Escenografía: David Antón. Reparto:
Magda Guzmán, Manolita Saval, Magda Donato, Norma Angélica, Rebeca San Román,
Marta Elena Cervantes, Ramón Bugarini, etcétera...
Otra comediógrafa que fracasa en lo que va del año,
aunque por muy distintos motivos de aquella Marissa Garrido de Lo que
callan las mujeres. Rosa Margot Ochoa peca de ignorancia de la técnica
teatral. La intención es buena, intenta la autora hacer una crítica de cómo
la alta sociedad tiene que perder su integridad moral para poder adaptarse a
su ambiente. Para decir esto recurrió a personajes anodinos, escenas en las
que en un afán de decirlo todo digerido y como en una lección, resultan
falsas y carecen de verdadera acción dramática. Necesita aprender a manejar
la autora sus ingredientes. A pesar de todo esto, puede verse en Rosa Margot
Ochoa un germen que si sabe desarrollarlo a base de estudio, daría buenos
resultados.
Magda Guzmán, tan
buena actriz como siempre, no tiene ninguna oportunidad de lucimiento en ese
papel que viene a ser como el de “consejera universal”. Magda Donato,
interpretando un personaje mejor plasmado por la autora, está estupenda; lo
mismo que la joven Norma Angélica, quien desempeña el papel menos ingrato:
una tonta. Decorosa la actuación de Diana Ochoa e insoportable la de María Elena
Orendáin.
La dirección… hay naufragios que ni el
mejor capitán logra impedir.
Crimen pluscuamperfecto
Teatro Once de Julio. Autor: Tono. Dirección: Víctor Moya. Escenografía: Rubén Galván,
Reparto: Enrique Aguilar, Ernesto de Llano, Begoña Palacios, Alfonso Arana,
etcétera.
Un nuevo teatro se estrena. Ni
gritos ni trompetazos. La comedia, caricatura de una comedia policíaca no
tiene atractivos, a pesar de que la trama es ingeniosa. Aquellos que son
buenos actores como Enrique Aguilar y el desaprovechado Alfredo Pacheco,
pasan inadvertidos. Begoña Palacios con su vocecita de acatarrada crónica no
logra agraciar lo que nació desgraciado. El único toque de comicidad
auténtica lo da Alfonso Arana, y Oscar Pulido le da el toque mortal.
Una comedia que Moya no debió dirigir.
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