DIORAMA TEATRAL
Por MARA REYES
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Canasta de niños. Teatro Ariel. Autor, André Roussin. Traducción,
Magda Donato. Dirección, Julián Duprez.
Escenografía, Vicente Echeverría.
El tema es simple y el ritmo vivo;
se trata de una obra en pro de la natalidad -si la cigüeña cobrara en esa casa se enriquecería-. A
pesar del tono ligero de la comedia tiene éste sus pequeñas pinceladas de crítica.
Los
personajes son Carlos, el ministro, muy bien trazado y que personifica la
moral política; Luisa, su esposa, una madre común y corriente, sin malicia y
a la que, junto con el marido, manejan los hijos poniendo a cada momento de
manifiesto una habilidad para dominarlos, que los padres nunca acaban de
desentrañar.
El único capaz de reírse de
todo y sin duda el personaje más simpático de la comedia, aunque incidental,
es el abuelo. La dirección está bien llevada en el ritmo y en el tono. En
cuanto a la actuación, Francisco Jambrina, con esa
naturalidad que le caracteriza, hace un estupendo ministro. Emperatriz
Carvajal, de
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nuevo en
un papel que mejor se adapta a su género de actuación.
Raúl Farrel, el eterno joven (¿no será otro Dorian Gray?) muy
bien, lo mismo que Libertad Ongay y María Olvera. Aracelia Chavira, la hija, se siente aún un poco pesada
para la escena, necesita estudiar más y adquirir desenvoltura. Miguel Maciá, el abuelo, hace su primera reaparición en un
escenario capitalino, después de haber hecho el Comendador en Fuenteovejuna en 1956; de entonces a
la fecha ha recorrido varios países de América en una gira que él mismo
dirigió. Verdaderamente creemos que Maciá merece
volver a nuestros escenarios con un papel de mayor envergadura.
Viaje sin escalas
Teatro
Sullivan. Autor, Jacques Deval. Traducción, Irma Terragnuolo.
Dirección, Rafael Banquells. Escenografía, Julio
Prieto.
¿Por dónde
empezar?.. La obra… me limitaré a relatar algo de ella: Martina, una
joven bonita. ¡Ah!... francesa,
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y se
supone que calculadora; a base de ahorro y un préstamo va a los Estados
Unidos a tratar de casarse con un millonario; escoge el mejor medio para
conocerlo: viajar en la clase de lujo del Île de France. En el camarote que le corresponde va escondido un
joven polizón que viaja con la misma finalidad que ella, sólo que la novia
rica va a bordo del mismo barco. Martina lo descubre y después de algún tiempo
acepta que él haga el viaje en el mismo camarote que ella, pues supone que si
lo echa, ese acto le traerá mala suerte.
Desde que
esta situación se plantea en el primer acto todos sabemos en qué terminará
la historia. ¿Usted no lo adivina? Así pues, la obra se sostiene a base de
chistes, unos de regular calidad y otros absurdos.
Ana Berta
Lepe está pasable, y Mauricio Garcés, con su habitual facilidad para el
chiste y su desenvoltura, logra su único objetivo: hacer reír. Anabel Gutiérrez, en un papel que parece su vivo retrato.
Ortiz de Pinedo con sus visajes de costumbre arranca del público
fuertes aplausos.
Si lo que
Rafael Banquells busca es ganar dinero, lo logrará,
ahora, si alguna vez ha buscado lograr algo más que eso, debería escoger mejor
las obras que pone y... pero en fin, nosotros no debemos meternos en
eso.
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