La tercera palabra. Teatro Milán. Autor: Alejandro Casona. Dirección: Luis G. Basurto.
Escenografía: David Antón. Reparto: Carlos Cores, "Teresita" Siqueiros, Maruja Grifell, Fanny Schiller,
Enrique Aguilar, Manuel Zozaya, etcétera.
Literariamente juzgada, la obra
contiene, como todo lo de Casona, una gran riqueza poética, pero juzgada
teatralmente su desarrollo está apoyado en un sinnúmero de recursos
efectistas que aunque hacen que la obra logre impresionar, ésta resulta
artificial, o mejor dicho artificiosa. Muchas de sus escenas están sostenidas
con palillos y son tan frágiles que un papirotazo las derrumbaría. Casona, en
cambio, domina el diálogo; esto y su buena literatura lo salva.
Aun cuando los personajes
están delineados por el autor en forma de “tipos”: el salvaje inteligente, la
tía dominante, la tía obediente, la muchacha pobre que se ha labrado su
carrera a base de sacrificios, el villano galante, etcétera, Basurto intentó
imprimir a cada personaje un carácter y logró una dirección acertada
Teresita Siqueiros después
de hacer durante algún tiempo televisión, debuta por primera
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vez en teatro con un papel
que tiene sus bemoles: tan pronto es ingenua como maliciosa, sociable como
arisca, pacífica como rebelde, tímida como orgullosa. Teresita pasa de un
matiz a otro con desenvoltura. No pretendemos que esté perfecta, pues sabemos
que se gana perfección a medida que se gana en experiencia, pero en general
sale adelante con discreción y fortuna.
Carlos Cores,
el actor platense que estrenó esta misma comedia en Argentina, es sin lugar a
dudas un actor hecho y derecho. Maneja las situaciones admirablemente y juega
su papel con el dominio de un equilibrista. Saber siempre hasta dónde se debe
llegar sin extralimitarse, es un don, y Carlos Cores lo posee, además de una excelente voz y figura.
Maruja Grifell y Fanny Schiller demuestran que son actrices de
abolengo. Enrique Aguilar correcto. Manuel Zozaya,
estereotipado, y Victorio Blanco estaría mejor si eliminara algunos resabios
de teatro caduco, como por ejemplo el estar continuamente
mirando al público. El resto del reparto, bien.
La escenografía de David
Antón cumple, sin llegar a mayores.
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