Un macho. Teatro Fábregas. Autor, Edmundo Báez. Dirección,
Fernando Wagner. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: Leonor Llausás, Noé Murayama, José Gálvez, Alicia Gutiérrez,
etc.
Hay
ocasiones en que no se comprenden las equivocaciones. ¿Cómo es posible que la
Unión Nacional de Autores haya puesto en escena bajo su patrocinio una obra
como Un macho? No pueden escudarse
en el pretexto de que no había otra obra mejor. Ahí está A Medio Camino, de Carlos Prieto, que acaba de ser puesta por
aficionados en el teatro de Recursos Hidráulicos y muchas obras más.
No se
comprende tampoco cómo Wagner, en los momentos en que preparaba la
presentación
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sacar adelante.
Es de
lamentar que el público de México, aún esté tan cohibido, pues en cualquier
otro país en el que el teatro esté convenientemente desarrollado, la obra se
hubiera “meneado”. Y señores miembros de la Unión Nacional de Autores,
procuren por propia conveniencia no desprestigiar al teatro mexicano.
María
Estuardo. Teatro
del Bosque. Autor, Friedrich Schiller. Traducción, Manuel Tamayo Benito.
Versión escénica y dirección, Fernando Wagner. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto:
Virginia Manzano, Carmen Montejo, Amparo Villegas, etc.
Es
verdaderamente inconcebible que un director pueda con tan sólo 24 horas de
diferencia,
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de María Estuardo, obra que encaja con su
sensibilidad, se atreve a dirigir Un macho después del brillante papel que desempeñó en la dirección de Experimento
Sagrado (Así en la tierra como en
el Cielo). Desconocemos las razones por las cuales haya aceptado dirigir
esta obra (?) [sic] pero creo que
ninguna puede ser lo suficientemente valedera para justificar un hecho que va
en su propio demérito.
La obra
está anunciada como farsa. Y hay quien asegura que fue Wagner quien no supo
darle el ambiente y la interpretación adecuados. Yo pienso que si bien los temas
mexicanos no son de ninguna manera el fuerte de Wagner y que no tiene una
comprensión profunda de ellos, también creo que Un macho no es una farsa, lo mismo que no es una pieza dramática.
Sus parlamentos, de una pobreza increíble, no encajan en ninguno de los dos
géneros, pues para que un diálogo sea concordante lo primero que se necesita
es que exista.
Considero
que el único que puede justificar su participación, es Noé Murayama, a quien
por primera vez le da la oportunidad de tener el papel estelar, papel que él
intenta por todos los medios
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impresionar de tan distinta manera a un público. María Estuardo, es indudablemente una
de las obras que con mayor propiedad han sido representadas en nuestros
escenarios. En esta magnífica tragedia, llevada a la escena como acto de
conmemoración del bicentenario del natalicio de Schiller, el poeta toma como
tema un pasaje histórico de Inglaterra: el momento en que María Estuardo, al
huír de Escocia después de su casamiento con el asesino de su anterior
esposo, se refugia en el reino de su hermana Isabel, en donde en lugar de
encontrar protección es hecha prisionera.
La escena en la que las dos reinas -Carmen Montejo en el papel de la reina prisionera y Virginia Manzano en el de Isabel
de Inglaterra- se encuentran por primera y única vez, es de gran fuerza
dramática. Cada una de ellas representa dos posturas políticas y religiosas.
Isabel ha llevado a cabo la Reforma y en torno a María Estuardo se organiza
la Contrarreforma. Los matices con que fueron actuadas ésta y otras muchas
escenas dieron a la representación la calidad dramática que la obra de
Schiller merecía.
Aún
cuando la traducción deja mucho qué desear, puede
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apreciarse la enorme riqueza poética y la
profundidad de pensamiento del poeta. Y los cortes que Wagner realizó en el
texto no hicieron que la obra perdiera en unidad y evitaron en cambio, que
pudiera resultar fatigosa.
La
escenografía de López Mancera fue un magnífico marco, pues supo resolver
todos los problemas con ingenio y verdadero arte; lo mismo puede decirse de
la fastuosidad del vestuario.
Carmen Montejo, quien desde su aparición en
escena se le ve dueña de un auténtico señorío, mantiene en todo momento un
nivel de actuación de actriz en toda plenitud; ésta y la no menos
extraordinaria Virginia Manzano, encabezaron un reparto que estuvo al
nivel de las circunstancias. Amparo Villegas, Mario García González, Mario
Orea, Carlos Bribiesca, Carlos Navarro, Ángel
Casarín -estos dos últimos reaparecen después de larga ausencia- Rafael
Llamas y Agustín Balvanera, lograron actuaciones de gran calidad.
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