Diálogos de las carmelitas. Palacio de Bellas Artes. Autor:
Georges Bernanos. Versión española de Francisco Fe Álvarez. Dirección: José
de J. Aceves. Escenografía: Antonio López Mancera. Reparto: Berta Moss,
Marilú Elízaga, Luz María Aguilar, Hortensia Santoveña, Carmen Molina, etc.
Pocas obras tienen la
hondura y penetración humana, por no decir teológica, de estos diálogos que
han merecido el ser llevados al teatro, al cine y a la ópera. En esta
obra, Bernanos, muestra como el Mal puede manifestarse bajo la apariencia del
Bien y viceversa. Para ello se vale de un contrapunto que juega durante todo
el movimiento de la obra. El hecho histórico en el que se basa el autor de
esta tragedia, viene a ser el factor menos importante. Lo valioso es el trazo
de los personajes. Por un lado está Blanca de la Force, quien tras de su
Miedo, sinónimo del Mal, se encuentra la lealtad que la empuja, después de
una cruenta lucha interior, al cadalso; vence al fin el Bien. Y haciendo el
contrapunto, Sor María, la Subabadesa, aparente poseedora del Bien, quien
después de presionar a todas sus hermanas del Carmelo, para que pronuncien el voto del martirio,
cae en
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Diorama Teatral
BERNANOS SABE
Por MARA
REYES
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el pecado del “orgullo”, disfrazado con la supuesta
humildad y amor al sacrificio. Sor María es quien determina la tragedia de
sus hermanas y queda, por un azar histórico, que viene a ser como el designio
de Dios, única superviviente de aquel grupo de infelices mujeres a las que ella
empujó hacia la muerte. Demuestra así el autor cómo el Mal puede ocultarse
bajo la apariencia del Bien.
La versión española de Francisco Fe
Álvarez, de muy buena factura, esta escrita en un magnífico lenguaje. Un
detalle se escapa sin embargo. En toda la obra las religiosas se autonombran
“sirvientas de Dios”, siendo que en realidad el nombre que se les asigna es
el de “siervas de Dios”.
José de Jesús Aceves se anota un
triunfo definitivo en su carrera. La
dirección presentaba serias dificultades, principiando por el número
increíble de cuadros que seccionan el hilo de la obra y a los que había que
dar unidad. Su dirección más o menos “académica”
ayudó en
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cierta forma al estilo de la obra.
Antonio López Mancera logró una
escenografía que no podrá olvidarse en mucho tiempo. Plástica y funcional.
Sencilla y ambientada.
Cuando a propósito de su actuación en Leocadia,
dije que Berta Moss me parecía una actriz de enormes recursos, no imaginé que
muy pronto Berta aparecería ante nosotros como una actriz dramática tan
profunda. ¡Qué dominio de la técnica y de la emoción! Es indudable que será
merecedora de quedar incluida en las ternas de este año.
Luz María Aguilar, buena actriz, pero con escasa voz.
Marilú Elízaga en una actuación decorosa y no falta de aciertos, lo mismo que
Hortensia Santoveña. Bien, Carmen Molina y Socorro Avelar; en cuanto a Felipe
Santander, no tiene idea de lo que es representar a un marqués. En fin, un
espectáculo digno de verse, aunque sólo fuera por la creación que de su corto
papel hace Berta Moss.
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