor.
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