504. [Inserción manuscrita de la autora.] Teatro Ródano.
Autor, J. M. Fernández Unsaín. Escenografía, Julián
González. Reparto (por orden de aparición): Raúl Meraz, Kitty de Hoyos, Alfredo Varela Jr. y Domingo Soler.
Siempre ha sido
perjudicial para el teatro basar las esperanzas de éxito y la publicidad en
una “estrella” y esto, aun cuando
se trate de un actor o actriz de la más alta calidad. El teatro no es
fragmento de un todo sino una unidad indivisible. 504 tiene por eje principal una actriz, Kitty de Hoyos, que ejecuta tres papeles distintos. Pero por bien que estuviera la
actriz en cuestión no sería posible que saliera adelante la pieza si la
calidad de ésta, no está a la altura de aquella.
Todos los
elementos que constituyen el teatro deben ir acordes. El problema fundamental
en esta obra son, sin duda, sus graves errores de construcción. Más parecen
tres obras en un acto que una sola comedia, a pesar del lazo con que trata de
unirlas el autor al final.
La dirección es… mejor pasemos a otra cosa.
Alfredo
Varela es, sin duda, el que más revela sus conocimientos histriónicos;
Domingo Soler, sobrio y decoroso, no podía hacer más. Raúl Meraz más parece un traje
colgado y bien planchado que un actor en plena efervescencia, tal como el papel
lo requería, estático, frío en los momentos dramáticos y colocado en
posiciones absurdas las más de las veces (de lo cual el director es el
responsable).
Kitty de Hoyos fue realmente una
sorpresa y pienso que en manos de un buen director saldrían a la vista otras
perspectivas aparte de las que se han empeñado en mostrar de ella.
Asesinato en la catedral
Teatro Fábregas. Autor, T.
S. Elliot. Director, José Luis Ibáñez. Escenografía y vestuario, Juan
Soriano. Grupo, Poesía en Voz Alta.
Elliot, en esta obra, maneja conceptos
esencialmente filosóficos. El conflicto entre dos Bienes que constituye ni más ni menos el sentido trágico del
hombre. Tomás Becket, arzobispo, no puede admitir el subordinar la Iglesia al
Estado; y para salvar su fe se deja arrastrar al
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martirio. El mantenerse en concordancia con sus principios
sabe que le costará la vida y lo acepta.
La claridad con que está
planteada esta tragedia moderna se debe sobre todo al lenguaje: puro, sin
enigmas, vigoroso y poético. José Luis Ibáñez se descubre ante nosotros como
un director de altos vuelos; el problema de los coros y el tono de la obra
los resuelve con verdadero acierto. Raúl Dantés destaca de nuevo por sus enormes calidades de actor.
Asesinato en la catedral es una nueva presea para él, al lado de Lázaro y Esperando a Godot. La sencillez de la escenografía y el vestuario
es una verdadera ayuda, para la compenetración que se requiere del
espectador.
Felicitamos a todos los
integrantes de Poesía en Voz Alta por esta magnífica realización.
Detrás de
la puerta
Teatro, Rotonda; Autor,
Federico S, Inclán; Director, Virgilio Mariel. Escenografía, David Antón.
Reparto: Aurora Alvarado, Pin Crespo, Guillermo Zetina, Francisco Jambrina, José
Antonio Marrós, Juan José Martínez Casado, Claudio Brook, Rubén Calderón y Mario García González.
Esta obra de Inclán,
designada en el programa como un reportaje escenificado, es una voz que se
eleva en favor del derecho de asilo. Para Inclán éste debe anteponerse a
cualquier conflicto sentimental o ideológico. Y en este reportaje sus personajes están dispuestos a sacrificarse por ese
principio.
El diálogo de Inclán es
ágil y bien delineado. Logra algunos personajes positivamente reales y
acertados, como el de los dos embajadores (mexicano y norteamericano) el de
Otero, el general Salido y, sobre todo, el reportero norteamericano que en
sus dos cortas escenas casi se roba la obra.
Inclán seguramente tenía el
propósito de crear en Eloísa una mujer de temple ilimitado, pero no lo logró, en vez de eso resultó, sobre todo en
el primer acto, una mujer irresponsable y hasta podríamos decir histérica en
lugar de dramática. El primer acto es un tanto débil; en el segundo pisa con
mayor seguridad.
La dirección es cuidadosa. Virgilio Mariel sabe manejar los personajes y extraer de ellos su contenido
interior,
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Pin Crespo en esta ocasión se encontró con uno de
esos papeles que por lo incongruente resultan más difíciles; hacer de Eloísa
una mujer positiva debió ser para ella un verdadero problema. Jambrina, muy bien, podría decirse que “nació para
embajador”. Claudio Brook hace una verdadera
creación de Henry Macswain, el reportero
norteamericano que da solución a la obra aplicando el refrán de que “para que
la cuña apriete ha de ser del mismo palo.” Muy bien también Mario García
González en el general Salido. Los demás salen adelante con gran discreción.
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