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Diorama Teatral
 

    El alcalde de Zalamea. Escenario: Colegio de las Vizcaínas. Autor: Don Pedro Calderón de la Barca. Director: Álvaro Custodio. Vestuario: Dolores Díaz de Sáenz. Canciones del siglo XVI seleccionadas por Antonio Alatorre. Bailes: Raquel Gutiérrez. Reparto: Teatro Español de México.


       El alcalde de Zalamea
es, junto con La vida es sueño, la cúspide de la producción de Calderón. En ella el autor enfatiza sobre una de las ideas más determinantes de aquella época: el honor. El antagonismo de clase y la enorme preponderancia de la aristocracia y la milicia sobre las clases ciudadanas, hizo que el pueblo conservara la idea del honor como rasgo determinante de la libertad moral privada.

Y este es el eje de El alcalde de Zalamea. Se le debe al rey sometimiento y respeto, pero el honor es la dignidad individual la cual nadie tiene derecho a menoscabar.

 

Al rey, la hacienda y la vida

se ha de dar; pero el honor

es patrimonio del alma,

y el alma sólo es de Dios

 

Dice Pedro Crespo. Él es amo y señor de su casa e incluso a un hombre de alta jerarquía, como es don Lope, se atreve a responder en el mismo tono y lenguaje. Difícil es concebir a Calderón sin el antecedente portentoso de Lope de Vega. En Fuenteovejuna (escenificada en 1956 también por Custodio) trata Lope problemas similares, no obstante, el tono es diferente, se trata en aquella de una rebeldía colectiva. Una evidencia de la diferencia entre ambos dramas es, por ejemplo, la respuesta pasiva de Isabel, en El alcalde de Zalamea, ante la violación de que es objeto, que la obliga a pedir a su padre que la mate para salvar su honor, en contraposición con la actitud de Laurencia en Fuenteovejuna que después del ultraje recibido se encara a su propio padre y apremia al pueblo a un levantamiento en nombre de sus derechos.

Don Pedro Crespo, en cambio, hace su propia justicia y se somete al juicio del rey, el cual no viene siendo más que un símbolo de la justicia. Pero en ambas obras la figura del rey equitativo obliga al cumplimiento de la ley vigente e incluso se perdona a los inculpados cuando el delito ha sido promovido por una gran injusticia. Y no es casualidad que Calderón sitúe la acción en el siglo XVI bajo el reinado de Felipe II, del cual se ha dicho que no sólo aprehendió a su propio hijo, sino que lo hizo ajusticiar.

Un enorme acierto en la realización que ha llevado a cabo Álvaro Custodio, ha sido la elección de ese maravilloso escenario que es el Patio del Colegio de las Vizcaínas,

superando las enormes dificultades que presenta la extensión y desplazamiento de los ejecutantes. El desarrollo interior de cada uno de los personajes sabe extraerlo y hacer que se proyecten con toda la emotividad y fuerza con que Calderón debió pensarlos. Difícil es hacer destacar de entre todo el grupo de actores aquellos que con más acierto desempeñaron sus respectivos papeles, aunque indiscutiblemente por la importancia que juegan en la obra y la justeza de la interpretación podemos nombrar a Eduardo Fajardo, Yerye Beirute, María Idalia, Antonio Gama, Marina Herrera (Marilú) y José Solé. Sin por ello restar mérito al resto del reparto.

    En síntesis, es una realización que será ineludible para todo el público que se interese por el buen teatro. Creemos que sería conveniente que el Teatro Español de México diera funciones populares.

 

El alegre suicida

 

Teatro: Casa del Maestro. Autor: Fodor. Adaptación y escenografía: Felipe del Hoyo. Director: Manuel Lozano. Reparto: Manuel Lozano, Jorge Ponce de León, Guillermo Hurtado, Socorro Carbajal, Hilarlo Vite, etc.

Se trata de una comedia ligera, con sabor un poco infantil y personajes de leyenda. El autor, de origen húngaro, trata los temas con amabilidad y sencillez. Al diálogo, tal vez por tratarse de una tercera traducción, en algunas escenas le falta brillantez, pero esto pasa casi inadvertido. La obra está adaptada especialmente para esta ocasión, y así vemos que se desarrolla en otra época de la que el autor la concibió, ganando con ello, pues no se justificarían igual sus personajes si se les situara en época más reciente. Manuel Lozano mueve bien a sus actores y da el tono que la pieza requiere. No olvida jamás que se mueve en un país imaginario.

Los actores discretos sacan adelante su cometido. La escenografía de muy buen gusto. Es realmente una labor encomiable la de este grupo de gente nueva y fresca, que tiene la inquietud de hacer llegar su arte hacia un público más popular. Lozano ha conseguido que la fundamental manutención del teatro no sea cargada al público y ha logrado poner a sólo $5.00 el precio de entrada. Le deseamos éxito.

 

Noche deliciosa

 

   Teatro: Bon Soir. Autor: Jacques Deval. Traducción: Álvaro Arauz. Director: José de J. Aceves. Escenografía: David Antón. Reparto: Eda Lorna, Carlos Petrel, Miguel Angel Ferriz.

 

Reposición afortunada ha

 

sido ésta. La comedia es divertida y muy ingenioso el desarrollo. No se trata de una comedia de altos vuelos, sino de una de enredo, bien llevada y que deja una agradable disposición de ánimo. Difícil resulta para los actores llevar el peso de toda la obra cuando son sólo tres los personajes que en ella juegan, pero lo hacen con verdadero acierto, con la circunstancia de que la actriz Eda Lorna, es la primera vez que hace teatro de comedia, y puede decirse que su debut es alentador, pues descubre facultades indiscutibles en ella. Ojalá que Aceves continúe dirigiéndola para que pueda en poco tiempo tener un perfecto dominio de su voz, tal vez como lo tiene de la actitud y del ademán. [Columna añadida a partir del original de la autora.]