La vedette y el Cardenal. Teatro Arlequín. Autores: Raymond Vincy y Jean Valmy. Traducción y
adaptación: Carlos León y Antonio Haro Oliva. Escenografía: Graciela
Castillo del Valle. Dirección; Ricardo Mondragón.
¿Que la comedia es de
Raymond Vincy y Jean Valmy? Tal vez. Mejor debería decir el programa que los
autores eran Carlos León y Antonio Haro Oliva, inspirados en un tema de Vincy
y Valmy. La obra se transformó en una colección de chistes más o menos burdos
que hacen reír de todas formas.
Apenas deja entrever, la versión que presentamos,
la crítica a las costumbres aristocráticas y a los prejuicios de una sociedad
que ya no tiene vigencia. Este género de versiones deberían estar controladas
por algún organismo -la Unión de Autores, por ejemplo-, pues ponen muchas
veces en grave peligro el prestigio de sus auténticos autores.
En cuanto a la
interpretación, Nadia Haro Oliva salva la comedia con su finura y elegancia;
claro que es siempre ella misma,
lo mismo en El valet ruso que en Escuela de cocottes y en La
vedette y el Cardenal: pero su simpatía natural la disculpa. Su reino es
la comedia ligera (como ésta) y el vodevil.
Carlos
Riquelme, en un papel que le obliga a la mesura -cosa que le hacía falta hace tiempo-, se desempeña con sobriedad y logra una muy buena actuación. A Luis Manuel Pelayo no se le
veía por los escenarios hace mucho, y lo vimos muy discreto y muy actor.
Andrea Palma siempre “se las sabe todas”, menos, por supuesto, su papel; sale
airosa, como siempre, aunque de vez en cuando ponga en aprietos a los que la
circundan.
José Luis Jiménez, actor de verdad, de
los que saben transformarse cada vez, vuelve al escenario con su misma
sobriedad.
Una actriz que promete es
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