La muñeca muerta. Teatro del Músico, Autor, Horacio Ruiz de la Fuente. Dirección y
actuación única, Enrique Rambal. Escenografía,
Julio Prieto.
Desde
principios de 1957, Enrique Rambal anunció para
este año un nuevo monólogo del mismo autor de Bandera negra y No
me esperes mañana.
En La muñeca muerta, Ruiz de la Fuente
vuelve a acusar su preocupación por la muerte y expone toda la rebeldía que
causa la impotencia frente a su fatalidad a lo aparentemente inexplicable
de su ocurrencia y sobre todo a su condición definitiva. A esta idea
mezcla el sentimiento de culpa, por haber dicho a Laura que no la quería,
sobre lo cual edifica toda la obra.
El monólogo consta de dos
actos. El primero describe la personalidad de un individuo, escultor, rebelde
frente a las normas y los prejuicios, seguro de sí mismo y un tanto amargado
y su relación con Laura, en la que han intervenido una serie de
circunstancias que han perturbado su nexo amoroso. Este acto, a pesar de
tener planteamientos y actitudes exageradas por momentos, literariamente está
mucho mejor logrado que el segundo acto, en el cual aparece ya el problema de
la culpa en todo su apogeo. Si el autor hubiera suprimido la gran cantidad de
elementos melodramáticos y de recursos de mal gusto, como el paseo con la
muñeca y muchos otros, la obra entera habría ganado con ello.
Es tan
diferente el movimiento, el tono, el ritmo y la fuerza en los dos actos,
que tal parece que son dos diversos monólogos, unidos sólo porque el
primero plantea los elementos subjetivos que desencadenarán la culpabilidad
de Julio en el segundo.
Julio, es
un sujeto que se debate entre una serie de contradicciones y una
profunda angustia originada por la culpa y la necesidad imprescindible
de ser perdonado, pero el autor al terminar la obra, como final feliz, lo
salva de su culpa, a través de otorgarle una forma de perdón; para
lo cual se vale de un truco escénico demasiado burdo.
La
escenografía de Julio Prieto, puede considerarse como una muy buena realización.
El error de estar vivo
Sala Chopin. Autor, Aldo de Benedetti. Traducción,
Amadeo Recanatti. Dirección, Enrique Rambal. Escenografía, Julio Prieto.
Un hombre
muerto sin estarlo prefiere hacerse pasar por tal, debido a las ventajas
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