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Estreno mundial de Santa Eugenia de Hans Rothe, por el grupo Teatro Odiseo de Puebla

Armando de Maria y Campos

    El Teatro Estudio Odiseo, de la ciudad de Puebla, ha iniciado sus actividades públicas, e inaugurado su local propio -17 de septiembre, calle 2 Norte No. 409-, representando en "premier" mundial la pieza en cinco actos Santa Eugenia, del autor alemán contemporáneo Hans Rothe, según la versión de Dámaso Alonso. Tan singular acontecimiento teatral me llevó a Puebla lleno de fe en los discípulos de Ignacio Ibarra, el director y animador del Teatro Estudio Odiseo y de interés por la obra de Rothe, que por estos días también será conocida en alemán, en Munich, bajo la dirección de su autor, y en Buenos Aires en El Teatro del Pueblo, que dirige Leónidas Barleta, bajo la dirección del mismo.
     El grupo Teatro Estudio Odiseo, integrado por estudiantes y empleados de Puebla, logró una muy estimable interpretación de esta bella y desconcertante pieza. Ibarra se encargó del protagonista y compuso el personaje de Félix Grandet con mucho celo y cariño; el principal papel femenino, Eugenia, fue confiado a la señorita Camille Eisenring, poblana de origen suizo, preciosa muchacha de 18 años, rubia como una espiga bajo el sol, de fino temperamento, que dijo y actuó su papel con sorprendente seguridad y elocuente expresión. El reparto de Santa Eugenia es largo, y da oportunidad a todos para que luzcan sus facultades; todos se mostraron empeñosos. Quede aquí consignado un elogio como prueba de confianza y estímulo en su carrera, que para muchos será larga, si perseveran.
     El teatro inaugurado es pequeño, cómodo, y cumple como recinto destinado a actividades experimentales. Cuenta con setenta butacas y no carece de los requisitos esenciales para el objeto a que se le destina. Puebla le debe gratitud a Ibarra, tan entusiasta como responsable.
     La figura del autor de Santa Eugenia es en verdad interesante. Nació en Meissen, Alemania, en 1849, estudiando, a su tiempo, en las universidades de Leipzig (de cuyo teatro fue director más tarde); Edinburgh, Berlín y Munich. Entre 1925 y 1930 trabajó al lado de Max Reinhardt, en el Deutsches Theater de Berlín, y en 1932 a 1933, trabajó en la rama dramática en la Ufa Films berlinesa. En 1934 abandonó Alemania y vivió en Italia, Inglaterra, Francia y España. En 1947 fue llamado a la Universidad de North Carolina, USA, y desde 1949 es profesor de Teatro en la Universidad de Miami, Florida. Actualmente se encuentra en Alemania, en Munich, dirigiendo la postura de Santa Eugenia, ya publicada, con otras dos de sus piezas, las tituladas Llega de noche y Juana de Castilla en un tomo que lleva el raro y atractivo título de Sangre, nieve y ébano.
     Hans Rothe está considerado como el mejor autor alemán contemporáneo. Casi es el único. En efecto. "Lo que nosotros llamamos 'teatro alemán' -dice el propio Rothe-, ya no existe. La

destrucción de la cual Alemania no podía escapar desde el año 33, se extendió también a las artes. De centenares de edificios magníficos dedicados al arte dramático, ninguno ha quedado en pie. Con ellos han desaparecido los actores, los directores, los escenógrafos, que, en su tiempo conocieron el teatro más libre e independiente del mundo".
     (Es verdad. Pasan por nuestra memoria los nombres de Georg Kaiser, Ernest Toller, Ferdinand Bruckner y Bertolt Brecht, para citar solamente a cuatro de los más destacados, cegado su genio en flor, excepción hecha de Kaiser que ya había madurado, cuando el desarrollo orgánico de la cultura europea fue interrumpido). Pienso, con Rothe, que "como todo en Alemania, el teatro tendrá que resurgir, sin base de tradición, de entre escombros". Hans Rothe es una excepción. Es también, puente entre un ayer espléndido y un mañana magnífico. Abajo del puente corren las aguas negras del nazismo.
     Santa Eugenia, drama tenebroso y casto, tinieblas de avaricia, nieve, pura y blanca, de desinterés fue escrito durante el verano del 41, en Deva. Hans Rothe escenifica a uno de los personajes balzacianos más famosos en el mundo: Eugenia Grandet. Pero no fue la intención del autor, lo ha declarado el propio Rothe, escenificar una de las más bellas novelas de Balzac, entendiendo por escenificación trasladar los elementos novelescos a la escena. Para huir de esto, trasplantó la acción a otra época, la nuestra y no siguió fielmente la trama de la novela. Cada gran tema se puede tratar de muchas maneras de arte, y cada vez surge una obra nueva. La "Eugenia" de Rothe es distinta a la hija del señor Félix Grandet de Balzac. Se parecen ambas obras en que si Balzac vio el argumento de esta novela en "actos" y no en "capítulos", Rothe ha hecho de cada capítulo un acto, no importa que algunos -como los del desayuno, de la estación o del teléfono- tengan la duración luminosa de un relámpago. Muchos, muchos cuadros están hábilmente repartidos en cinco actos de duración normal a tres comunes y corrientes. "Las grandes épocas del teatro -opina y practica Rothe- no han conocido entreactos. Los principios del teatro realista necesitan entreactos que duran muchas veces más tiempo que los actos mismos... y, si el cine ha inventado el 'ralenti', el teatro moderno debería servirse de algo que fuese todo lo contrario, es decir, representar los acontecimientos, uno tras otro, o uno al lado del otro, ya que pertenecen a la misma secuencia, ocurriendo en realidad en lugares distintos". Con ese procedimiento ha construido Hans Rothe su obra Santa Eugenia, que el público selecto de Puebla tendrá el privilegio de ver hoy, mañana y pasado, hasta el 1 de octubre próximo.