DIORAMA TEATRAL
Por MARA REYES

     La verdad desnuda. Teatro Arcos Caracol. Autor, Michel Durán. Dirección, José J. Aceves. Traductor Eleazar Canale. Reparto: Pancho Muller, Emilio Brillas, Elena Julián y Sara Gabriela.

    La verdad desnuda pertenece a aquellas obras que dejan en la taquilla un buen recuerdo. La ligereza de la comedia -a manera de las de boulevard-, atraerá sin duda a los que gustan ir al teatro exclusivamente a divertirse.

    La dirección, bien llevada, acentúa la comicidad de la comedia. No podemos decir lo mismo de la traducción, que nos pareció en general desacertada.

    Los actores, de distinta catadura todos, a pesar de sus diferencias se notan amoldados. Francisco Muller, el mismo buen actor de siempre y también con sus mismos errores -su extraña forma de hablar que ¿nunca se corregirá?- Emilio Brillas, demasiado desenfadado y también como siempre, exagerado en sus actitudes, pero siempre actor.

    Las mujeres, las dos, no sabiendo qué hacer con manos, se dedicaron a repetir,

sistemáticamente, los movimientos. Elena Julián, a retorcerse un dedo con la mano libre y Sara Gabriela, que lo que más lució fue un despampanante vestido que hizo brincar a la concurrencia, se pasó todo al tiempo con las manos en la cintura.

 

     Lo que callan las mujeres. Teatro Jorge Negrete. Autora, Marissa Garrido. Director, Fernando Wagner. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: Carmen Montejo, Prudencia Grifell, Alicia Montoya, Héctor Gómez, Rosa Elena Durgel, Ramón Gay, etc.

Cuando se trata de hacer en teatro una comedia que es para la radio, ocurre un desastre. En este caso, el desastre perjudica a un público que va a terminar por no ir al teatro para no exponerse a esas “fritangas” La autora, debiendo ser la primera en respetar el título de su obra, Lo que callan las mujeres, debía haberse callado todo lo que vertió en ella y nos hubiera librado de una indigestión.

Los errores son de primer año. La obra es rebuscada, con una trama y un diálogo, especialmente éste, en los

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

momentos dramáticos, risible. Las situaciones completamente descabelladas. Es algo así como un melodrama “venido a menos”.

Inexplicable parece que Carmen Montejo monte una obra de tan baja calidad y descuide su prestigio.

En cuanto a la dirección, que como casi todas en México, es de Fernando Wagner, no pudo hacerse más. Los actores, casi todos ellos excelentes (el “casi” lo da Agustín Sauret), no podían tampoco hacer más con sus malhadados papeles.