El Día
Columna Se alza el telón
Cinco autores nacionales en 1994
–Segunda parte–
Malkah Rabell
Después de echar un leve vistazo sobre las dos mujeres que resultaron las mejores dramaturgas del año pasado, ahora vamos a hablar un poco de los hombres, vamos a ver lo que pasa con los autores masculinos, Tengo apuntado en primer lugar a ese médico de múltiples ocupaciones, llamado doctor Tomás Urtusástegui, quien si bien tiene un nombre de difícil pronunciación, en cambio tiene un texto de brillante sencillez y de limpia comprensión. Un hombre, que al cabo de algunos años de profesionalismo, nos presenta algo más de 100 obras para el escenario. En una oportunidad le pregunté: "¿cómo explica usted que empezó tan tarde a escribir, y en muy poco tiempo tenía ya más de 100 obras, de comedias y de dramas?
Y me dio una larga respuesta, a la que no faltaban chispas de sentido cómico.
–En parte se explica por la misma edad. El que empieza joven piensa que tiene toda una vida por delante. En cambio, yo sabía que gran parte de mi vida ya se ha ido y tenía que darme prisa. Además busqué formas y recursos para ganar el tiempo perdido. Por la edad y por esa facilidad que tengo de escribir. siempre tengo temas que emplear. Y lo hago más para mí que para los otros. Y por último, escribo porque eso me hace feliz. El mayor goce es la escritura. Y tal vez, también escribo porque desde el principio tuve una respuesta favorable, tanto del público como de la prensa. Recibí muchos estímulos tanto del público como de los profesionales.
Y Urtusástegui prosiguió:
–En realidad, lo que más me ha gustado en mi juventud, fue la música. Pero con mis experiencias musicales me fue muy mal. Yo toco la guitarra, y quise cantar. Pero resulta que no tuve voz para ello.
Pero donde mayores dificultades encontré es indudablemente en la pintura. Entonces me puse a estudiar literatura, y empecé a escribir cuentos. Pero, ninguno se publicó. Entonces revisé mis cuentos, y me di cuenta que eran muy dialogados, elemento muy teatral. Entonces decidí quedarme con el teatro. Me inscribí en el Foro Eon, y yo era el único alumno que cumplía... Ya para entonces era yo médico, y la medicina me gustaba mucho. Pero, yo pensaba que todo hombre debe de tener dos actividades, y con uno enriquece al otro... Aunque yo siento que esas actividades deben ser de gran calidad. Porque como no hay suficientes teatros, ni escuelas, ni maestros, ni bibliotecas, tanto en la capital como en la provincia, por lo mismo es necesario que cada uno tenga una infraestructura suficientemente rica para crear por si mismo todas las que faltan.
Y el doctor Urtusástegui continuó sus explicaciones:
–En nuestra provincia hay una enorme cantidad de teatros. Hay grupos de teatreros en todas partes en las universidades, en los colegios, hasta en los campos y en los pueblitos. Nuestra juventud tiene un gran amor por la actividad escénica, y nuestra juventud tiene mucho talento. El día que se encaminen y se encaucen, formaran un gran caudal, y no sólo de actores, sino de dramaturgos, de autores. Jamás hubo tantos autores, tantos dramaturgos como los hay actualmente. La escuela de la SOGEM está preparando a autores que hablan y describen sus lugares regionales. Es interesante leer en la prensa extranjera que México está catalogado entre los cinco países más importantes teatralmente, donde mayor cantidad de autores hay, donde mayor cantidad de teatro se hace. Y cuando las posibilidades económicas y culturales lo permiten, entonces México será un gran creador de teatro universal. Ya que tiene el material humano para ello.
Y usted que viaja mucho por el país, ¿dónde le parece que mejor teatro se hace en México?
–Por el momento el mejor continúa realizándose en la capital.
Y como segundo lugar le sigue Guadalajara y Monterrey... A veces Jalapa.
¿Y cuáles son las nuevas obras suyas que van agregándose al primer centenar?
–Acabo de escribir un Manual de dramaturgia y también varios guiones para la pantalla y la televisión. Pero las novelas no entran en mi predilección...
De las obras que se han presentado en los escenarios capitalinos del doctor Urtusástegui, de las que recuerdo, me parece que la que mejor he guardado en la memoria, Vida... estamos en paz, que también se debe a ese milagro que el doctor Urtusástegui llama "su edad". Es precisamente gracias a su "edad" que comprende con tanta perfección y también ternura, a los seres de la "tercera generación", gente que se va acercando cada vez más de prisa a la vejez, a la ancianidad. A los que Amelia, uno de los personajes de sus obras, se niega a llamar "viejos" y prefiere designarlos como "adultos".
Otro de los rasgos de la construcción dramática del doctor Urtusástegui es su manera tan perfecta de lograr con el simple diálogo entre varios protagonistas, un interés que mantiene a los asistentes de la sala en un respetuoso silencio. Otra obra que me atrajo mucho, fue La duda.
Me quedan aún en mi grupo de autores, que en el pasado año 1994 se han mayormente distinguido, dos brillantes personalidades: Jesús González Dávila y Víctor Hugo Rascón Banda. Pero, tanto uno como el otro, son archiconocidos por el público y por la prensa. El primero desde muchos años, y el segundo, quien llegó casi en los últimos tiempos al escenario, siendo de profesión abogado. Y esas dos figuras masculinas han llegado a hacerse cada día más famosos en el teatro. Por lo mismo se hace superfluo repetir lo que ya todo el mundo en el país sabe de sobra. Aunque en otra oportunidad volveré a hablar de esos dos dramaturgos mexicanos, buscando nuevos ángulos para enfocarlos.