El Heraldo de México
| 27 de agosto de 1967
Columna Escenarios
Sobre las subvenciones teatrales
La del Xola
Armando de Maria y Campos
No parece congruente hablar en este mismo periódico sobre si los gobiernos deben prestar ayuda oficial a las diversiones públicas o si éstas deben permanecer alejadas de toda intervención estatal.
Existen muchas formas de que el Estado proteja los espectáculos públicos o bien que estos sean protegidos por las autoridades. Yo me inclino por que el Estado extienda su mano protectora a los espectáculos en general.
Hay diversas formas de hacerlo. Es bien conocida la premura de que la diversión que se ofrece al público merezca una protección. A la capacidad de las autoridades corresponde, como es natural, hallar la fórmula propicia.
Todo puede hacerse quedando a la comprensión de las autoridades y a lo propicio de la ocasión. Las del Distrito Federal han encontrado la forma de hacerlo y de ello debemos congratularnos todos los que en esta materia intervenimos directa o indirectamente.
El actual jefe del Departamento del D.F. encontró una fórmula conciliadora. No distrae los dineros confiados a su mandato y, sin embargo, los emplea con singular talento.
Deja de cobrar por un lado y por otro protege a actores y otros elementos que intervienen en las tareas que se realizan en los escenarios.
Apoya, como ya se ha publicado, a elementos que necesitan de su mano protectora con el espontáneo gesto de ayudarlos.
A una actriz, a un director, a un escenógrafo, a un actor de sólidas garantías, les tiende su mano y su autoridad, y les confía la responsabilidad económica de manejarse por sí mismos.
La actriz es Dolores del Río, que tiene méritos para ello; el actor, Ignacio López Tarso, y Lew Riley como asociado a Lola del Río. Javier Rojas, por capacidad reconocida, como director responsable.
Así, todo queda resuelto dentro de una equidad armónica y el regente confía lo que a su cuidado pone el público, ofreciéndole, a cambio, espectáculos dignos de sus merecimientos.