FICHA TÉCNICA



Título obra Calígula probablemente

Notas de Título Adaptación a Calígula, de Albert Camus

Notas de escenografía José Jorge Canem / fotógrafo del programa de mano

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón




Cómo citar Rabell, Malkah. "Una producción misteriosa: Calígula". El Día, 1995. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Una producción misteriosa: Calígula

Malkah Rabell

!Ay! que daría yo por tener el sentido del humor necesario para describir esa puesta en escena, o simplemente esa representación de Calígula probablemente (el probablemente ha sido agregado, probablemente, para hacer reír) que se ofrece en el Teatro Wilberto Cantón, por una compañía desconocida, o por lo menos anónima, que no cuenta con un Programa de mano, pero en cambio presenta unos folletos con fotografías supuestamente cómicas, con algunas escenas del espectáculo que más o menos tratan de ofrecer un resumen de la supuesta pieza, o de la supuesta película de televisión. En cambio nada de nombres de actores, de directores, de escenógrafos o de autores. Nada de la obra si así es posible de llamarla, aunque en lo poco que de teatro tiene, es indudablemente basada en el texto de Camus.

Nada de un argumento, de un tema, o de una filosofía, como a Camus han torturado toda la vida. Sólo el nombre de un responsable: el SOGEM, y el nombre de un fotógrafo: José Jorge Canem.

Y sin embargo, ay, mamá, cómo se reía la gente. Y yo misma que en un principio hacía fuchi, y en realidad me sacaban de mis casillas. Pues, hasta lágrimas se me saltaban de tanta risa.

Pues, todo empezó con una mentira, o tal vez con un chiste que parecía una rebelión. Salieron al proscenio la directora, cuyo nombre ignoro, y ni siquiera sé con certeza cuál es su sexo. ¿Hombre o mujer? La acompañaba (en realidad no se sabía quién acompañaba a quién) la asistenta de la dirección y declaró con lágrimas en los ojos que en el teatro sucedió una desgracia: todo el reparto se declaró en huelga y abandonó el lugar. Y toda ella fue sacudida de llanto por unas lágrimas y una desesperación, que no me quedaba otro camino sino creer en su sinceridad... Personalmente me asusté. Estaba dispuesta a buscar culpables en Chiapas.

Pero la sangre no llegaba al río. Simplemente los intérpretes estaban cansados de dejarse pisotear por una directora excesivamente ambiciosa y prepotente. Pero ella, al salir en frente del público anunció, que con actores o sin actores, con obra o sin obra, con música o sin ella, la representación continuará.

A decir verdad, nunca entendí lo que deseaban el inexistente autor ni la presente directora. Pero a todo lo largo de la representación, entre tanta bla-bla-bla no se podía negar que todos esos absurdos, todas esas tonterías con su crítica contra el mundo entero, de la cual nadie escapaba, todo ello tenía su gracia, y nos divertía, hasta a mí, quien en un principio, estaba aburrida y molesta con todo este juego que no llevaba a nada. Y aún me lo pregunto ¡Por más divertido que parezca tanta charlatanería, por más que nos enseñe los entretelones de un mal teatro, y de un mundo decadente, por más que se pase toda la noche criticando todo en su derredor! ¿es posible considerarlo teatro? Es posible fincar sobre tonterías sin profundidad ni sentido dramático, ni consistencia ni seriedad un arte escénico ¿Qué nos queda después de una noche en semejante lugar? No lo creo ni arte y menos teatro. La pura charlatanería por más cómica y divertida que parezca, después de los primeros aplausos, empieza a cansar y después de una hora de cansancio termina por aburrir.

En ese teatro. alborotado por un público que ocupaba hasta los últimos rincones y que desde la tarde formaba ya filas que ocupaban varias calles, al grado que ni siquiera a la prensa le quedaron lugares, a ese público heterogéneo parecían formarlo personas de diversos caracteres y de distintas educaciones, y había entre ellos muchas personas cuyo descontento se notaba a la legua. Y surgía la pregunta: ¿quién logró atraer tanto auditorio, a tantos curiosos? ¿En qué se basaba su rumores? o en que propaganda falsa se basaba su llegada a ese teatro de la SOGEM que por lo general resulta ocupado por autores y compañías del ambiente familiar al teatro. Resultaba un público que parecía conocía muy bien tanto el teatro como a sus ocupantes. y se movía entre las paredes del edificio como pez en el agua. ¿Quiénes eran? ¿Qué los atrajo? ¿El nombre de Camus? ¿Calígula, o el nombre de la conocida obra del dramaturgo y novelista francés, prematuramente desaparecido? ¿O qué otro misterio? Tal vez fueron atraídos por ese secreto con que atrae a la gente que busca nuevos rumbos... aunque fueron malos, novedades que destrozan todos los viejos rumbos. Y no podemos negar que este Calígula de Camus, o por lo menos basado en el texto de Camus, destrozaba todo lo conocido en el plano del arte teatral.

Entre ese numeroso público, pese a tanta gente heterogénea y desconocida, destacaba la alta figura de Sabina Berman, y muchos cuchicheaban que la autora de Entre Pancho Villa y una mujer desnuda también lo era de ese Calígula. Lo que podría muy bien ser, ya que hay cierta semejanza entre ambas representaciones, que parecen perseguir los mismos fines: destrozar toda seriedad y recurrir a las mayores sandeces, a los más grandes extrambotismos.

Creo, que semejantes obras si bien tienen sus partidarios no pueden dejas de contar con sus numerosos enemigos. Tengo curiosidad de presenciar cuál será el final de ese Calígula que ya destrozó a CAMUS.