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El Circo Atayde se fue. La tradición circense mexicana. Continúa nuestro espectaculo favorito: ¡circo, maroma y teatro!

Armando de Maria y Campos

    Después de tres meses de actuaciones diarias el Circo Atayde levanta sus carpas y se va... Sus lonas gigantescas, con su misteriosa red, de cuerdas y de alambres, y sus guirnaldas de focos eléctricos, llevará la alegría a otros sitios, y reirán los chicos con las travesuras de los clásicos y pueriles cómicos mexicanos, y se asombrarán los grandes con el valor de Hugo Zachini, el hombre obús, y la habilidad en el alambre y en la cuerda voladora del Knight Trío, con los barristas mexicanos hermanos Ibarra, con la fina acrobacia vernácula de las hermanas Caudillo, también mexicanas, con los maravillosos equilibrios de cabeza de Olwer, equilibrista al trapecio libre, y no menos, mexicano que los citados antes, pus es descendiente del mexicano Julio Olvera y hermano de Rubén y Julio, y cuyo verdadero nombre es Everardo Olvera...
  México se enorgullece de una rancia, madurísima de tradición circense. La tengo estudiada en mi libro Los payasos, poetas del pueblo. El circo en México, pero me quedó tema para otra media docena de libros que me propongo escribir. Uno de los capítulos del primero de ellos es el dedicado a una "rumbosa función de volatina, equitación, gimnasia de verso y canto" que a beneficio del cirquero Manuel Díaz se celebró en el teatrucho con mucho de circo instalado en el Puente de la Misericordia núm. 10, la tarde del domingo 10 de octubre de 1859, representándose después del programa de circo una comedia titulada El soldado generoso en los campos de batalla, como era habitual, pues aquellas funciones mexicanas eran de circo, maroma y teatro.

  Si al patio queréis ir
  pagaréis un medio real...
  Venid, público, venid,
  ¡que en los palcos es a real!

   Podemos asistir a la función que hace cerca de cien años ofreció -en particular al bello "secso"- al funámbulo y actor Manuel Díaz. "[Guar]do el día de ventura para un insignificante artista, cual es el beneficio con que mis compañeros me proporcionan un momento de desahogo a la inmensa gratitud que en mi alma ha grabado el respetable público a quien consagro todos mis afanes", el artista formó un programa extraordinario, cuyo desarrollo anticipó con la picardía característica de nuestros auténticos cómicos de hace un siglo, en la relación en verso que publicó en el programa de su función de gracia míresele por donde se lo mire:

  Aunque el hombre fue el primero
  de los seres racionales,
  hoy su cultura y modales
  ceden su puesto al postrero.

  Este obsequio lisonjero
  que en palabras cortesanas
  tributo a las soberanas
  del hombre, no hay que culpar;
  que me propongo obsequiar
  a las lindas mexicanas.

  Era costumbre que el artista beneficiado dedicara su función al "bello secso". Cumpliendo este deber, el beneficiado ya podía prometer, y si le era posible, cumplir. Esto fue lo que al cirquero actor Manuel Díaz ofreció:

  Después de tanta función
  como extraordinaria ha habido
  se ha agotado y consumido
  en los bolsillos con razón,
  esperanza en la ocasión
  ¿qué queda a un beneficiado,
  cuando todo el año ha estado
  [por]tándose a porfía
  para alcanzar que este día,
  no le falte un abonado?

  Tambien sé que un mexicano
  cuando ama a un actor celoso,
  por mostrarse rumboso,
  pide mostrarle la mano;
  mas yo, que en servirte ufano
  doy mi alegría y anhelo,
  a tu franqueza hoy apelo,
  ve benigno mis quejas
  que como tú me protejas
  nada temo, ni recelo.

  Tendré las alegrías
  de su carácter jocoso,
  y agradable y gracioso
  un servidor vuestro, Díaz,
  con sus festivas poesías
  de recrear el gusto trata,
  y todo el que con su plata
  añade para el bolsillo,
  del payaso que, sencillo,
  por agradaros se mata.

 

  El diestro Solís al instante
  hará un torneo vistoso,
  y un equilibrio riesgoso
  que se llama El Navegante.
  Y con audacia arrogante
  todo esto lo hará en el cable
  ante este público amable,
  que ejecutará él solo
  ese gran trono de Apolo
  con mucha vista agradable.

  El jovencito Blanquel
  por esta vez se presenta,
  y el agradar sólo intenta
  en su soberbio corcel;
  pues tratándome yo fiel
  como tal beneficiado,
  ante un público ilustrado
  le solicito el perdón,
  y concedan la razón
  al jovencito agraciado.

  El ágil Antonio Sánchez
  aquí quiere vuestro fallo,
  ved, en su veloz caballo
  cuánto salto giratorio,
  ¡ánimas del purgatorio
  no haya ninguna contienda!
  Enseguida, la merienda;
  y al final, los baloneos,
  y variedad de torneos
  por ayudarme en mi ofrenda.

  El mundo sigue su marcha, pero no arrasa al clásico payaso mexicano, ni modifica en su esencia el espectáculo que prefiere nuestro pueblo ¡circo, maroma y teatro! Hoy, como ayer, continúa privando en nuestro tabladillo popular el payaso, llámese Cantinflas o Medel, Don Chicho o Manolín, Palillo o Borolas, alma del programa compuesto de circo, maroma y teatro que nada puede arrancar de los salones de barriada, no importa que ostente nombres exóticos: Follies Bergere, Río o Tívoli.
 ¡Amplios y hospitalarios patios de las mexicanas casas de vecindad, lugar permanente e inmutable de nuestro espectáculo característico: circo, maroma y teatro!