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The heiress de Henry James, por un grupo de actores norteamericanos, representada en inglés

Armando de Maria y Campos

Coincidiendo en fechas, dos grupos de teatro han ofrecido al público aficionado dos muy interesantes experiencias, o experimentos teatrales. Uno, en inglés, por el grupo que dirige Edward Fitzgerald, el otro es español -diría en "mexicano", si no temiera caer en error de claridad, porque se trata de una obra hablada no en castellano estricto, sino como se habla en los rincones de Oaxaca-, por el interesantísimo grupo que dirige un joven profesor y director, Marco Arturo Montero. De ambos experimentos he de ocuparme, respetando cierto orden cronológico, para darle unidad de tiempo a estos comentarios que son menos frecuentes de lo que yo quisiera cuando abunda la actualidad teatral y que, por lo mismo, no aspiran a asir la teatral actualidad en simple comentario. Diré como el poeta mocarita: Escribo de la hora, mas no para la hora.
     La representación de La heredera de Henry James, en inglés, no puede considerarse como de teatro experimental. Uno de los puntos esenciales en el desarrollo del teatro moderno es la experimentación. No hay que perderla nunca de vista. El teatro, originariamente, fue un rito, en el que tomaban parte no sólo el clero, sino la comunidad, la sociedad de la época, y por eso es tan importante en la historia del teatro estudiar la relación entre los gremios y sociedades y la historia del drama. El drama, cuando era verdaderamente nacional, se desarrollaba como rito en los pueblos; pero en los tiempos modernos, además de perder la idea del rito en el teatro, hemos perdido la idea de experimentación. Debido a esto se ha producido ese aburrimiento, podremos decir, que invade al teatro y que ha permitido al cine dominarlo como arte nuevo. En la nueva época que ahora se ha iniciado en el mundo hay que despertar el interés por la experimentación, hay que dar a la juventud la posibilidad de aventurarse, de salir, lanza en ristre, y de afrontar, si se quiere, hasta el ridículo, en busca de originalidad.
     ¿Puede tomarse como un experimento teatral la representación de The heiress, por los comediantes que acaba de dirigir Fitzgerald? Creo que, estrictamente, no. Recordemos, a este propósito, que en el teatro contemporáneo inglés fue el teatro pequeño el que despertó ideas nuevas y prestó su influencia al gran teatro, particularmente el Abbey Theatre que durante quince años dirigió Walter F. Starkie, y que tanta influencia ha tenido en el mundo anglosajón. Desde el principio, cuando su fundación por el poeta W. Yeats, fue un teatro de experimentación. Yeats quiso crear, desde el primer momento, un teatro en verso, y sus dramas fueron poco comprendidos por el público, pero despertaron a los poetas. Después de años de lucha, cuando Irlanda conquistó su independencia en el año de 1922, el gobierno irlandés subvencionó al Abbey Theatre, y Yeats y sus colegas intentaron desarrollar más intensamente la experimentación en el teatro.

Y así él presentó piezas dramáticas experimentales, como Cuatro comedias para bailarines. Yeats, en sus cuatro obritas cortas, reflejó el estilo de los dramas clásicos antiguos No del Japón, con su rito tradicional. Eran dramas cortos y se daban en un salón de palacio ante un público vestido de frac. Los actores entraban por entre el público llevando caretas y vestidos con unas a manera de túnicas sacerdotales. Todo el drama se basaba en una especie de danza rítmica, acompañada de instrumentos exóticos, como el gong. Para empezar la obra sacaban una cortina negra enrollada, y cantando y bailando la desplegaban, mostrando ante el auditorio, estampado en ella, en signos de oro, el símbolo del drama. Esto equivalía a levantar el telón, y lo hacían describiendo a la par el argumento.
     Empezaba entonces la acción, expuesta en verso, y los actores se movían rítmicamente hasta llegar al punto álgido dramático en que, siguiendo la tradición japonesa, se quedan estáticos en el clímax de su desesperación. Todo el interés estaba en la intensidad rítmica con que se movían las figuras. Al final del drama, todos los personajes que habían actuado de coro explicando el argumento, enrollaban de nuevo la cortina y todo teminaba tranquilamente, al estilo del drama griego. Esto es lo que debe entenderse como teatro experimental, y no representar La prostituta respetuosa en un local que cabe en el hueco de la mano. Esta experimentación fue útil al teatro inglés; la encontramos de una manera insuperable en la obra de T.S. Eliot, Asesinato en la catedral, en la cual los asesinos se detienen en el momento de asestar el golpe mortal al obispo.
     ¿Por qué estas cuatro comedias para bailarines no han sido todavía representadas en México? Sobre todo Hawskwell y Los últimos celos de Emer. Doy estos ejemplos para mostrar la suma importancia de la experimentación en el teatro, porque todo en el mundo de hoy lucha contra el hombre que experimenta. Está, ante todo, el teatro comercial que va contra el experimental, porque sólo se preocupa de llenar el local. Hay que tener para este fin un teatro pequeño con un auditorio selecto, que no produzca muchos gastos, y en el que se puedan dar obras atrevidas, de verdadera y auténtica experimentación.
     La representación de La heredera, en inglés, en el auditorio de Atoyac y Ródano, fue excelente. Tan escrupulosamente fue aprovechado, y habitando con tanta propiedad el escenario, que parecía otro, y desde luego, de un teatro verdadero. La representación fue, también, excelente. Patricia Reid (Catherine), es nativa de California, actriz del teatro Pasadena de allí mismo. Ha representado Pilgrimage Play, en Hollywood, y en otras ocasiones, en California, The royal family (rol de Julie), Seventh heaven (rol de Naná) y Wutering Heights (rol de Cathy). Con la Catherine de La

heredera hizo su debut en México, y compuso con dignidad y emoción el difícil papel que llevó a la pantalla Betty Davis. Acompañaron a Patricia Reid en los principales papeles: Marylin Gormar (como Marian), a quien recordamos, en otras representaciones en inglés en esta ciudad, como la Laura de The glass menagerie, la Sally de The voice of turtle, la Doris de La Gioconda smile y la Bárbara de Dark of the moon. Estuvo muy bien de voz y gesto Aenid McCrae, como Lavinia Penniman. Esta actriz ha trabajado en Inglaterra, y entre nosotros apareció en Cándida, como Prossy, en The late Edwina Black como Ellen, en Trespass, como Mrs. Amos, y en La Gioconda smile como Nurse Braddock; completó muy equilibradamente el grupo femenino, con Jean Ward, que ha aparecido en algunos teatros locales de los Estados Unidos, y con Lysia Brossard (como Elizabeth), a quien hemos visto en la Hilda de Venus observed.
     Henry Sodeberg (Dr. Sloper), actualmente agregado, o secretario, de radio en la Embajada de los Estados Unidos, tiene larga práctica teatral como actor y director en Nueva Orleáns, Atlanta, Long Beach, Connecticut y en el estado de Nueva York. Su última actuación fue en Broadway, en el teatro Guild, en la producción Fifth Column, en 1940. Sobrio actor de reacciones escénicas certeras fue el eje de la interpretación masculina, con John Manson (como Morris), de larga práctica teatral también desde sus años de actor en la Universidad de Illinois, hasta sus actuaciones para los soldados combatientes de los Estados Unidos, durante la última guerra. Quienes saben más de él que este cronista, recuerdan sus actuaciones en The eve of St. Marck y en Hamlet -no sé en qué rol-, y como director de obras de Maurice Evans. Ahora estuvo muy metido en su personaje, seguro de su arte y de sí mismo.
     The heiress fue un magnífico fin de mes de octubre en el auditorio de la Comisión Federal de Electricidad.