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The lady's not for burning de Christopher Fry, en la sala Molière, por actores ingleses

Armando de Maria y Campos

    Christopher Fry es la revelación teatral inglesa más reciente, interesante y hasta desconcertante. Teatro de Fry se representa simultáneamente en Londres y Nueva York, en México y Buenos Aires, y es seguro que en otras importantes capitales europeas.
     The Unicorn Players, de México, ha representado en inglés en la sala Molière, del 11 al 15 de diciembre, la más reciente comedia poética de Fry: The lady's not for burning.
     Se afirma en Inglaterra que, "al menos en un determinado sentido, Fry responde a la demanda en pro de un nuevo poeta dramático". Desde Ibsen, y pasando por todos sus imitadores, incluyendo a O'Neill y a Pirandello, predominaba en el teatro contemporáneo un tono preocupado, serio, frontero del pesimismo. Fry llega a la escena animado de un vigoroso y alegre espíritu para crear un teatro a la vez popular y sutil. Se le ha definido como "un poeta que no pretende probar tesis, ni criticar sistema y cuyo único y simple propósito es el de hacer teatro."
     ¿Quién es este autor que, casi de repente, pasó de la oscuridad a la fama? Con motivo del éxito de The boy with a cart, una de sus primeras obras, puesta en escena en el Lyric Theatre, en Londres (1937) se empezó a saber algo de este maestro de escuela por obligación y poeta por vocación. Luego de 20 años, largos de trabajar como actor, director y compositor y, cuando no quedaba otro recurso, de maestro, durante los que aprendió todas las fascinantes posibilidades que caben en los pocos metros de un escenario empieza a gustar las mieles del triunfo verdadero: ver tres de sus obras simultáneamente en las carteleras de Londres y luego dos en Nueva York.
     Al lector mexicano, condenado a no saber sino aquello que pasa en nuestros anémicos escenarios frívolos cuando no hay temporada de teatro experimental qué comentar, le gustará saber -con datos de primera mano- quién es el nuevo gran autor teatral Christopher Fry. Nació en Bristol, hace 44 años, de padres modestos, y empezó a escribir teatro y poesía desde la infancia. Sus diversas actividades, que incluyen las de animador de cabaret, nunca le alejaron de la pobreza, pero le dejaron tiempo de cambiar su nombre de Harris por el más eufórico de Fry, y para escribir numerosas piezas en verso, algunas por encargo, otras por simple inspiración. En

 

vísperas de la última guerra The boy with a cart (El niño del carro), que atrajo sobre su persona la atención del público, y le abrió el camino de la fama, le llevó a dirigir el prestigioso Oxford Playhouse. La guerra detuvo la carrera ascendente de Fry. Durante el conflicto belicoso, Fry removió escombros en las calles de Londres, pues como cuáquero practicante se negó a portar armas. Cuando la derrota de Alemania le permitió trocar la pala por la pluma, brindó su primer éxito: The firstborn (El primogénito) y al calor de éste fueron saltando, como los conejos de una chistera de prestidigitador, los éxitos crecientes, sus comedias de títulos intraducibles: A Phoenix too frequent, Thor, with angels, The lady's not for burning y, finalmente, Venus observed. Fry ha traducido y adaptado al inglés la pieza de Anouilh L'invitation au Chateau, con el título Ring round the moon (Anillo alrededor de la luna).
     La comedia romántica -así define Fry su Lady's not for burning; los actores ingleses que la acaban de representar en la sala Molière la definen como "poética"-, trata, en una especie de sátira en verso libre, de la manía persecutoria de brujas de comienzos del siglo XV. El argumento es sencillo. Un soldado misántropo, Thomas Mendip, llega a la ciudad de Cool Clary, donde están a punto de ajusticiar a una joven acusada de brujería. Thomas se acusa de crímenes no cometidos, y pide le ahorquen, dejando, en cambio, libre a la hermosa doncella. Nadie le presta atención: "no ha llenado los formularios del caso", le dice el alcalde, mientras en forma equívoca acusa a la presunta bruja, a la vez que lo ruegos de Thomas se hacen más y más desesperados al sentir que el amor por la víctima inocente y por la vida misma le invaden, poco a poco. La inesperada aparición del supuesto embrujado, sano, salvo y borracho, provee de un final feliz a la pieza. El argumento de La dama no está para arder es sencillo. El secreto de Fry está en su pirotecnia poética, en la lluvia multicolor de literatura que se derrama en todas sus piezas. Pirotecnia de metáforas, Thomas Mendip, en su primer parlamento, admirado ante sus propias metáforas, dice: "¡Qué bella cosa es la metáfora!" En estas palabras de Fry está todo su programa como autor poeta, y tal vez el secreto de sus éxitos

sorprendentes. Fry ha dicho: "Trato de decir que la vida es, de todos los milagros, el más real y milagroso". Un virtuosismo pirotécnico constituye la virtud más original del teatro de Fry. En La dama no es para quemar -ya he dicho que los títulos de Fry no son fáciles de traducir- los diálogos se desarrollan con ingenio y agilidad extraordinaria. Salpicados de imágenes poéticas que son verdaderos hallazgos, nos ponen en presencia de la naturaleza, de lo bello, olvidando el curso de la acción bajo su ininterrumpida y multicolor lluvia de fuegos artificiales.
     Gracias a The Unicorn Players, hemos podido conocer, todavía calientito, su gran éxito teatral simultáneo en Londres y Nueva York: The lady's not for burning. Pocas obras han llegado con mayor rapidez a nuestros escenarios: Londres, Globe Theatre, 11 de mayo de 1949; Nueva York, 8 de noviembre de 1950, producida por el Theatre Guild, y México, 11 de diciembre de 1951, producida y dirigida por René Anselmo.
     El grupo de actores que interpretó La dama no está para arder, estuvo integrado por Wesley Wood, Peter Stern, Myriam Bannister, Gerald Molina, Althea Wolton, John Greppe, Colin McCallum, Jane Greppe, Francis Vargas, Rodney Collins Smith y Edward Wygard. Todos se movieron con seguridad y dijeron sus partes con emoción, claridad e intención. La postura escénica, coordinada por Geoffrey Holme, muy correcta y sobria.
     Finalmente, sé que el gran poeta León Felipe está traduciendo al castellano esta bella comedia poética de Fry, lo que es una fortuna, porque no hay mejor traductor de Christopher Harris que León Felipe Camino.