Los ciegos. Teatro Ródano. Autor. Michel de Ghelderode.
Traducción, Carlos Solórzano. Dirección, Antonio Passy. Escenografía y
vestuario, David Antón. Reparto, por orden de aparición, Antonio Passy,
Sergio Ramos, Alonso Castaño y Luis Rizo.
Como todo
el teatro de Ghelderode, nos encontramos con una
obra de manufactura extraña, de técnica distinta y de buena literatura. La
obra esta llena de poesía y de lamento y en ella trata de mostrar la
incapacidad del hombre para realizar sus ambiciones, la estrechez de su
visión y el que sus avances no son sino ilusorios. Por otro
|
|
DIORAMA TEATRAL
|
lado
pretende que ningún hombre puede ayudar a otro; cada quien está condenado a
su propio destino.
La
dirección de Antonio Passy, bastante acertada, se caracterizó por una
exageración en la actuación, cosa indispensable para dar énfasis al
simbolismo. Luis Rizo, un actor que cada vez es distinto, nos pareció
excelente; Alonso Castaño, estereotipado ya en sus gestos, extralimitó la
exageración, pues también ésta debe tener un justo medio. Sergio Ramos y el
propio Passy hicieron una muy buena interpretación de sus respectivos
papeles. La escenografía, sencilla y funcional, dio el ambiente propio a la
representación.
En el mismo teatro, con el
mismo director, con traducción de Álvaro Arauz y mayor reparto: Carmen Salas, Antonio Passy, Jacqueline Andere, Luis Rizo, Carmen Sagredo y Alonso Castaño,
se presentó esta “antipieza” en un acto de Eugene
Ionesco. Desconcertante como todo lo de este autor. A pesar de su aparente
incoherencia, nos da una idea amarga de la concepción que Ionesco tiene del
mundo de hoy. Un mundo en el que el hombre ha llegado a un punto crítico por
su cada vez menor capacidad de comunicación. El hombre intenta comunicarse
entre sí, pero a pesar de eso está solo, terriblemente solo, como denota la
historia del matrimonio Martin, que ha convivido, ha procreado, y a
|
|
pesar de eso, no se
reconoce y todos sus encuentros son una extraña
coincidencia. En el pasaje de las fábulas que los personajes se platican
con objeto de entretenerse, Ionesco no hace sino señalar que el arte es sólo
un refugio del hombre, una fuga de su soledad.
Antonio Passy, en esta
pieza, se fue por el lado cómico y rehuyó la interpretación verdadera,
patética, y aprovechó todo el elemento cómico que la obra le facilitaba para
desvirtuar el sentido trágico que contiene. Teatralmente no puede
criticársele, sabe manejar la escena y a sus actores; sabe, en una palabra,
lo que es teatro, pero hay que preguntarse: ¿Por qué se fue por el lado
fácil? ¿Por qué tuvo miedo de interpretar toda la tragedia que la obra
encierra? ¿Por temor de que al público no le agradara? Esto sería
verdaderamente lamentable.
Los
actores, ya puestos en el terreno cómico, de lo cual no son culpables,
desempeñaron sus papeles con justeza. Sobresaliendo especialmente Carmen
Salas, Carmen Sagredo y Luis Rizo. La escenografía y vestuario de David
Antón se ajustó a la idea que Antonio Passy tenía de la obra y no a la del
autor, quien dice en su descripción de la escenografía: “Sillones de estilo
inglés. Tarde inglesa. En un sillón el señor Smith en zapatillas inglesas,
fuma su pipa inglesa y lee un periódico inglés”. Y en la escenografía de
Antón no había nada inglés.
|
|
|
|